Los caminos que no escogemos | Amazon Prime Casi todo sobre mi padre

Javier Bardem y Ellen Fanning en una imagen del filme de Sally Potter.

Javier Bardem y Ellen Fanning en una imagen del filme de Sally Potter.

No tiene ojo Javier Bardem eligiendo sus últimos proyectos internacionales, especialmente aquellos en los que intenta a toda costa mantener viva la fama de actor de método en papeles difíciles o marcados por la tara o la necesidad del disfraz.

A excepción de Todos lo saben, de Farhadi, su presencia en El consejero, ¡Madre!, Diré tu nombre, Caza al asesino o Loving Pablo, donde interpretaba al narco Escobar en el límite de la parodia, ha dejado en evidencia esa tendencia a la máscara, el exceso y la autocomplacencia que suele desembocar en desastre y, de paso, arrastrar a las películas con él. Es el caso de estos Caminos que no escogemos de la otrora experimental y ahora autora de prestigio chic Sally Potter (Orlando, The party), un filme que indaga en la memoria, las relaciones paterno-filiales y la enfermedad mental en tres tiempos de la vida de un escritor de origen mejicano (Bardem): un presente de demencia y abandono en Nueva York y dos pasajes de un pasado de dolor y búsqueda en México y Grecia.

Potter deja que estos tiempos se alternen de manera algo mecánica para ir desvelando a duras penas los secretos de su protagonista, su identidad quebrada por la desgracia y la relación con una hija (Fanning) que lucha por mantenerse a su lado. Robbie Ryan filma de cerca y en gran angular buscando respuestas en el rostro, pero el gesto abatido y enajenado de Bardem pone demasiada distancia sobre la verdad de su duelo y las razones de su estado. Tanta que nos resulta imposible seguirlo en su viaje interior.