Obituario | José Luis Cuerda Cuerda para rato

El cineasta José Luis Cuerda. El cineasta José Luis Cuerda.

El cineasta José Luis Cuerda. / EFE

Caso insólito en nuestro cine, José Luis Cuerda se ha hecho su pequeño gran hueco de culto, que excede los límites de la cinefilia, gracias a una sola película, Amanece, que no es poco (1987), que aterriza en el cine español de la Democracia y la Ley Miró como un verdadero ovni sin apenas tradición (si acaso la esperpéntica) ni descendencia en sus múltiples hallazgos que a lo sumo la emparentan con el humor absurdo en una insospechada y anárquica combinación de elementos patrios con un ocurrente batiburrillo de citas cultas de aquí y de allá.

Una película capaz de crear toda una comunidad que incluso se reúne anualmente para celebrar y repetir sus frases y diálogos más memorables en un ritual que gana adeptos en esta era de las redes sociales que tan bien le ha sentado a su legado (fragmentario) y a su figura de comentarista satírico de los males endémicos de la nación observados desde su particular, bien alimentado, erudito y atrabiliario sentido del humor. 

Como no me cuento entre sus feligreses y, tal y como habría querido el director, productor y escritor de Albacete, tampoco es cuestión de ponerse cursis a última hora, he de reconocer con la boca chica que el responsable de El bosque animado, La marrana, Tocando fondo, La lengua de las mariposas, Los girasoles ciegos, La educación de las hadas o Todo es silencio no era precisamente santo de mi devoción en esa otra faceta suya, mucho más nutrida, de adaptador de obras literarias de prestigio y narrador de dramas con moraleja sobre las enfermedades y peligros de España tratados desde un ángulo izquierdista disfrazado de ácrata. Una cierta tendencia a lo explícito, lo ilustrativo, lo verboso o lo sentimental me alejó siempre de sus películas más serias y premiadas.

El Cuerda que más me interesa, y que tal vez perdurará, es el de títulos menores y de menores pretensiones y vuelo como Total, bizarra rareza televisiva y preludio de esa trilogía del non-sense ibérico que se completaba con Así en el cielo como en la tierra y Tiempo después, último y distópico intento de calzar su mirada esquinada y desencantada a la realidad social, moral y política con el concurso de algunos supervivientes de su generación y de ilustres miembros de esa post-comedia chanante que se ha confesado admiradora y seguidora de su vertiente amanecista.