historias de algeciras

La medicina (LXII)

  • El solidario pueblo de Algeciras abrió sus puertas para alojar a los repatriados de uno u otro frente l El Hospital de la Caridad se convirtió en auxiliar del centro hospitalario militar

Los pobres de El Cobre también fueron incluidos en tan benéfico padrón. Los pobres de El Cobre también fueron incluidos en tan benéfico padrón.

Los pobres de El Cobre también fueron incluidos en tan benéfico padrón. / E. S.

De regreso a la estadística que comenzó en la entrega anterior, relativa al número de pobres de solemnidad admitidos por barrio o distrito en Algeciras, proseguimos con el de las afueras o Campo, componiendo un total de 179 integrados, repartidos entre los siguientes sitio o lugares: Choza del Río Ancho, 1; Rodeo, 5; Cortijo de la Oliva, 1; Patio de Camacho, 1; Tejar de Puche, 6; Barrio de la Villa Vieja, 2; Tejar de Duarte, 1; Tejar de Baglietto, 1; Tejar de Oliva, 1; Fuente de la Teja, 1; Tejarillo, 1; Acebuchal, 1; Suerte de Grass, 2; Cementerio, 1; Cortijo Real, 1; Suerte de Bálsamo, 2; Viña Cordero, 1; Cortijo Agueda, 1; Huerta de Pelayo, 1; Huerta de Macías, 1; Cortijo del Arca, 1; Suerte de Las Abiertas, 2; Argamasilla, 4; Huerta Ardalla, 2; Huerta de la Vega, 1; Cabreriza de la Vega, 1; Viña El Lobo, 1; San Bernabé, 2; Carretera Bálsamo, 4; Huerta del Escribano, 1; Suerte ó Chorro de la Esquina, 2; Paseo Cristina, 1; Viña Dagnino (Añino) 1; Huerta El Cobre, 1; Rejanosa, 1 y calle Carteya, 19.

Al mismo tiempo que los profesionales médicos habían de acudir a “tan lejanos parajes” para atender a los vecinos incorporados al padrón benéfico, también estaba entre sus cometidos la consulta en el Hospital Civil, para la cual a veces se requería en función a las especiales características del preso, el auxilio de otras instituciones, como por ejemplo la militar: “Sr. Alcalde al Sr. Gobernador del Campo. El Mayordomo del Hospital de la Caridad, de ésta me dirige el parte siguiente […], y por disposición de Vd el preso Rafael Guerrero que se menciona pasó al Hospital de Caridad, según oficio de VE del 18 que rige; lo traslado á VE por si estima disponer que con la guardia que lo custodia vuelva á la cárcel”. El citado preso que necesitaba de permanente vigilancia, estuvo agregado en la lista de pacientes del médico Torrelo, informando el responsable Pedro Valdés al Alcalde: “El Mayordomo de éste Hospital dá a VS conocimiento de que el médico de servicio Blas Torrelo, en la vista de esta mañana ha dado por curado y en estado de convalecencia, al preso Rafael Guerrero Durán, quién ingreso en este establecimiento por orden de VS. Al Sr. Alcalde Constitucional de esta Ciudad”.

Conflictos como los de Ultramar o Marruecos, hacían posible que en determinadas épocas de repatriación de los heridos, el Hospital de la Caridad se convirtiera en auxiliar del centro hospitalario militar, sito en la calle Imperial o Convento: “El soldado del Regimiento número 40, Manuel Requena Gómez que VS mandó ayer á este establecimiento para que descansara y continuara hoy su marcha, resulta que el médico en la visita de esta mañana ha manifestado que encuentra mucha gravedad en este individuo por cuya razón no puede continuar la marcha indicada. Todo lo que pongo en conocimiento de VS acompañando al mismo tiempo, el pasaporte por si VS necesita hacer uso de él. Sr. Alcalde de ésta Ciudad”. Tras la misiva del Mayordomo del Hospital, el alcalde algecireño envió al Comandante General del Campo, el siguiente oficio: “Procedente de Ceuta llegó á esta el soldado Manuel Requena Gómez, del 1º Batallón del Regimiento de Infantería de Málaga, número 40; con pasaporte que expresaba iba en expectación de licencia absoluta por inútil, como verá VE en el documento adjunto; pero llegó en tan mal estado que no era posible alojarlo y para que descasara dispuse que lo llevaran al Hospital de Caridad; allí ha permanecido, pero el Mayordomo de este Establecimiento, me remite hoy el parte siguiente […], y lo inserto á VE suplicándole se sirva disponer sea trasladado al Hospital Militar afín de que en él reciba la atención que no es posible facilitarle en el Civil”.

En aquella época de conjunción de conflictos, el solidario pueblo de Algeciras abría sus puertas para alojar a los repatriados de uno u otro frente; desgraciadamente para este soldado, los cuidados que necesitaba, no podían ser prestados en ningún hogar algecireño y posiblemente –dado su mal estado–, ni tan siquiera sanitario.

De igual modo, fue registrado documentalmente el siguiente ingreso: “Batallón Provincial de Oviedo nº 8. Pasa al Hospital Civil de esta plaza en expectación de licencia absoluta por proceder de la Quinta de 1899, el Cabo 1º Santiago González y García hijo de D. Ramón y de Dña. Antonia García, natural de Troncedo, Concejo de Tineo, provincia de Oviedo; y lleva las prendas vestuario que al margen se expresan. Prendas: pantalón de paño (1); chaqueta de bayeta (1) y borceguíes (1). Total 3. Fdo. El Capitán del departamento de Transeúntes. Del mismo modo fue acogido el soldado moronero, Antonio Galán Gallardo, quién de camino para su pueblo natal Morón de la Frontera, ha permanecido en este Hospital desde el día 22, saliendo hoy 28 con alta dada por el médico de servicio. Fdo. El Mayordomo Pedro Valdéz”.

En la solicitud de ingreso de enfermos en el citado hospital benéfico, además de la castrense, participaban otras instituciones: “Juzgado de Primera Instancia de Algeciras al Alcalde Constitucional. Benéficos Auxilios a Pedro Ruiz. Encontrándose herido de alguna importancia por una gran contusión en la cabeza el niño Pedro Ruiz (Matadero 99) y necesitando de algunos socorros para ayudar á su curativa y siendo un inconveniente su tierna edad para que pase al Hospital de Caridad para ser debidamente asistido; he creído de un deber ponerlo en conocimiento de VS por si pudiera facilitarle en su domicilio algún socorro con que atender á su estado, y si esto no fuera posible pase á dicho Establecimiento benéfico para que sea curado como el caso requiere”. Contestando la primera autoridad municipal al oficio del Juzgado: “Del Alcalde Constitucional al Juez de 1ª Instancia de esta Ciudad. Tan luego como recibo el oficio VS, fecha de hoy solicitando que por Beneficencia fuera auxiliado el niño Pedro Ruiz, insisto a sus parientes para que permitan su traslación al Hospital de Caridad, donde reciba asistencia con esmero, toda vez que de aquel establecimiento, no es posible extraer alimentos […], pero se oponen á esta traslación y de consiguiente no ha sido posible realizarla”.

En otros casos, dados los exiguos presupuestos que los ayuntamientos poseían en general, pero muy particularmente para actividades benéficas, los municipios vecinos han de remitir, en caso de necesidad, a los naturales de cada población a su Consejo: “Alcaldía Constitucional de la Ciudad de San Roque. Al Alcalde Constitucional de Algeciras. Beneficencia. Dolores Moya. Remito á disposición de VS á Dolores Moya Muñoz, natural de esa Ciudad, pobre enferma […], ha fin de que se sirva Vs disponer, si lo estima conveniente, ingrese en esa Casa de Beneficencia, según solicita aquella”. Y como no, el camino de la “recomendación” también estaba presente para conseguir cama: “Muy Sr. mío y de mi aprecio: después de saludarle le suplico se sirva actuar y despachar á la mayor brevedad un expediente de ingreso de una joven, de quién le habrá hablado en esa María Cano –la Sra. Cano ejercía como matrona en el Hospital Civil, tenía su domicilio en calle Prim–, la cual interesada mas que nadie me ha remitido dos cartas con el fin de que conozca su objeto […], ruego a Vd lo remita cuanto antes al efecto”. Lo escueto de la nota, la omisión de los datos de la joven y la especialidad de la señora Cano, así como la rápida respuesta al requerimiento: “Está muy deprisa”, puede hacer pensar en un posible embarazo, fuera de las rigurosas reglas sociales de la época, y aún más rígidas de aplicación en caso de pertenencia de la futura parturienta a la alta sociedad.Continuando con la estadística compuesta por la Junta de Sanidad Local, sobre los asistidos por barrios o distritos de Algeciras, el siguiente en ser observado, fue el de San Isidro: “Calle Sevilla, 25; calle Alta, 29; Carretas, 37; Secano, 35; Calvario, 11; calle Buen Aire, 43; calle San Antonio, 67; calle Rocha, 4; calle Jerez, 58; calle Montereros, 46; Plaza San Isidro, 6; calle Los Guardas, 32; calle Nueva, 82; calle Gloria, 77; calle Carraca, 4; calle de Jesús, 47. Total 586, bajas incluidas.

La situación geográfica de nuestra ciudad, hace posible que el Hospital Municipal se convierta en el punto de referencia en caso de necesidad de asistencia médica para extranjeros: “Vice Consulado de Portugal en Algeciras (sello). Al Sr. Alcalde de esta Ciudad. Muy Sr. Mío: necesitando ingresar en el Hospital de Caridad de esta Ciudad, con objeto de restablecer su salud el súbdito portugués Antonio Fernández, espero merecer dé las órdenes oportunas para que dicho individuo ingrese en el expresado Establecimiento, abonándose por este Vice-consulado la estancia que aquel cause. El encargado del Vice-consulado. Agustín de Otero”. En aquella época, entre dos siglos, existía como figura auxiliar del ayuntamiento y con ciertas competencias muy limitadas, la del Alcalde de Barrio, cuyo origen se remonta a la segunda mitad del siglo XVIII. En nuestra ciudad, existía un responsable vecinal por distrito o barrio, que también tenía su importancia para la sanidad local, como lo demuestra el siguiente documento consultado: “En este mismo instante acaban de darme parte de que en la orilla del Río, había un enfermo de gravedad, y careciendo de todo auxilio de Botiquín, Médico y demás cosas necesarias aplicables para la salud pública, y viendo además que dicho enfermo llamado Francisco Soto, es pobre de solemnidad con 37 años de edad, sin esposa, hijos, hermanos, ni nadie que lo cuide, he determinado como Alcalde de Barrio, dirigirme á VS para que sea admitido en el Hospital de la Caridad, sin perjuicio que con la misma le doy parte al Sr. Alcalde 1º de Barrios para que se dirija á Vs para el efecto. Dios guarde. Fdo. Alcalde de Barrio José García Señor. Al Sr. Alcalde 1º de la Ciudad de Algeciras”.

En el proceso de ingresos y salidas del Hospital Municipal, el exceso de trámite administrativo por paciente, determinaba el que alguno ocupara cama más tiempo del debido, mientras otros esperaban turno de asistencia: “El médico al Mayordomo del Hospital. El preso José Morón Sánchez, se hallaba enfermo, y en el día de la fecha se encuentra restablecido de la afección pleural superada”.

El citado oficio que se generaba dentro del centro y para el responsable del mismo, posteriormente era remitido para el Alcalde, como máxima autoridad de la sanidad local, quién a su vez lo reenviaba a la autoridad competente para que el traslado –en este caso a la cárcel–, se hiciera con las medidas de seguridad oportunas; mientras tanto el paciente restablecido, esperaba la resolución administrativa, al mismo tiempo que el enfermo entrante –pacientemente– quedaba expectante para ocupar la cama que “prontamente” quedaría libre. En otras ocasiones, el procedimiento se dilataba aún más debido a las circunstancias personales del enfermo: “En el día de ayer falleció en este Hospital, Dña. Dolores Liaño Sara, viuda, sin hijos que habitaba en la calle Munición nº 24; sin que durante la permanencia en el recinto, se haya presentado nadie como interesado. Fdo. El Mayordomo. Al Sr. Alcalde de la Ciudad”. Una vez recibido el oficio en la Alcaldía, el alcalde agregó marginalmente: “Trasládese al Juez de 1ª Instancia”. En este caso, si bien el trámite podría alargarse, la cama quedaría libre al pasar el cadáver a la zona de mortuorio por tiempo muy limitado –dado los medios de conservación propios de la época–, por lo que sin duda, los fallecidos recibirían cristiana sepultura, aún cuando el trámite administrativo no estaba resuelto. La biología no respetaba el procedimiento.

Engorrosos expedientes administrativos aparte, el pobre presupuesto municipal destinado al Hospital de la Caridad –21.457 pesetas para hospital y beneficencia– obligaba a mirar muy detenidamente el gasto de cada céntimo, pasando los cargos a las instituciones implicadas: “El Administrador al Sr. Alcalde de esta Ciudad. En contestación al oficio de VS tengo que manifestar que el preso Juan Durán García que ingresó en este hospital, según orden el día 27 […], ha salido el 14 de Enero, habiendo causado 18 estancias, y siendo su importe de 28 pesetas con 25 céntimos”. El alcalde anota marginalmente en el mismo oficio: “Contéstese al Juez militar que pide estas cantidades”. Las formas se respetaban, los procedimientos también; pero los pagos, como se ha podido comprobar en otras entregas, se hacían esperar. Pero esa, es otra historia.

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