Bienal de Flamenco La vida monacal de Andrés Marín

  • El coreógrafo lleva su baile audaz y libre al Monasterio de la Cartuja, cuyas dependencias recorre este sábado

Andres Marín, junto a la Cruz de los Ladrones del CAAC. Andres Marín, junto a la Cruz de los Ladrones del CAAC.

Andres Marín, junto a la Cruz de los Ladrones del CAAC. / Juan Carlos Vázquez

El bailaor y coreógrafo Andrés Marín asegura que está "curado de cornás", que necesita "hacer cosas creativas, buscar los límites, pero con sentido", y sostiene que "la única manera de disfrutar, para mí, es ser libre". Por eso, cuando la pandemia complicó los ensayos y la puesta en escena de su visión de la Divina Comedia, este intérprete honesto y valiente no se acobardó, y empezó a calibrar a qué desafío podía enfrentarse en estas circunstancias. Y de esa reflexión surgió La vigilia perfecta, una obra tan singular como todas las suyas en la que Marín (Sevilla, 1969) se inspira en los hábitos de los monjes que albergaba el Monasterio de la Cartuja y recorre las estancias del Centro Andaluz de Arte Contemporáneo (CAAC). La cita con los espectadores que han adquirido las localidades será este sábado a las 21:00, pero desde las seis de la mañana de ese día, antes del amanecer incluso, él bailará las horas canónicas en una jornada que podrá seguirse por streaming en el canal de Youtube de la Bienal. Maitines, laudes, las horas prima, tercia, sexta, nona, las vísperas y las completas cobrarán una nueva vida en la silueta inquieta y brillante del coreógrafo.

Para esta propuesta, en la que anuncia homenajes a los obreros de la fábrica de Pickman que trabajaron en aquel espacio, a Samuel Beckett, que protagonizó una muestra en el CAAC, o a san Bruno, fundador de los cartujos al que inmortalizó Zurbarán en su visita al papa Urbano II, Marín ha reclutado al artista José Miguel Pereñíguez. El claustro mudéjar, la huerta, la Capilla de Afuera, la alberca al pie de la Cruz de los Ladrones, la Capilla de San Bruno, las Chimeneas o el Arco de Legos son algunos de los escenarios en los que intervendrán el bailaor y su equipo. Estancias "que conservan las trazas de la vida monacal e industrial, pero también huertas y jardines que nos hablan del paisaje como proyección del cuerpo y del espíritu, escenario de fatigas y contemplación", se dice en las notas del espectáculo.Pereñíguez explica la relectura que propondrá La vigilia perfecta de las dependencias del CAAC. "Por ejemplo, en el Arco de Legos, donde hay un mosaico casi disparatado con muchos azulejos, jugaremos con la idea de collage. En el vestuario de Andrés, en la recreación de su imaginario personal, incluso habrá un desmontaje de su manera de bailar", desvela el creador, para quien los cartujos, "al ser una orden cenobítica, hacer una vida comunitaria reducida y estar principalmente solos en sus celdas", encuentran un inesperado eco en este presente "en el que todos hemos tenido que estar metidos en nuestras casas, incomunicados, en ellos vemos cómo se puede asumir esa disciplina del aislamiento".

Marín baila ante el músico Alfonso Padilla. Marín baila ante el músico Alfonso Padilla.

Marín baila ante el músico Alfonso Padilla. / Juan Carlos Vázquez

En ese viaje que va del amanecer al anochecer, "y que va a ser como ver al Silencio una madrugá, vamos a acabar reventaos", bromea Marín, el bailaor buscaba "composiciones fuertes, contundentes, que no fueran cancioncillas". El sevillano, que ha "experimentado ya con todo tipo de músicas" en su trayectoria, encontró a sus aliados en los saxofones, "en plural, porque utilizará cuatro o cinco registros diferentes", de Alfonso Padilla y las percusiones de Daniel Suárez y Curro Escalante. Una banda sonora, "los acordes del pulso y el aliento", que envolverá una nueva proeza en la andadura de Marín, ese Quijote del baile que nunca tuvo miedo de la aventura. "Yo hago lo que siento", dice. "Te puede gustar más o menos una propuesta mía, pero no me puedes negar que le echo trabajo y que mis espectáculos siempre tienen muchas capas".

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