Campo Chico De allá y de más acá de la verja (II)

  • En 1966, la declaración de la comarca como Zona de Preferente Localización Industrial fue el despegue económico y social tras las consecuencias que dejó el cierre de la verja

  • De allá y de más acá de la Verja (I)

Una imagen de finales del siglo XX de la refinería de San Roque, con Gibraltar de fondo. Una imagen de finales del siglo XX de la refinería de San Roque, con Gibraltar de fondo.

Una imagen de finales del siglo XX de la refinería de San Roque, con Gibraltar de fondo. / E. S.

En Manuel Natera García, de cuyo fallecimiento se cumplirá un año el próximo martes día 6, bien podría personificarse el servicio prestado por una generación de algecireños a su tierra. Natera perteneció a la que tal vez sea, en términos relativos, y yo diría que incluso absolutos, la más notable de las promociones de estudiantes formados en el entonces Instituto Nacional de Enseñanza Media de Algeciras, egresada de sus aulas en la segunda mitad de la década de los cincuenta. No hacía mucho que el Instituto había comenzado su andadura. La destrucción del habilitado Kursaal de El Chorruelo, frente al Hotel María Cristina, por un terrible incendio, probablemente provocado por una chispa arrojada por el pequeño tren que pasaba junto a él, precipitó la puesta en marcha, en 1942, del entonces todavía inacabado y magnífico edificio de los altos de El Calvario. Natera, Juan Peña, Armengol Viñas Castro o Alberto Gonzalo Platero, son nombres para exhibirlos, por su brillantez, en las páginas de oro de aquella querida institución educativa. Natera estudió economía en Madrid y Barcelona, Peña, ingeniería aeronáutica y Viñas ingeniería de caminos. Platero se doctoró en Oftalmología, nada menos que en la Universidad de Ginebra. Yo tuve el privilegio de participar con ellos de aquella modesta y entrañable Algeciras y de estar entre sus condiscípulos y amigos más cercanos.

Pero no ya una persona, ni siquiera un grupo de personas, podrían llevar a cabo por sí solas la inmensa labor que fue necesaria para despegar de cero, en una comarca invadida por el trapicheo y el envite a las dificultades para sobrevivir en aquel tiempo en el que la comarca carecía de todo. Pero aquellas promociones, de las que los citados son representativos, fueron muy importantes para el futuro inmediato de la comarca. En los años sesenta y setenta está la clave desde la que entender lo que es hoy el Campo de Gibraltar. Félix Bayón escribiría en El País (29.03.1979): "El Campo de Gibraltar era una de las zonas más deprimidas de España y con mayor índice de analfabetismo. El modo de vida de buena parte de sus habitantes era el contrabando y otras picarescas. En los últimos diez años [obsérvese la fecha de publicación del artículo], el aspecto ha cambiado casi completamente. A pesar de errores y fraudes, el desarrollo industrial de la comarca ha seguido adelante. En Algeciras se encuentra, además, un dinámico puerto que es quizá el de mayor porvenir de España".

Otros muchos actores, que ya estaban o que llegaban de otros lugares, contribuyeron al despertar de una larga hibernación, de una comarca que antes del cierre de la verja era un páramo cultural y económico, en el que la presencia activa de la colonia con sus peculiaridades, constituía un foco de rechazo para el asentamiento de cualquier iniciativa que supusiera progreso en cualquier sentido. La dura y exitosa tarea política y diplomática, en ambiente adverso y en foros, no hacía mucho fuera del alcance de España, realizada por el ministro Fernando María Castiella y el embajador en las Naciones Unidas, Jaime de Piniés, con un formidable equipo, en el que cabe destacar figuras tan relevantes como Marcelino Oreja y Fernando Olivié, que neutralizó el proyecto de autodeterminación de Joshua (Salvador) Hassan, que el entonces ministro principal diseñó en su juventud. Ya en 1954, la visita de la Reina Isabel II de Inglaterra a Gibraltar puso en alerta a España sobre las maniobras de la Asociación para el Desarrollo de los Derechos Civiles, fundada por Hassan y otros abogados yanitos, en 1942, que cada vez con mayor efectividad iba creando un ambiente propicio a lograr una asociación libre con el Reino Unido, a modo de camino hacia la independencia. El referéndum –convocado contra lo previsto en las leyes y acuerdos internacionales– del 10 de septiembre de 1967, celebrado con la desaprobación de las Naciones Unidas y contraviniendo varias de sus disposiciones sobre la colonia, supuso el detonante que precipitaría en poco tiempo el, siempre doloroso, cierre.

La construcción de la refinería (1965-1967) marca el antes y el después del desarrollo industrial de la comarca

Se cerró la verja y se arbitraron los medios y los instrumentos para paliar en lo posible los malos efectos inevitables que ello iba a suponer sobre la población trabajadora, una buena parte de ella ligada a la construcción y al arsenal naval británico de la colonia. En 1966, la declaración de la comarca como Zona de Preferente Localización Industrial, fue el primer paso para el despegue, que abundaría en los propósitos de los planes de desarrollo económico y social, diseñados dos años antes por el noveno Gobierno presidido por el general Franco. En aquel gobierno de tecnócratas, en el que se integraron personalidades de gran relevancia, se abordaría la compleja tarea de desarrollo interior del Estado y de su proyección y reconocimiento exterior; España se situaría entre la docena de Estados más desarrollados del mundo. Conviene advertir que en 1950, las Naciones Unidas habían sentado los precedentes que convertirían a España, en 1955, en miembro de la institución internacional. La visita oficial del presidente Eisenhower, de Estados Unidos de América, en 1959, constituyó el espaldarazo definitivo; el régimen de Franco ya no era algo ajeno, como hasta entonces, al contexto de las democracias occidentales. La designación de Castiella para el Ministerio de Asuntos Exteriores, en el mes de febrero de 1957, en el octavo gobierno de Franco, sería decisiva para el Campo de Gibraltar.

En el diario ABC, el 26 de diciembre de 1970, año y medio después del cierre de la verja, se recogen unas declaraciones muy elocuentes del ministro de Industria, López de Letona, al diario Área, en las que dice lo siguiente: “Desde que se declaró el área del Campo de Gibraltar de preferente localización industrial, a mediados de 1966, hasta hoy, han surgido 14 plantas industriales, que han requerido una inversión de unos 8.700 millones de pesetas [52,2 millones de euros] y han creado alrededor de 1.500 nuevos puestos de trabajo”. Cuando en 1962, la compañía Cepsa, la primera petrolera privada que se crea en España, solicita al Gobierno autorización para construir en Vizcaya una segunda refinería (la primera lo fue en Tenerife en 1930, a poco de fundarse la compañía; la E es de “española”), en asociación con la americana Gulf Oil Co. el nuevo Gobierno, el noveno de Franco; en el que el titular de Industria es Gregorio López Bravo, un brillante ingeniero naval, y el de Exteriores, Castiella, un prestigioso jurista bilbaíno, catedrático de la hoy Universidad Complutense; aconseja (los consejos entonces se atendían con prontitud) a Cepsa su ubicación en el Campo de Gibraltar “para combatir la depresión social y económica existente en la zona”. La nueva refinería se construye entre 1965 y 1967 bajo una iniciativa de Cepsa ya en solitario. Es la marca indeleble del antes y el después de la industrialización de la comarca, cuya ejecución habría sido impensable en la perspectiva anterior al conflicto que alcanzaría su punto álgido en 1969 con el cierre de la verja.

De allá y de más acá de la Verja (I)

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