Tarifa

Gigantes vencidos por Cronos y Eolo

  • Pese a la normativa, los montes de Tarifa son un auténtico cementerio de máquinas obsoletas sin uso · Cigüeña Negra pide que se retiren para evitar contaminación

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Hace más de dos décadas que Tarifa intuyó que el molesto y fuerte viento que azota sus calles podría ser aprovechado para generar energía. En 1979 se ponía en funcionamiento la Planta Eólica Experimental de Tarifa que no llegó a estar completamente operativa hasta 1985. En 1988 el Centro de Investigaciones Energéticas, Medioambientales y Tecnológicas (CIEMAT), organismo del que había pasado a depender, dio por concluido el periodo para el que fue creado el proyecto y cerró esta primera planta.

Fue el inicio de un boom que hoy persiste. La localidad aporta el 21,2% de la producción gaditana de energía eólica gracias a los 460 megavatios de los 1.093,3 instalados en toda la provincia.

Del primer y rudimentario Mazinger de Cazalla hasta las últimas máquinas -las imponentes E-70 de Enercon con una potencia nominal de 2.300 kilovatios- han pasado más de 25 años. La industria ha ido modernizándose hacia máquinas con mayor productividad y campos eólicos menos poblados. Sin embargo, el término municipal mantiene un gran déficit con el entorno natural lastrado por el avance tecnológico y la mala interpretación que de la sostenibilidad hacen algunas empresas con intereses en el desarrollo eólico. El accidente del pasado viernes -a falta de las conclusiones de las investigaciones abiertas- puede convertirse en un exponente más del abandono de parques y máquinas que un día fueron prototipos de última generación y hoy son gigantes de chatarra a los que los dioses Cronos y Eolo han vencido.

A pesar de que existe normativa, la ambigüedad administrativa y legal hace que en los perfiles de los montes y colinas tarifeños se recorten gigantes de hierro oxidado y carentes de cualquier actividad. Uno de sus máximos exponentes es el antiguo parque municipal La Levantera (1992) para el que se concedió autorización en 2010 para ser repotenciado. Allí solo existe chatarra. Lo que un día fue un moderno parque no es hoy sino un cerro donde se elevan torretas metálicas de celosía, sin bujes ni góndolas. Con los cuadros eléctricos abiertos, con las aspas desperdigadas entre la hierba y con la compañía de vacas y ovejas. Pero no es el único escenario de la victoria de Cronos y Eolo contra la efímera tecnología. En Monte Ahumada, otros restos de gigantes de hierro respiran el silencio frío de la altura. Las obsoletas torres duermen el sueño del olvido.

Ayer mismo, el Colectivo Ornitológico Cigüeña Negra (COCN) giró una comunicación a Medio Ambiente donde localizan estos aparatos. El grupo señala que existen parques eólicos en Lugares de Interés Común (LIC) en los que existen depositados a modo de almacén palas y otros componentes como subestaciones o transformadores que utilizan aceite que puede contaminar el suelo.

Para atajarlo, el COCN pide a la Junta que actúe para evitar que los parques eólicos se conviertan en almacenes de componentes así como instar a las empresas a retirar las máquinas que caigan en desuso para evitar accidentes como el del pasado viernes.

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