Campo de Gibraltar

Caminando entre Fronteras calcula 12 pateras desaparecidas en el Estrecho

Personas en una embarcación en el Estrecho Personas en una embarcación en el Estrecho

Personas en una embarcación en el Estrecho / E.S

La asociación Caminando Fronteras ha hecho público un informe anual que registra 1.020 fallecimientos de migrantes en su intento de llegar a Europa entre enero de 2018 y abril de 2019. El documento se divide en cuatro capítulos, donde se analiza el hecho de que el control migratorio esté por encima del derecho a la vida, y calcula 12 embarcaciones desaparecidas en el área del Estrecho. En esta última zona se han contabilizado 23 naufragios.

En otro de los capítulos se habla de la construcción política e ideológica que sostiene el racismo institucional en los procesos de llegadas de población migrante y en el último capítulo se explican las estrategias de resistencia y lucha de las familias y comunidades migrantes en la "necrofrontera", poniendo de manifiesto el aumento de la criminalización que enfrentan las defensoras que luchan contra esas políticas de muerte, como es el caso de Helena Maleno.

Cuando las fronteras impactan en los cuerpos. Se analiza como el necropoder desarrolla políticas que violan sistemáticamente los derechos de las personas migrantes y cómo en los tránsitos migratorios, en los contextos de frontera y en los países de destino se ejecutan políticas que hacen y dejan que las personas mueran. Los estados aplican políticas militares que causan daños irreparables a la protección de los derechos humanos, y particularmente al derecho a la vida. Las rutas migratorias se vuelven cada vez más peligrosas gracias a las políticas de control. Las industrias criminales aumentan su negocio abriendo nuevas rutas y las empresas del control de fronteras aumentan su presencia en los caminos migratorios, dejando estructuras militares. Así, se genera una espiral en la que se aumenta el negocio y la muerte de forma exponencial.

"Las empresas relacionadas con la industria de la guerra constituyen el mayor lobby con poder para decidir sobre las políticas que los estados implementan en las Fronteras. La entrada de las industrias de la guerra en el negocio contribuye al establecimiento y normalización de espacios de no derecho, dándose situaciones de excepcionalidad democrática. La Frontera Occidental europea y Sur española son un ejemplo de ello", afirma Caminando entre Fronteras.

"La subcontratación de terceros países para el control de fronteras se ha convertido en la base de las relaciones exteriores de la Unión Europea. Se ha priorizado la formación de fuerzas de seguridad y se han vendido sistemas de control y vigilancia, condicionando todas las políticas de Ayuda Oficial al Desarrollo. Los acuerdos bilaterales entre países para el control de fronteras tienen mayor peso que las convenciones internacionales y leyes", finaliza.

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