Campo Chico

Mucho más que de Feria

  • Cuando se crea 'Los Juncales', un joven teniente de infantería, Ramón Robles Pazos, se encarga de la decoración de la caseta

  • En 'Los Camborios', Antonio Rubio Díaz lideró, en 1970, la creación de la Sociedad del Cante Grande

Cartel de la Feria Taurina de 1976.

Cartel de la Feria Taurina de 1976.

Aquellos últimos años sesenta y primeros setenta no sólo anunciaban un tiempo nuevo en el ámbito de la economía y de las sociedades del Campo de Gibraltar. Paralelamente inocularían en la gente la idea de que había vida al norte de la verja, al margen de la colonia. No sé si la Providencia estaba en el asunto, pero el caso es que era el día de un sabio y santo varón bávaro, cuyo nombre, Albrecht von Bollstädt, se latinizaría en Albertus Magnus. Doctor universalis, dominico, estudiante en Padua, profesor en Colonia y en París y maestro de Tomás de Aquino, entre muchas más que notables señalizaciones. El día 15 de noviembre de 1965, se puso en marcha el Plan de Desarrollo Económico y Social del Campo de Gibraltar. Para entonces el Gobierno de España ya había decidido proceder contra los abusos y las violaciones del Derecho internacional perpetradas por la pérfida Albión. Así que se embarcó en el empeño de vitalizar una comarca que era poco más que un páramo para solaz de yanitos y viajeros impertinentes. Unos días antes de comenzar la Feria de Algeciras de 1969, se cerraría la cancela del acceso desde Gibraltar a La Línea, que el Gobierno Militar había hecho colocar en su día, junto a la verja construida por el Reino Unido en 1908.

Ya ha transcurrido más de medio siglo desde entonces y son muchos los que siguen sin enterarse; tal vez porque no quieren, quizás porque creen que no les conviene o porque están convencidos de que así les va mejor; de cuáles son las causas y cuáles los efectos de ese anacronismo colonial militar que nos trajo un mal tiempo. Apenas si hay nada que no cumpla cincuenta años, más o menos, en el Campo de Gibraltar. De por entonces, en la Feria de Algeciras de 1969, apareció una caseta con una definición que no tenía precedentes: Loz der pueblo. Bien que desde muchos antes existiera Los Juncales, situable en la protohistoria de la presencia en la Feria de la sociedad civil algecireña, no asociada a iniciativas institucionales. Los Juncales fue creada por la pequeña burguesía algecireña, a finales de los años veinte. José Antonio Valdés cuenta en su Algeciras Romántica (1983) que fue una iniciativa de un grupo de socios jóvenes del Casino, que querían organizar su feria de modo más divertido que lo suponía someterse al rigor de sus mayores. Nació como El Cortijo de los Juncales, probablemente en 1927, como asegura Cristóbal Delgado, o tal vez en 1931, como propone Valdés.

Si fue en 1927, ni siquiera había transcurrido un año de la Sanjuanada, el intento de golpe de Estado del día de San Juan (24 de junio de 1926). La todavía joven dictadura del general Primo de Rivera, que el golpe fuera abortado y que el 18 de abril de 1927 empezara el consejo de guerra contra los acusados, pudieran haber creado un ambiente propicio a que los jóvenes trataran de desprenderse de sus ataduras familiares y sociales. El golpe pretendía restablecer la monarquía parlamentaria y la Constitución, entonces suspendida. Si fue en 1931, recién proclamada la Segunda República, no era mal momento para la euforia, dado que no se sabía lo que iba a ser de España en el futuro inmediato. De modo que lo más prudente es decir que entre 1927 y 1931, nació esa caseta que se mantuvo en el tiempo y rompió con los convencionalismos de las dependencias institucionales. Los Juncales fue un desiderátum, se desató el entusiasmo y el Pabellón del Casino, la gran caseta para socios, empezó a ser lo que acabaría siendo, el Casino Cinema; un lugar para el cine, el teatro y la revista, tan bien recibida en la época. La vieja sociedad montaría como alternativa una bella y amplia caseta en madera y cristal. Luego ahí estaría el cine Almanzor, a la entrada y a la izquierda de la avenida, y allí se crearía la Sociedad Algecireña de Fomento y la primera biblioteca abierta que tuvo Algeciras. Rueda, el padre de Pilar, de nuestra pandilla, era el bibliotecario. Posteriormente, sociedad y biblioteca se trasladaron más allá, al edificio donde radica hoy la Peña Miguelín.

Hay dos circunstancias ligadas a nuestra tan añorada Feria, en las que es oportuno detenerse. Cuando se crea Los Juncales, un joven teniente de infantería, Ramón Robles Pazos, gallego, nacido en Santiago de Compostela, en una familia de la alta burguesía regional, se encarga de la decoración de la caseta. Algo similar a lo que durante años hizo nuestro querido e inolvidable Helmut Siesser, con algunas de las que fueron apareciendo en la espectacular eclosión de los años setenta. Sería muy emocionante volver, para aquel muchacho que cumplía, integrado en la peculiar idiosincrasia algecireña, en los años previos a la proclamación de la Segunda República, su primer destino. Después de una agitada carrera y en días próximos a la Feria de 1961, regresó con el empleo de general de división. El día 15 del mes de junio de ese año, sería nombrado Gobernador Militar del Campo de Gibraltar.

La segunda circunstancia se dio en 1970, en una de las nuevas casetas que transformaron por completo la estructura social de la Feria, la hicieron más andaluza y mucho más participada y abierta. La Feria se convirtió en un espectáculo formidable, situándose entre las más importantes y acogedoras de Andalucía. Los carteles de la Feria Taurina de Algeciras destacaban sobre todos los de las plazas de la misma categoría. A la solera acumulada desde 1850 y a la relevancia de las figuras que hicieron el paseíllo, primero en La Perseverancia, después en Las Palomas, se añadiría el dinamismo de una sociedad que progresaba a una velocidad de vértigo. La guinda la puso Crescencio Torés Butrón creando en 1985 las Jornadas Taurinas de Algeciras, sin duda entre las más relevantes del mundo de la Tauromaquia; albergadas en una de las zonas más densas del mundo, en la crianza del toro de lidia. Pues bien, en una caseta que pudo haberse llamado El Patio del Camborio y se llamó Los Camborios, Antonio Rubio Díaz lideró, en 1970, la creación de la Sociedad del Cante Grande. Y la puso en marcha ese mismo verano, en un local de la calle Larga, propiedad de la empresa del bar 'Los Pulpos'; con la ayuda activa, entre otros, de sus compadres, Juan Guerrero Soriano e Ignacio Pérez de Vargas Luque y de su amigo Miguel Lozano Tello.

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