Martin Eden | Crítica Naúfragos de la Historia

Luca Marinelli en una imagen de 'Martin Eden', de Pietro Marcello.

Luca Marinelli en una imagen de 'Martin Eden', de Pietro Marcello.

Parece oportuno relacionar esta Martin Eden con Lázaro feliz de Alice Rohrwacher. Ambas se abren paso entre el mejor cine italiano y europeo recientes con una apuesta indisimulada por la fábula y por personajes con inclinación a la pureza, a contracorriente del cinismo predominante, dos personajes que arrastran sendas películas hacia un viaje de descubrimiento del mundo desde la bondad (con o sin connotaciones religiosas) y el tesón, desde la solidaridad desinteresada o el hambre de saber y contar para trascender la condición de clase.

Basada libremente en la novela homónima y autobiográfica de Jack London, la ganadora del Giraldillo de Oro en el SEFF 2019 asume, como en anteriores filmes de Pietro Marcello (La bocca de lupo, Bella e perduta), ese territorio híbrido en el que el archivo irrumpe y se integra en la ficción como fogonazo poético de la memoria colectiva, como resonancia en la que la peripecia individual de un marino decidido a convertirse en escritor por el amor de una joven de la alta burguesía napolitana, encuentra su eco en las historias de otros marinos y gentes humildes que se curtieron la piel en el trabajo duro y enjuagaron las lágrimas en cada despedida.

Marcello borra así las fronteras del tiempo concreto de su relato (la música anacrónica, visible, también contribuye a este efecto de suspensión y extrañamiento), y lo hace en unas texturas analógicas que disuelven el presente en un poderoso aire de fábula por la que desfilan también el cuestionamiento del socialismo, la eterna lucha de clases y la forja tozuda de una identidad individual y artística que Luca Marinelli esculpe desde el cuerpo, la determinación y el asombro al desencanto, la rabia y la desesperación.

El 1909 prebélico atisbado por London encuentra así en un tiempo futuro y una Italia fracturada unas mismas claves sobre la decadencia del siglo XX y el presente, un mismo relato de lucha por los ideales y el individuo, un mismo retrato del doble deseo de contar historias y trascender como camino hacia el amor idealizado cuyo destino final se fragua en la figura trágica de un hombre que se adentra en el mar.