Historias de Algeciras

El crimen de los blanquillos (y II)

  • Una turba incontrolable intenta linchar a los tabacaleros que asesinaron a tiros a tres contrabandistas l 7.000 algecireños acudieron al sepelio l Tuvo que intervenir el ejército

En la Perseverancia se celebró una becerrada a beneficio de las familias de las victimas. En la Perseverancia se  celebró una becerrada a beneficio de las familias de las victimas.

En la Perseverancia se celebró una becerrada a beneficio de las familias de las victimas.

Si bien las autoridades respondieron rápida y adecuadamente tras el incidente, esto en modo alguno pudo parar la tensión que en aumento iba creciendo en todo la ciudad de Algeciras. El enfrentamiento con los blanquillos venía de muy atrás y este grave suceso era la gota que colmaba el vaso de una población cada vez más acuciada por el hambre y la necesidad, encontrando en la actividad del contrabando o jarampa –practicada en pequeña escala diariamente hasta por los hombres y mujeres que volvían en los vapores de Gibraltar después de una dura jornada laboral–, una salida para complementar sus ínfimos sueldos.

Prosigue la documentación relatando:“Eran aproximadamente las 6 de la mañana del domingo y ya el público tenía noticias de los asesinatos de la noche anterior y de que los criminales se encontraban detenidos en el cuartel de la Tabacalera situado al Sur del Río de la Miel, contra quienes se disponían a tomar la justicia por su mano. La indignación aumentaba por momentos y las gentes acudían a tropel a esperar la salida de los tabacaleros. Pero la Guardia Civil y la Policía apercibida de lo que iba a ocurrir, hubo de sacar a los cuatro reos del referido cuartel y atravesando veredas y cañadas por la Villa Vieja, salieron a la carretera de Tarifa donde les aguardaba un coche de caballos para conducirlos a la cárcel. Más como por todos lados estaban las gentes dividida y en actitud hostil, esperando el paso de los de la Arrendataria. Al entrar en el pueblo el coche, la muchedumbre comenzó a apedrear el convoy obligando a detenerse el vehículo. El mayoral calló al suelo de una pedrada y los malos espantados se metieron en la cuadra del parador de La Madrileña (posteriormente San Antonio, en la Plaza Juan de Lima, propiedad de Nicolás Marcet), cerrando las puertas de las cuadras inmediatamente y gracias a la rapidez con que esto se hizo, se libraron de las iras populares. La turba amotinada empezó la pedrea más horrorosa que se ha presenciado –prosigue el relato–, y de la que no escapó bien librado el edificio, resultando herido de consideración un paisano y varios contusos entre ellos dos guardias, las proporciones que el motín iba tomando era imponentes y el peligro para los presos inmediato. Pero la pronta llegada del Gobernador Militar a quién acompañaban sus ayudantes el Jefe de Día, el Teniente Coronel de la Guardia Civil, con numerosa fuerza de ese Instituto, calmaron los ánimos, disolviendo en parte la masa compacta de criaturas que allí había. Sin embargo, los manifestantes tomaban posiciones en las bocacalles dispuestos a linchar a los Tabacaleros.

Entre cinco parejas de la benemérita, el cabo Sr. Domínguez, y una sección de Caballería al mando del primer teniente D. Miguel López, fueron sacados los reos por una puerta que da a la calle Tarifa y a todo correr emprendieron la marcha seguidos por un imponente número de hombres y mujeres que con vocerío ensordecedor arrojaban sobre la comitiva piedras enormes y todo lo que a su paso encontraban, resultando también no pocos contusos. Al fin hubieron de ser encerrados y bien podemos asegurar que pocos delincuentes se contarán que hayan entrado en la cárcel con más deseo que nuestros referidos para librarse de las iras populares. Verificado el encierro de los criminales, se dirigieron los manifestantes a la casa habitada por el Jefe de la Tabacalera en esta zona D. José Céspedes y a pedradas destrozaron persianas, cristales y puertas y todo el mobiliario de las habitaciones del frente a La Marina, llegando á tomar el tumulto carácter tan serio que tuvo la Guardia Civil y Policía que repartir palos á discreción para despejar, pero lejos de cejar en su empeño, la turba deseosa de venganza encaminose a la administración Subalterna, repitiéndose allí la pedrea teniendo que intervenir la fuerza armada. Entre los que más fuerte arrojaban piedras, vimos a dos hermanos de los asesinados. La actitud del pueblo continuaba siendo hostil, pero en la mañana del siguiente lunes, el sepelio del infortunado Miguel Manso, último de los fallecidos a consecuencia de la agresión de los tabacaleros, al que asistieron unas 7.000 personas en medio del silencio más religioso en señal de duelo y protesta contra los individuos de la Arrendataria y que presidían respetables autoridades civiles, viéndose en la manifestación a valiosos elementos de todas las clases sociales, pués afirman personas de muy avanzada edad no haber conocido manifestación más imponente y numerosa. Al llegar los manifestantes con el cadáver frente a la Comandancia General no faltó, como casi siempre sucede un desheredado de la Providencia pretendiendo aprovechar la oportunidad para lucir sus cualidades de embustero, y este incidente que hizo que el duelo que hasta entonces había sido de unánime protesta contra los asesinatos cometidos la noche anterior, se convirtiera en algazara, dando por resultado que algunos grupos sin importancia, apedrearan la fachada del Gobierno Militar, y que tuvieron que intervenir fuerzas de Caballería del Ejército, la Guardia Civil, la Municipal y Orden Público para dispersarlos. Durante este acto –prosigue el relato de los incidentes durante el entierro–, las tropas de la guarnición estuvieron acuarteladas y la benemérita que había sido concentrada estuvo haciendo los servicios de patrullas por las calles en las que no se veía á nadie, estando cerrados absolutamente todos los establecimientos y casas particulares, presentando la población un estado anormal. Estos son los hechos de los que durante largo tiempo, conservaran nada gratos los agentes de la Tabacalera, como tampoco se borrara de la mente de todo algecireño la impresión tan dolorosa que produjeron los referidos crímenes”.

El Ayuntamiento días más tarde, en la sesión plenaria acontecida el día 3 de Agosto, acordó entre otros puntos: “Que el Consistorio contribuya con la suma de 250 pesetas á la suscripción iniciada para socorrer a las familias de los tres marineros muertos recientemente por los agentes de la Compañía Arrendataria de Tabacos”. El semanario local La Revista también se sumó a la suscripción popular: “En favor de las viudas e hijos de los tres desgraciados muertos por los tabacaleros, está dando tan buenos resultados que a la hora presente tienen recaudadas aproximadamente la cantidad de 2.500 pesetas. En ella han contribuido con su óbolo hasta los menesterosos que se apresuraban a entregar las limosnas recogidas para sus necesidades momentos antes. Es digna de todo elogio la actividad desplegada en fomentar la suscripción por los señores D. Eduardo F. Fontecha, D. Antonio R. Sánchez Ossety, D. Luís Morón y D. Antonio Morilla que forman parte de la comisión recaudadora de fondos”.La puesta en marcha de la solidaridad para con las familias de las víctimas también sensibilizó al mundo taurino local: “La becerrada que a causa de los disturbios pasados fue suspendida el último domingo se celebrará esta tarde, destinándose los productos que se obtengan para socorrer a las familias de los desgraciados del pasado sábado 28. Deseamos que el público algecirense (sic) que tantas pruebas de nobleza tiene dadas en cuanta ocasiones ha tenido de probarlo, acuda esta tarde a nuestro circo taurino. En ella actuarán los jóvenes espadas D. Rafael Morilla y D. Enrique Nieto con sus correspondientes cuadrillas de picadores y banderilleros que las forman también jóvenes aficionados”. Tres meses más tarde de los graves sucesos acontecidos en Algeciras, el ministro de Marina se dirigió al de

Hacienda en los siguientes términos: “Excmo. Sr. Enterado de la Real Orden de ese ministerio de 1º de Septiembre último, dando cuenta de las manifestaciones hechas por la Compañía Arrendataria de Tabacos, sobre el incremento que va tomando el contrabando de este articulo, especialmente en el Campo de Gibraltar, lo que atribuye al abandono en el que se halla el servicio de guarda-costas, a consecuencias de las continuas supresiones de buques y personal acordadas por este ministerio, y que ha dado además lugar a qué, confiada la represión al fraude a los escasos elementos de que dispone dicha Compañía, hayan ocurrido en Algeciras los deplorables sucesos de la noche del 28 de julio último, viéndose por ello obligada a ordenar a sus empleados que no extremen la persecución, aprovechándose los contrabandistas de este estado de cosas para hacer impunemente sus trabajos defendiéndose si es necesario con las armas contra dichos empleados; e interesa la referida Compañía que para normalizar ese servicio, se asigne por este ministerio un buque vapor de guerra a Algeciras, o bien que se dote a aquella Comandancia de Marina, con veinte marineros, para que, en unión de los empleados de la Compañía, tripulen las embarcaciones de la misma, llevando así con su carácter de marineros del Estado, la fuerza y atribuciones de que hoy carecen aquellos empleados para la represión del contrabando. Considerando que lo ocurrido en Algeciras la noche del 23 de Julio último solo puede achacarse a exceso de celo de los empleados de vigilancia de la repetida Compañía […], S.M. El Rey (q.D.g.), y en su nombre la Reina Regente, ha tenido a bien disponer: 1. Que atendiendo a la petición de la Compañía Arrendataria de Tabacos se destine un buque de guerra de vapor o cañonero a Algeciras, para ejercer la vigilancia de su bahía y costas adyacentes, a cuyo efectos se pasan con estas fechas las ordenes oportunas al Capitán General de Cádiz. 2. Que siendo contrarias a las reglas universales admitidas del derecho internacional marítimo, las facultades concedidas á los buques de la Compañía Arrendataria de Tabacos en el vigente reglamento que rige con el carácter de provisional, se entenderá que solo puedan ejercer los que se determinen en los artículos 5,7,10,12 y 13 dentro de los puertos y ríos navegables que no sean fronterizos. 3. Que manifiesta a V.E. la conveniencia de que se tenga presente al hacer el nuevo convenio con la citada Compañía, lo mermadas que quedan las facultades del Gobierno y la soberanía del Estado con cláusulas como las contenidas en las condiciones 10ª y 2ª del actual convenio, y que conviene no pueda darse el caso como actualmente ocurre, de que el Estado haga dolorosas economías en un servicio y que la Compañía pueda gastar en otro de la misma índole, pero sin la eficacia del Estado, y á costa del Erario, sumas superiores á las que se trataron de economizar. 4. Que se proceda a hacer el estudio de un plan de vigilancia y de buques adecuados al servicio de guarda-costas. Es asimismo la voluntad de S.M. De se dé noticias de esta resolución al Consejo de Estado para que la tenga en cuanta a emitir sus informes sobre la aprobación definitiva del referido reglamento. De Real Orden lo digo a V.E. para su conocimiento y afín de que se sirva dictar las disposiciones convenientes para que por la Compañía Arrendataria de Tabacos y los funcionarios dependientes de ese Ministerio se observe su debido cumplimiento. Dios guarde a V.E. muchos años. Madrid a 6 de octubre de 1900. Francisco Silvela. Sr. ministro de Hacienda”.La noticia de los sucesos ocurridos en nuestra ciudad, como se ha podido comprobar, llegaron hasta la corte y sus ministerios, quedando todo en un estudio y refuerzo de la vigilancia; en ningún momento, se plantearon otras medidas de carácter social y laboral que paliaran la grave situación por la que estaba pasando la población algecireña. Del estudio de vigilancia no queda constancia; el vapor cañonero se marchó, pero la necesidad y el hambre se habían quedado y para muchas décadas, por lo que la actividad de la popular jarampa volvió a ejercerse, convirtiéndose al igual que en el pasado –no olvidemos el artículo X del manido Tratado de Utrech (1714), en el que se estableció, entre otras: Si se aprehendieran algunas mercaderías introducidas por Gibraltar, ya para permuta de víveres o ya para otro fin, se adjudicarán al fisco y presentada queja de esta contravención del presente Tratado serán castigados severamente los culpados– en seña de identidad de Algeciras y del resto de la zona.

De vez en cuando se reforzaban las medidas de vigilancia, pero en pocos días se volvía al rutinario contrabando del que todos sacaban tajada. De aquellos lejanos barros que se conformaron por la desidia y el olvido gubernamental hacia la comarca, se fueron instaurando durante décadas unos lodos incrustados en determinadas capas de la sociedad, cuya desaparición se prevé harto difícil, pues requiere un cambio de mentalidad tanto en los organismos que han de generar las medidas correctoras, como en las personas receptoras de las mismas. Pero esa es otra historia.

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