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Alquilar en Tarifa, misión imposible

  • El auge de las viviendas vacacionales desplaza a una cuota residual el parque de residencias para arrendamiento a largo plazo

  • La localidad roza los 300 inmuebles turísticos registrados

Las terrazas de una zona de apartamentos junto a la playa tarifeña de Los Lances, ayer. Las terrazas de una zona de apartamentos junto a la playa tarifeña de Los Lances, ayer.

Las terrazas de una zona de apartamentos junto a la playa tarifeña de Los Lances, ayer. / erasmo fenoy

Si una pareja entra en internet en busca de un apartamento en Tarifa para pasar una semana en pleno verano, tendrá a su disposición en apenas unos momentos un torrente de viviendas listas para concertar. Si, por el contrario, la misma pareja pretende alquilar en Tarifa para establecer su residencia permanente, ahora mismo lo tendría francamente complicado, por no decir prácticamente imposible.

"Abstenerse llamar para el año completo" y "Sólo hasta el 30 de mayo" son las consignas impuestas por la mayoría de los propietarios a las inmobiliarias locales y que también pueden leerse en la escasa oferta de viviendas para alquiler que arrojan portales especializados como Idealista, donde sólo constan 18 pisos libres y la mayoría de ellos bajo esa limitación de la estancia.

Los propietarios rehúsan expresamente firmar contratos que abarquen los meses de verano

La ecuación que ha dado lugar a este fenómeno es sencilla: un lugar turístico con fama internacional unido al florecimiento de plataformas online como Airbnb que garantizan el pago de las estancias por adelantado a cambio de una pequeña comisión (un 3%) e incluyen un seguro para el inmueble en caso de daños. Con esta modalidad de arrendamientos, que cualquier propietario puede gestionar desde un teléfono móvil multiplicando sus ingresos y la rentabilidad respecto del alquiler de larga temporada, el trasvase mayoritario de las viviendas hacia esta modalidad sólo era cuestión de tiempo.

El efecto, a diferencia de otras ciudades donde el problema comienza a ser endémico, no se ha traducido en un alza de los precios del alquiler tradicional, sino en la práctica marginación de esta modalidad. "No tenemos nada para todo el año", es la respuesta habitual si se pregunta en las inmobiliarias.

En Tarifa existen 6.578 inmuebles de uso residencial, según el último Censo de población y viviendas elaborado por el Instituto Nacional de Estadística (INE) en 2011. Y de éstos, 276 constan a efectos oficiales como alojamientos con fines turísticos, según los datos de la encuesta sobre alojamientos turísticos que también elabora el INE. Supone un 4,2% del parque de viviendas de la localidad. El porcentaje está aún lejos del 18,8% del casco antiguo de Barcelona, el 9% del centro de Madrid o el 16% del distrito valenciano de Ciutat Vella.

Resiste cierta economía sumergida en este mercado turístico, casas y pisos que se conciertan para alquilar por semanas o quincenas sin contar con el registro oficial ni declaradas al fisco como rendimiento del patrimonio inmobiliario. Pero tienden a ser cada vez menos puesto que los clientes buscan alojamientos regularizados por las garantías que reportan. En Airbnb, de los algo más de 300 inmuebles en Tarifa, la mayoría lucen en su descripción el código como Viviendas con Fines Turísticos (VFT).

Esta modalidad de alojamiento fue regulado en Andalucía en 2016 (Decreto 28/2016, de 2 de febrero) para tratar de poner coto al desenfreno que acusan otras localidades turísticas españolas.

Además de integrarse en un registro oficial, las viviendas turísticas deben contar con servicios como libro de reclamaciones y botiquín, limpieza a la entrada y salida de clientes, menaje y sábanas suficientes, un mínimo de información turística del destino y contar con medidas de climatización (aire acondicionado para uso en verano y calefacción en el caso de destinos de invierno). El propietario queda obligado a registrar las visitas (como en los hoteles). Convertir una vivienda en VFT (y obtener con ello el código oficial identificativo) requiere una inversión mínima frente a la rentabilidad que se puede alcanzar en destinos como Tarifa. Para muchos caseros sólo ha supuesto pasar a entregar y recoger llaves con mayor frecuencia, aunque compensado con creces respecto de la fidelidad mensual de un arrendamiento clásico.

Aún con el auge de los apartamentos vacacionales, la oferta de alojamiento tradicional en Tarifa continúa bien surtido. En la localidad están abiertos al público 64 establecimientos hoteleros con 1.211 habitaciones y 2.713 plazas así como siete campings, con 5.030 plazas, según el INE. La horquilla de precios resulta similar entre las viviendas y hoteles, partiendo desde los 50 euros por noche en los lugares más modestos y elevándose conforme aumentan las prestaciones y confort.

La elección entre uno u otro modelo para pernoctar depende más bien de las preferencias de los usuarios y la disponibilidad, puesto que el mercado está garantizado en la temporada alta, cuando Tarifa duplica su población.

El Ayuntamiento tarifeño asegura ser consciente del efecto del turismo sobre el mercado residencial del alquiler, si bien estiman no llega al nivel de Barcelona o Baleares. La entidad local sí admite que requiere de medidas para incentivar el arrendamiento tradicional ante la demanda de un sector de la población que requiere de este tipo de viviendas, especialmente los jóvenes. Para ello, la entidad local trabaja en el texto del Plan Municipal de Vivienda y Suelo en el que se contemplan medidas concretas. "En Tarifa hay dificultades para acceder a la vivienda de alquiler. Principalmente lo sufren los jóvenes que quieren emanciparse. Pero también frena la llegada de familias al municipio y los funcionarios no quieren venir porque no tendrían vivienda fija. No es un caso extremo, pero existe", reconoce el alcalde de Tarifa, Francisco Ruiz.

Comprar e hipotecarse tampoco parece una salida razonable, al menos para familias mileuristas o para jóvenes con contratos temporales y precarios. La mayoría de las nuevas promociones que se levantan en Tarifa en estos momentos -principalmente en la zona de La Marina, donde las grúas han vuelto a dominar el horizonte- cuentan con compradores de fuera del municipio que, al calor del turismo, buscan recuperar la inversión y cubrir la hipoteca con el alquiler vacacional. Ello también se refleja en los precios de venta, notablemente más elevados que en los municipios del entorno.

Sólo hay que echar un vistazo a los escaparates de las inmobiliarias, donde un piso de tres dormitorios junto a la playa cuelga a la venta por 315.000 euros. Hay dúplex y tríplex por 225.000 y 455.000 euros, respectivamente. Lo más barato, un minúsculo apartamento con la cama a los pies de la cocina por 105.000.

¿Las alternativas? Vivir en Algeciras, donde el precio por metro cuadrado es muy inferior, o en la campiña tarifeña, conectada con el núcleo urbano en apenas diez minutos por la Nacional 340 y a donde remite alguna de las inmobiliarias ante la tesitura de los interesados en alquilar en el centro y verse en la calle con la llegada de la temporada alta.

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