El presidente de la Junta, Juanma Moreno, en el interior del Palacio de San Telmo. El presidente de la Junta, Juanma Moreno, en el interior del Palacio de San Telmo.

El presidente de la Junta, Juanma Moreno, en el interior del Palacio de San Telmo. / Efe

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Moreno Bonilla, en un desayuno de Europa Press, se ha mostrado "preocupado" por los pactos de Sánchez con "sus amigos terroristas". Incluso para los registros de la campaña, cada vez más un descalzaperros en el barro, se trata de una frase terrible. Moreno Bonilla parece olvidar que es el presidente de todos los andaluces, y prefiere ejercer de meritorio de Casado y su retórica tabernaria. Ir de Casadillo, desde su rol institucional, es poco digno. Pero, sobre todo, no tiene sentido. Moreno Bonilla disfruta ahora de la púrpura del poder, mientras corren tiempos difíciles para todos sus rivales: Susana Díaz, sentada sobre el volcán del sanchismo, incómoda hasta en los mítines de su partido; Maíllo, que no acaba de tener el protagonismo justo, atascado en papeles secundarios; Vox, sin liderazgo definido, entre ocurrencias; y Juan Marín desdibujado tras la figura del portavoz que cataliza todo para el PP. Y sin embargo Moreno Bonilla, en lugar de aprovechar ese contexto, pisa charcos tan sucios como ése. Tal vez pretendía impresionar a Ayuso, que va de dura, pero el talante de Moreno no encaja con ese estilo rastrero. Y sobre todo resulta estupefaciente precisamente ahora, cuando inspira el respeto consustancial al cargo y ha pasado de pedir "llamadme Juanma" a que lo llamen Presidente, incluso Señor Presidente… Ahora que por fin existe el juanmismo, siquiera por obra y gracia de la aritmética parlamentaria, no era el momento de actuar como un canallita en la subasta electoral. Es pronto para decir que el cargo le va grande, pero es un gesto pequeño.

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Toscano presenta a la ministra de Hacienda, que en las quinielas de muchos figura como sucesora de Susana Díaz una vez que el sanchismo consume el martirologio de Su ex Susanísima, diciéndole: "Has sido consejera de Salud, consejera de Hacienda, hoy eres ministra y mañana serás lo que quieras". Hay descuartizadores más sutiles. Nadie quiere mencionar la frase, pero las miradas cortan como navajas. Se abre la veda para mencionar la soga en casa del ahorcado. Desde luego sanchistas y susanistas son como hermanos… concretamente como Caín y Abel. Por ahora corren ríos de tinta con la frase, pero antes o después correrá la sangre.

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La oposición, es lógico, ha cargado contra sucesiones y donaciones: ¡los ricos! ¡los ricos! La demagogia es el idioma universal de la oposición. Por supuesto es tentador cargar por ese flanco pero ocultar a la vez que en donaciones se corrige una fiscalidad abusiva de la izquierda: donde antes se pagaban 782,1 euros si un padre ayudaba a su hijo con 10.000 euros, ahora se pagará 7,82. Así dejará de hacerse en negro. Limitarse a ¡los ricos! ¡los ricos! es una caricatura de brocha gorda. Y desde luego se lo ponen muy fácil a la guardiana del PP, Loles López, para desnudar la demagogia de la oposición. Sin embargo, ésta fue su respuesta, con ese tono suyo como de estar siempre trinchando un cochinillo con un cuchillo sin afilar: "Ellos consideran que cuando una persona hereda lo que sus padres han sudado, no lo tienen que heredar, sino que se lo tiene que quedar el PSOE…". Ahí queda eso, ¡se lo tiene que quedar el PSOE! ¿De verdad creen que lo mejor para enfrentarse a la demagogia es más demagogia? Para vender un éxito, no hay que superar a la oposición en un duelo de cafradas. No aprenden, aunque al menos esta vez no le toca al portavoz del Gobierno, sino a la guardiana del partido. Pero no aprenden. Ni la corrupción se combate con más corrupción, ni la posverdad con más posverdad, ni la demagogia con más demagogia.

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