4 Latas | Crítica Aventura en punto muerto

Jean Reno y Hovik Keuchkerian en una imagen de '4 Latas', de Gerardo Olivares.

Jean Reno y Hovik Keuchkerian en una imagen de '4 Latas', de Gerardo Olivares.

Insisten una y otra vez Gerardo Olivares y sus productores en un modelo blando de cine turístico de viajes y aventuras con pretexto ecologista y mensaje tan bienintencionado como ingenuo (por no decir falso), siempre más pendiente de cierto preciosismo de postal exótica en movimiento o de situaciones y personajes estereotipados, que de un verdadero encuentro o interés con esas culturas lejanas y sus protagonistas.

Lo hemos visto en La gran final, 14 kilómetros, Hermanos del viento o El faro de las orcas, y se repite ahora, en una versión igualmente inerte, en esta 4 Latas que busca glorificar el sentido de la amistad y la lealtad masculina (o machirula, según se mire) y, de paso, dejar algunas zafias pinceladas sobre la inmigración entre secuencias de humor levemente racista (véase la simpática corrupción generalizada de funcionarios y tuaregs), momentos vídeo-clip a vista de drone aderezados con un repertorio de Kiss FM, e incluso una risible escena de amor y sexo intercultural para los anales de la vergüenza ajena.  

Olivares parece mucho más interesado en esas imágenes cenitales que en las motivaciones, la psicología o los fines de sus personajes (tan mal perfilados como interpretados por Reno, Keuchkerian, San Francisco, Valls y compañía), encerrados en un 4 latas destartalado o haciendo sus necesidades en mitad del desierto, en el que se confirma como dudoso leit motiv cómico de un viaje a ninguna parte en el que cada encuentro, cada conversación y cada accidente parecen estar ahí como calculadas piedras en un camino para un vehículo siempre en punto muerto.