Campo de Gibraltar

Ceda el paso a los cachalotes en el Estrecho

  • Un modelo matemático realizado a partir de los 307 avistamientos de la empresa tarifeña Turmares permite predecir dónde están y evitar el choque con los buques

Una imagen de archivo de un cachalote. Una imagen de archivo de un cachalote.

Una imagen de archivo de un cachalote. / E.S.

El Estrecho de Gibraltar es una de las zonas del mundo que soporta una mayor densidad de tráfico marítimo. Es el punto obligado de paso para todos los buques que unen los puertos del Atlántico y el Norte de Europa con los del Mediterráneo e incluso los de las costas de Asia y el Golfo Pérsico, a través del Canal de Suez. Las embarcaciones que atraviesan esta enorme autopista del mar cada vez son más grandes y lo hacen a mayor velocidad. Pero mucho antes de que estos megabuques dominaran el Estrecho vivían aquí otros gigantes marinos -ya los cazaban los romanos- con los que la convivencia es cada vez más difícil: las ballenas. Para evitar colisiones, lo interesante sería saber por dónde se mueven, de modo que los buques pudieran evitarlas y en, cualquier caso, bajar la velocidad en las zonas en las que estuvieran.

Pero claro, ¿cómo averiguar qué lugares frecuentan? Un equipo formado por biólogos y oceanógrafos de la empresa tarifeña Turmares y del Área de Ecología de la Universidad de Extremadura (UEx) lo ha conseguido. Sus resultados permiten determinar por qué espacios se mueve el cachalote gracias a un modelo matemático. A partir de ahí sería posible adaptar el tráfico marítimo para reducir las posibilidades de que algún miembro de esta especie choque contra algún buque cuando emerja. Hoy por hoy este es el mayor peligro para la supervivencia del mayor mamífero carnívoro de la tierra.

En la primavera y el otoño estos colosos del mar se concentran en una zona muy definida del Estrecho

Para predecir cuáles son los lugares del Estrecho preferidos por los cachalotes según qué época del año, el profesor Daniel Patón ha utilizado los registros de los 307 avistamientos realizados desde barcos de la empresa Turmares por el investigador tarifeño Ezequiel Andreu Cazalla y sus colaboradores durante 14 años. Con estos datos ha construido lo que se llama un fractal. Se trata de un sistema matemático que logra describir un fenómeno frecuente en la naturaleza, que no se pueden explicar por las teorías clásicas, mediante una simulación del proceso que lo genera y que siempre se repite a diferentes escalas. Con un fractal puede comprenderse la estructura de la cola de un pavo real, los meandros de un río, la ramificación de los árboles, la forma de las nubes... y el comportamiento de los cachalotes.  

El cachalote muestra un comportamiento espacial anisótropo (que ofrece distintas propiedades cuando se examina o ensaya en direcciones diferentes) frecuentando las zonas más profundas del Estrecho (-600 metros) en busca de su presa favorita: el calamar gigante (Architeuthis spp.).

Para cazar emiten unas ondas sonoras a más de 200 decibelios que fulminan a los calamares gigantes

Según explican Andreu y Patón en su estudio, durante la primavera y el otoño los cachalotes se concentran en una zona muy definida del Estrecho y en verano se dispersan en una región más amplia. Siguen un patrón muy definido año tras año y entre inmersiones sucesivas prospectan unos dos kilómetros cuadrados de fondo marino. Su técnica de caza es única en el reino animal, ya que emiten unos clicks o sonidos muy cortos y multifrecuencias que actúan como sonar para localizar a sus presas. Una vez localizadas, lanzan ondas sonoras altamente energéticas y en ráfagas muy rápidas (llamados creaks) a más de 200 decibelios. El efecto sobre los calamares es devastador, ya que mueren por el impacto del sonido y es entonces cuando son consumidos. El comportamiento trófico del cachalote es fundamental para el reciclado de nutrientes en los mares, ya que se alimentan en zonas profundas y defecan en la superficie marina. De este modo, activan la fijación de carbono por las microalgas del fitoplancton, ya que devuelven a las zonas nerítica y epipelágica los oligoelementos que de otro modo se depositarían en las zonas abisales. 

Según explica Andreu, la distribución del cachalote -es semiresidente; es decir, pasa solo algunas épocas del año- en el Estrecho le hace que coincida con las rutas de las grandes embarcaciones. Por ello una de las principales recomendaciones que realiza el estudio es que sea obligatorio reducir la velocidad ante el riesgo especial de colisión. "El Estrecho es una frontera natural a la que vienen a alimentarse, principalmente de esos calamares gigantes", subraya el tarifeño.   

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