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Miles de personas veneran junto al mar a la patrona de los marineros

  • Los municipios costeros de la comarca celebran la festividad del Carmen con procesiones por tierra y mar· La devoción por la virgen se extiende en desde Tarifa al núcleo sanroqueño de Torreguadiaro

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Más de mil personas se congregaron ayer en el Puerto de Algeciras para acompañar a la virgen del Carmen en su travesía por el mar. Fuentes policiales señalaron que este año han sido 70 personas más la tripulación, los afortunados de acompañar a la virgen en el barco Aitana, que transportaba la figura, que partió pasadas las 21:00 horas.

La entrada al puerto fue silenciosa y respetuosa, sólo interrumpida por algunos "¡Guapa, guapa!".

Como es habitual, la multitud despidió a la Virgen con aplausos y vítores, con la música de fondo de la banda que interpretaba el himno nacional. En la travesía, cerca de 50 pequeñas embarcaciones navegaron junto a la Virgen, en un espectáculo que emociona a mayores y a niños, espectadores y cofrades. En la llegada al puerto, sobre las 21:50 horas, se concentraron cientos de personas algunas de las cuales hicieron el camino de vuelta hacia la Iglesia del Carmen.

Alrededor de 300 personas siguieron la procesión del Carmen por las calles del centro desde la Iglesia hasta el puerto, y viceversa. La misa en honor a la Virgen congregó a más de 350 personas, y en el interior de Iglesia se respiraba el nerviosismo compartido. En la salida, a las 19:40 horas, se concentraron unas 500 personas, la mayoría reunida en familia como es tradición en esta procesión tan popular. Numerosos videoaficionados, con cámaras y móviles en mano, captaron el momento de la emocionante salida.

Una procesión que en esta festividad goza de una gran popularidad entre los algecireños. En La Línea, a las seis de la tarde sonaron las campanas de la ermita de la barriada de La Atunara, y entre aplausos, vivas y los primeros sones del himno nacional apareció la patrona de los marineros, La virgen del Carmen.

Ante centenares de linenses, la madre del mar se dejó ver como cada año, deslizándose sobre una alfombra de claveles repartidos por todo el recorrido procesional.

Minutos antes de que se abrieran las puertas de la ermita, en su interior, se encontraban las costaleras y costaleros, además del hermano mayor de la hermandad y el resto de representantes. Se notaban los nervios en el ambiente, pues este momento es uno de los más ansiados del año para ellos.

Una vez en la calle, y después de incorporarse la reina y damas de las pasadas fiestas que abrían la comitiva oficial, la Señora marinera, se volvió hacia el mar y con una levantá al cielo hizo reverencia a las aguas que dan de comer cada día a sus pescadores, mientras sonaba la salve marinera. La virgen continuó su recorrido atravesando la calle Canarias, que la llevaba hasta el puerto donde la esperaba el barco que el que realizó la procesión marítima. A la vez que avanzaba y le gritaban guapa, iba dejando el Peñón a sus espaldas creando de esta manera una bella estampa que aumentaba la emoción de los devotos.

Una vez en la embarcación la multitud aplaudía y a la vez que los costaleros la mecían, la imagen se alejaba adentrándose en las aguas del puerto para realizar su tradicional recorrido por el litoral de Levante.

Las procesiones en las barriadas sanroqueñas de Torreguadiaro, Guadarranque y Puente Mayorga, contaron como cada año con un gran número de devotos a esta virgen, pertenecientes tanto del municipio como del resto de la comarca.

En las procesiones marítimas, las tres imágenes fueron acompañadas en el mar por barcos engalanados para la ocasión, que hacían sonar continuamente sus bocinas en señal de júbilo. En el caso de Torreguadiaro, esta celebración supuso la culminación de las fiestas vividas el pasado fin de semana. Las vírgenes salieron en procesión tanto por tierra como por mar casi de manera simultánea en los núcleos. En Torreguadiaro salió en procesión a las 19:00 horas y en Puente Mayorga y Guadarranque a las 19:30 horas.

En Torreguadiaro y Guadarranque, todos los asistentes pudieron degustar sardinas en sendas fiestas. Además las tres barriadas contaron con una banda de música que acompañó a las procesiones con el fin de engrandecerlas, puesto que es un evento que goza de gran arraigo en el municipio.

Las procesiones contaron con la presencia de varios miembros de la Corporación, encabezados por el acalde accidental, José Cabrera; y la delegada de Fiestas, Marina García.

La localidad tarifeña, de extenso pasado y presente marinero vivió unas de las festividades de mayor arraigo entre los tarifeños. Desde por la mañana la jornada se tornó festiva. Sobre todo en los almacenes de los barcos con base en el puerto tarifeño, que se convirtieron en improvisadas terrazas donde el compadreo y la camaradería entre familia marineras fue la tónica habitual de una espléndida mañana de poniente que ayudó en gran medida a disfrutar de la jornada festiva. Este año la fiesta organizada por la Cofradía de Pescadores dispuso junto a la lonja un castillo hinchable que hizo las delicias de los más pequeños. Paralelamente, en la iglesia de San Francisco, sede canónica de la bella talla barroca de la Virgen del Carmen a las 12:30 horas se celebraba la misa en honor de la Patrona, que contó con la presencia del acalde y otras autoridades.

Por la tarde, la fiesta se tornó más solemne con la procesión de la imagen por las calles tarifeñas y el posterior embarque de otra imagen de la Patrona. Este año la imagen fue izada a bordo de un barco no pesquero, ya que la Ley de Pesca, impide enrolar al personal que no cuente con "el folio".

Las sirenas de los barcos saludaron a la Patrona y la arroparon mientras en su marítima procesión bendijo las aguas del Mediterráneo y del Atlántico extendiendo a todos los hombres del mar su manto protector.

En la aldea marinera de Palmones fueron muchos quienes no se quisieron perder la coqueta procesión marítima. Desde el río hasta la playa, las barcas acompañaron a la Virgen en su mecida por las aguas de la Bahía.

En esta información han participado S. Rojas, S. Terán y A. Rodríguez.

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