Campo de Gibraltar

La Estrategia de control del alga asiática deja su gestión en manos de las administraciones autonómicas

  • La Junta de Andalucía debe hacerse cargo de la retirada de las arribazones a las playas

  • Los puertos de encargarán de la biomasa recogida por los pesqueros 

Maquinaria retira algas de la playa de Poniente de La Línea, en una imagen de archivo.

Maquinaria retira algas de la playa de Poniente de La Línea, en una imagen de archivo. / Erasmo Fenoy

La Estrategia de gestión, control y posible erradicación del alga asiática Rugulopterix okamurae deja en manos de las administraciones autonómicas y ciudades autónomas la recogida de las arribazones en las costas. El documento, que fue aprobado el pasado 28 de julio -aún no ha sido publicado en el BOE pero ya está publicado como borrador- también recoge que las autoridades portuarias deben ser las responsables de gestionar las algas que recojan de manera accidental los barcos pesqueros y que puedan llevar con seguridad al puerto.

Esta medida contemplada en la estrategia alivia a los ayuntamientos costeros afectados, que tienen que hacer un desembolso extra para retirar las arribazones a las playas. Algeciras, Tarifa, La Línea y San Roque han tenido que hacer fuertes inversiones para retirar las algas debido a las molestias para los bañistas.

La estrategia señala que “la recogida de arribazón depositada en el litoral solo deberá ser responsabilidad de la administración competente en el contexto de los Planes de Gestión de biomasa de la Rugulopterix okamurae, dada la complejidad del proceso para garantizar la mínima erosión del litoral, la mínima perturbación a los usuarios y a las especies, y la nula devolución de material de la Rugulopterix okamurae al mar para así ejercer acción sobre su control poblacional”.

Los Planes de Gestión deberán ser desarrollados por las comunidades y ciudades autónomas, a través de los departamentos con competencia en conservación de biodiversidad y en colaboración con otras autoridades administrativas implicadas (Dirección General de Biodiversidad, Bosques y Desertificación y Dirección general del Mar y la Costa, puertos, Diputaciones y municipios).

Los fines de la retirada de las arribazones son principalmente “el mantenimiento de los servicios recreacionales de las playas, del buen estado ecológico del litoral y el control poblacional de la especie”.

Para su retirada, se recomienda que se haga de forma manual por encima de la mecánica. No se recomienda la retirada de arribazones en el agua, “puesto que, dada la naturaleza de la especie, no tiende a flotar sino a decantar, y solo por el movimiento de las olas vuelve a la columna de agua, lo que hace muy difícil una retirada eficiente. Además, se corre el riesgo de sacar del agua otras especies. Es preferible retirar la biomasa una vez arrojada en zona emergida”, según indica la estrategia.

En el caso de las algas que caen en las redes de los barcos pesqueros, la estrategia contempla que la biomasa sea llevada a puerto, siempre y cuando no comprometa la seguridad de la tripulación y la embarcación durante la navegación. Desde el momento en que la biomasa es desembarcada en puerto y hasta su retirada, debería ser objeto de un plan de gestión de biomasa, desarrollado en colaboración entre la autoridad portuaria, la administración pesquera y el sector pesquero profesional.

Se aconseja la elaboración de una guía de usuario que contenga de manera sencilla y abreviada al menos la siguiente información: descripción del procedimiento de entrega y manejo de la biomasa, la situación de las zonas de acopio de biomasa, el contacto institucional del coordinador de puerto pesquero, a tal efecto, y servicios de apoyo a la desinfección ofertados.

El documento recuerda que para el análisis de riesgo de la especie, realizado en 2019, se realizó una estimación de la cuantificación de su impacto económico sobre el sector pesquero y para la gestión de las arribazones en la costa andaluza, que arrojó una cifra de 1,2 millones de euros para un periodo de nueve meses, aunque se considera una cifra infraestimada por limitaciones del estudio.

Usos

La estrategia indica que los compuestos extraídos de la Rugulopterix okamurae han demostrado tener una variedad de actividad biológica que los hacen muy interesantes para su explotación por la industria. En su compuesto se han detectado inhibidores de la glucosidasa, que pueden ser útiles para el tratamiento de enfermedades como diabetes, ciertas formas de hiperlipoproteinemia y la obesidad. “Los inhibidores que se usan actualmente, de origen sintético, a menudo causan severos efectos negativos, por lo que las macroalgas se han vuelto buenas candidatas como fuente de materiales antidiabéticos naturales”, recoge el documento.

Otras actividades biológicas de los terpenoides hallados en el alga asiática son la inhibición de la depredación por moluscos herbívoros, actividad antifúngica, antibiótica, insecticida, antiviral e inhibidor de la metamorfosis de las larvas de abalones. Otro uso potencial de los terpenos deriva de su capacidad antiincrustante, por lo que son buenos candidatos –menos tóxicos- para ser incluidos como componente en las pinturas utilizadas para el recubrimiento de los barcos.

En el área de medicina se ha probado la capacidad antiinflamatoria de sus terpenos, "que parece afectar no solo a mediadores del proceso inflamatorio en sí, sino a la expresión génica de aquellos genes involucrados en el proceso inflamatorio. Incluso se demostró su alta eficacia contra cánceres como la leucemia".

En la zona del estrecho de Gibraltar, que sufre arribazones frecuentes y abundantes, ya existen varias propuestas para su uso: como compost y fertilizante en zonas verdes, como ingrediente de una salsa picante, con usos cosméticos (empresa Tarifa Mar de Algas), como material para bioconstrucción, o para la fabricación de plantillas de zapatos (Eldaplant), este último uso con el visto bueno de la Delegación Territorial de la Consejería de Agricultura, Ganadería, Pesca y Desarrollo Sostenible en Cádiz. Sin embargo, la estrategia indica que que todos estos usos "aún están en fase piloto y no se tiene registro de que estén siendo actualmente explotados a nivel comercial".

Otros estudios han observado que en la biodegradación junto a sólidos de almazara de aceite de oliva se produce metano, gas con un alto poder calorífico "que puede ser aprovechado por combustión en motores, turbinas o calderas, ya sea solo o mezclado con otros combustibles".

Otros han propuesto su uso en el desarrollo de materiales plásticos de base biológica (bioplásticos) como una posible solución a la contaminación producida por la industria del plástico.

En todo caso, la recolección de algas será responsabilidad exclusiva de la administración competente, que en el marco de cada Plan de gestión establecerá los mecanismos más adecuados para su cesión y adaptación a cada uso.

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