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Una Cabalgatamuy marinera

  • Una treintena de carrozas animan el tradicional desfile que preludia la Feria Real

  • Criaturas abisales, un camión de helados o la Plaza Alta llaman la atención

Vestidos de flamenca, sillas de playa, animales imposibles, El Barrio y música dance al mismo tiempo. Carrozas de exposición, mujeres que bailan sevillanas y convecinos bolivianos que muestran las danzas de su país, Paquito el chocolatero, un gigante camión de helados, patatas y refrescos y, sobre todo, muchos caramelos llenando bolsas de la compra. La avenida Virgen del Carmen repitió ayer uno de los grandes rituales de la feria, uno de los momentos más esperados por los pequeños y los no tanto. La Cabalgata devolvió ayer a los algecireños esa alegría de preludio de la Feria Real, el color previo a la explosión de luz que es el alumbrado del recinto ferial al llegar la medianoche.

Una treintena de carrozas participaron ayer en el gran desfile del año, en una fiesta callejera donde peñas, familias y profesionales se mezclan para dar forma a unas horas de fantasía. No faltó nada: los móviles que daban forma a ¿insectos? de extraña fisonomía, llenos de color, para abrir el paso tras la caballería. Los grandes animales coloridos, con un camaleón digno del Parque Güell que hizo las delicias de los más pequeños. Una medusa y peces flotantes, criaturas abisales para recordar al mar en una ciudad marinera. Y sobre todo la ilusión de las peñas y grupos de amigos que han trabajado para sacar adelante las muchas carrozas del cortejo.

Fueron muchas las que llamaron la atención durante el discurrir de la cabalgata, envuelta en una mezcla de músicas, sones y sonidos no apta para oídos sensibles. La enorme heladería de Los Buyitas recorrió la avenida al ritmo del tradicional soniquete del camión de los helados. Nada que ver con la música de El Barrio con la que el enjambre vestido de blanco de la carroza de La Favorita ni con los sones andinos con los que los integrantes de la asociación Salay Cochabamba transportaron al público al otro lado del Océano Atlántico.

La escuela de arte flamenco de Mónika Bellido no podía más que aportar el sonido tradicional de las ferias, las sevillanas, bailadas y cantadas por las mujeres que llenaban la carroza. Y una charanga animaba la carroza de la reina y sus damas, cerrando un cortejo en el que pudieron verse una Torre Eiffel cortada, un faro del Club Náutico o una reproducción a escala de la Plaza Alta. Y astronautas, personajes infantiles, marineros y pasacalles varios que hicieron las delicias de los más pequeños.

Todo ello regado con caramelos. Niños, padres y abuelos se afanaron en recoger el regalo más preciado de la Cabalgata bolsas en ristre tras horas de espera en algunos casos para guardar sitio en primera fila. Desde la mañana pudieron verse los tradicionales veladores con familias y grupos de amigos preparándose, comida y bebida mediante, para la llegada de la Cabalgata. Más cerca de la feria, las reinas eran las sillas y mesas de playa; después aparecerían las neveras bien cargadas.

Todos bien pertrechados para echar un día completo que acabaría a las doce de la noche, en el acto que suponía el fin del preludio feriante y el inicio oficial de la fiesta: el alumbrado del recinto.

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