• Las entidades dedicadas a la ayuda social han visto multiplicarse en el último año el número de personas que llegan a sus puertas ante la crisis provocada por la Covid

Un año de coronavirus en el Campo de Gibraltar Pobreza, la cara oculta de la pandemia

Una mujer espera en la casa parroquial de Cáritas de La Palma, en Algeciras Una mujer espera en la casa parroquial de Cáritas de La Palma, en Algeciras

Una mujer espera en la casa parroquial de Cáritas de La Palma, en Algeciras

Erasmo Fenoy

Escrito por

· Raquel Montenegro

Jefa de Local

Miércoles por la mañana. El patio de la casa parroquial de la Iglesia de La Palma, en Algeciras, bulle de actividad. Personas de todas las edades van y vienen, algunas con alimentos, otras con papeles, algunas otras sin nada visible, pero con el alivio en el rostro. Es día del reparto de ayuda de Cáritas en la parroquia y parte de las más de 300 personas que son atendidas desde aquí pasan por los salones. Entre ellas hay muchas que jamás se hubieran imaginado en esta situación, que hasta hace muy poco tenían su trabajo, sus gastos más o menos cubiertos. Son las otras víctimas de la pandemia, aquellas a las que la crisis económica provocada por la Covid ha empujado hasta las entidades de ayuda social del Campo de Gibraltar, que han duplicado o incluso triplicado el número de personas atendidas desde que el pasado 14 de marzo se decretase el primer estado de alarma.

Las colas del hambre. Ese es el duro nombre que la pandemia ha dado a las largas filas de ciudadanos a la espera de recoger alimentos que pueden verse en todo el país, también en el Campo de Gibraltar. En la comarca, las distintas Cáritas parroquiales, pero también entidades como Hogar Betania y Cruz Roja, han mantenido un suministro continuado de alimentación básica y comida cocinada en el último año para aquellos que peor lo están pasando. Un grupo cada vez más numeroso: un estudio de la ONG Oxfam calcula que en el país hay 5,1 millones de ciudadanos en pobreza severa, que viven con el equivalente a 16 euros al día. De ellos, 790.000 cayeron en ella el pasado año. Si se le suman las personas en situación de pobreza (menos de 24 euros al día), el dato se eleva hasta los 10,9 millones de personas.

Reparto de comida en el comedor del Padre Cruceyra, de Cáritas. Reparto de comida en el comedor del Padre Cruceyra, de Cáritas.

Reparto de comida en el comedor del Padre Cruceyra, de Cáritas. / Erasmo Fenoy (Algeciras)

Cáritas

De vuelta en los salones parroquiales podemos ver la traducción local de esas cifras macro. Solo en las Cáritas de Algeciras y Tarifa, el número de familias atendidas ha pasado de 1.320 en 2019 a 2.051 en 2020, con aumentos especialmente fuertes en El Saladillo y El Rinconcillo. En La Palma se preparan cada semana 70 bolsas de productos básicos de alimentación (la mayoría procedente del Banco de Alimentos), una por familia, con la intención de que duren unos 15 días; el año pasado eran 40. Es la ayuda de base, pero no la única. En el patio, en un conglomerado de mesas distribuidas para que permitan mantener la mayor distancia posible, tres voluntarias se afanan en atender a tres perfiles diferentes de usuario: una joven da sus datos personales y laborales para acceder al servicio de ayuda, con una bolsa de trabajo informal que pone en contacto a personas que buscan empleo y aquellas que llegan buscando un empleado. Otra mujer, enferma, acude en busca de fruta y verdura, fundamental en su tratamiento. Un hombre está gestionando el pago de un medicamento.

“Desde aquí damos atención alimentaria, pero también ayudamos con el gasto farmacéutico, la óptica, atendemos la pobreza energética con el pago de facturas o, a veces, simplemente escuchamos a las personas, porque hay muchas que lo que más necesitan es sentir el contacto de alguien porque se sienten muy solas, y nosotros no hemos dejado la atención presencial”, explica el director de Cáritas parroquial en La Palma, José Ortega. Se les hace una ficha previa en la que comprueban que reúnen los requisitos de residencia y bajo nivel de ingresos y a partir de ahí se les ofrece ayuda en lo que necesiten.

En esas fichas han empezado a aparecer este año perfiles no habituales. Personas que hasta ahora habían tenido una vida normalizada, con ingresos básicos o de subsistencia y a las que el parón económico ha dejado sin recursos, o aquellas que han estado meses sin cobrar un expediente de regulación temporal de empleo o que no llegan a cubrir gastos con el paro que les queda. A las que les resulta aún más difícil acudir a una entidad social. “Hay personas a las que le da vergüenza venir a recoger la comida”, apunta Ortega.

Cocina de Hogar Betania, en La Línea Cocina de Hogar Betania, en La Línea

Cocina de Hogar Betania, en La Línea / Erasmo Fenoy

Hogar Betania

Al otro lado de la Bahía de Algeciras, Begoña Arana, directora de Hogar Betania, relata una experiencia paralela. “Ha habido un cambio drástico en los perfiles”. La entidad está prestando alrededor de 1.600 atenciones diarias, en las que se incluye el reparto de comida elaborada (almuerzo y cena) a 1.200 personas. “Podemos decir que hemos cuadruplicado nuestros servicios de atención”, explica Arana.

La avalancha de necesidad social que ha provocado la Covid ha llevado a la entidad a ampliar su oferta y recursos residenciales y la ha llevado a extenderse geográficamente desde La Línea. Su directora pone énfasis en el refuerzo a la atención a familias con problemas estructurales y la asistencia psicológica y jurídica a las mujeres víctimas de violencia de género, otra realidad escondida de la pandemia. “Durante el estado de alarma muchas mujeres han estado recluidas en casa con sus agresores”, en una situación de tensión máxima, “lo que se ha reflejado en un aumento de los casos a atender en formato ambulatorio y en centros residenciales”.

Arana resalta también otra realidad que, en este caso, ha sido puesta de relieve por la pandemia: la de las personas sin hogar. La entidad ha gestionado dos dispositivos de albergue (uno de ellos puesto en marcha de forma temporal por el Ayuntamiento de Algeciras) para acoger a todo el colectivo de personas sin hogar, “sin distinción por sus condiciones de salud mental, patología dual, adicciones, edad...”. Bajo la etiqueta #notenercasamata, Cáritas puso en marcha una campaña en octubre para denunciar la situación que estaban viviendo estas personas, las más vulnerables entre los vulnerables. “La gente no se imagina cómo llegan aquí aquellos que viven en la calle, las veces que les pegan, les roban lo poco que tienen”, apunta Ortega.

Dos voluntarias de Cruz Roja entregan alimentos a una usuaria en Algeciras. Dos voluntarias de Cruz Roja entregan alimentos a una usuaria en Algeciras.

Dos voluntarias de Cruz Roja entregan alimentos a una usuaria en Algeciras. / Erasmo Fenoy

Cruz Roja

Cuando se inició el estado de alarma, Cruz Roja lanzó su Plan Responde frente a los efectos de la Covid-19, “la mayor operación de la historia de Cruz Roja Española en cuanto a la movilización de recursos, capacidades y personas”, en palabras de su presidente, Javier Senent, para seguir auxiliando a la población vulnerable a la que ya asistían e incorporar a la nueva. Esperaban atender a 1,5 millones de personas; ya van más de 3,5 millones. Entre ellas, 5.870 personas atendidas desde Algeciras, con más de 21.600 intervenciones en la comarca ante el terremoto Covid.

Así, se han hecho más de 4.000 entregas de bienes a más de 760 familias. Pero, como remarcan fuentes de Cruz Roja, también se han cubierto otras muchas necesidades que no son entregas de alimentos. “Llamadas a personas mayores; orientación en formación, laboral o sobre subvenciones; información de prevención de salud o atención psicológica telefónica” son algunas de las acciones que ha desarrollado la entidad a lo largo de este año y que muestran las áreas en las que se ha visto más afectada la población durante los meses transcurridos desde que Pedro Sánchez decretase el primer confinamiento. También se ha asistido a las personas mayores, a las que se les ha ayudado a hacer la compra y se les ha llevado medicamentos.

La labor de Cruz Roja ha cubierto asimismo a otro de los colectivos más vulnerables: el de los niños de familias con menos recursos. Durante el confinamiento, cuando las clases pararon, muchos niños carecían de los medios para poder seguir las clases de forma telemática con normalidad, por lo que existía el temor de que la brecha digital crease una educativa. La entidad distribuyó tablets entre algunos de esos pequeños, que “ahora siguen usándose para conectarse con voluntariado que les apoya telemáticamente para hacer la tarea”. La versión 2.0 de la actividad de apoyo escolar que ya venía realizando presencialmente. O del programa de compra de material escolar que realiza Cáritas.

Este apoyo a los menores será uno de los ejes de actuación en el próximo año, como también la mejora del acceso al mercado laboral, destaca Cruz Roja. “Esta ha sido una emergencia que se ha alargado durante todo el año, lo que nos hace pensar que la recuperación será también bastante larga”.

Varias personas trabajan en el comedor del Carmen de Algeciras Varias personas trabajan en el comedor del Carmen de Algeciras

Varias personas trabajan en el comedor del Carmen de Algeciras / Erasmo Fenoy

Solidarios

Ahí será clave de nuevo el apoyo de los voluntarios y trabajadores, que destacan todas las entidades sociales. En el caso de Cruz Roja Algeciras, se han movilizado 288 voluntarios, 179 mujeres y 109 hombres. Con una incorporación de personas durante el primer estado de alarma que hizo posible compensar que otros voluntarios habituales no pudieran actuar en ese momento.

También destaca la “calidad humana del equipo de profesionales” la directora de Hogar Betania. “Ha sido un año muy duro, dentro de mi trayectoria profesional sin lugar a duda el más duro de todos, pero nadie ha mirado hacia otro lado en el sentido de estar, hacer y dejarse la piel”, destaca Begoña Arana. Quien también recuerda que “Nuevo Hogar Betania no ha cerrado sus puertas ni un solo día en todo este año, mientras que ha habido recursos y servicios cerrados o teletrabajando, algo que sinceramente no concibo como ha podido pasar. Los servicios sociales son esenciales y deben de estar al servicio de la población en general y más en este momento que empezamos a vivir hace un año y en el que seguimos”.

El centenar de voluntarios que colabora con las Cáritas parroquiales en Algeciras y Tarifa es clave, destaca su coordinador, Miguel Carreño, pero también lo han sido todos aquellos que han estado haciendo donaciones a la entidad durante este año. Ha habido también una ola de solidaridad en la que han aportado particulares y empresas, entre las que destaca Acerinox (“que ha hecho donaciones a todas las Cáritas durante el año”); La Caixa, que ha sufragado casi la totalidad del programa de material escolar, o APM, entre otras. También suma el telemaratón de Onda Algeciras que recaudó más de 7.000 euros para juguetes que se repartieron en Navidad entre un millar de niños o las aportaciones que se hacen, entre ellas del Consejo de Hermandades y Cofradías, para repartir entre 170 y 210 comidas al día en el Comedor del Carmen.

Todas serán necesarias también en este año que entra, advierte Carreño, porque el número de personas que llegan en busca de ayuda no deja de crecer. “Yo estoy asustado con lo que pueda pasar este 2021”. La solidaridad seguirá siendo básica para que todo el mundo puede incorporarse a la recuperación, que como apuntan desde Cruz Roja “no es solo volver a la situación anterior, sino que los cimientos de nuestras vidas sean más fuertes que lo eran antes por si vienen nuevos terremotos”.

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