Policía Nacional
  • Desde la Brigada de Extranjería de Algeciras se investigan las redes de tráfico de personas para explotación sexual que operan en el Campo de Gibraltar desde hace más de una década

Lucha policial contra la trata: combatir la esclavitud del siglo XXI

La Policía Nacional, en una redada en la calle Teniente Riera de Algeciras La Policía Nacional, en una redada en la calle Teniente Riera de Algeciras

La Policía Nacional, en una redada en la calle Teniente Riera de Algeciras

Nacho Marín

Escrito por

· Raquel Montenegro

Jefa de Local

Mujeres africanas, europeas del Este, sudamericanas. Completamente engañadas o desconociendo las condiciones de esclavitud que se iban a encontrar en España. Obligadas a usar drogas para aumentar los beneficios, cocaína y MDMA. El estremecedor relato de la trata de personas con fines de explotación sexual ha ido modificándose con el paso de los años, pero el fondo permanece: la trata sigue siendo uno de los negocios ilícitos más lucrativos en Europa, donde se calcula que los grupos criminales obtienen unos beneficios de 2.500 millones de euros al año y que una de cada siete mujeres en la prostitución han sido esclavizadas a consecuencia de la trata (datos de la Oficina de Naciones Unidas contra la Droga y el Delito). Esa realidad tiene su reflejo en el Campo de Gibraltar, donde los cuerpos de seguridad desarrollan operaciones cada año contra este delito y donde este es relativamente frecuente porque “hay mucha demanda”.

Lo explica así Carlos Fernández Cantero, jefe de la Brigada de Extranjería de la Comisaría de Algeciras. Durante 13 años, ha estado al frente de la unidad de la Ucrif (Unidad Contra las Redes de Inmigración Ilegal y Falsedades Documentales) encargada de investigar la trata de personas con fines de explotación sexual, desde antes incluso de que el Código Penal regulase este delito en 2010. Y en ellos, en una treintena de operaciones, ha visto de todo: mujeres prostituidas por sus parejas o madres, otras con síndrome de Estocolmo hacia sus proxenetas, chicas que tras sufrir la explotación durante años están destrozadas psicológicamente, quienes vinieron engañadas y otras conscientes de que iban a prostituirse pero que no se imaginaban cómo iban a abusar de ellas. Víctimas que “han sido captadas en zonas muy deprimidas, con mucha necesidad económica” y a las que se les ha prometido un futuro mejor en España. el delito

La trata se define como “la captación, el transporte, el traslado, la acogida o la recepción de personas, recurriendo a la amenaza o al uso de la fuerza u otras formas de coacción, al rapto, al fraude, al engaño, al abuso de poder o de una situación de vulnerabilidad”, siempre con fines de explotación. Esta incluye “como mínimo, la derivada de la prostitución y de otras formas de explotación sexual incluida la pornografía, trabajos o servicios forzados, la esclavitud o prácticas similares a la esclavitud, la servidumbre o la mendicidad, las actividades delictivas y la extracción de órganos corporales”. Según datos del Ministerio del Interior, solo en el año 2020, fueron identificadas en España 160 víctimas de trata con fines de explotación sexual (67 en Andalucía) y 3.892 personas en situación de riesgo, la mayoría de ellas mujeres (también tres menores).

Carlos Fernández Cantero, jefe de la Brigada de Extranjería de la Comisaría de Policía Nacional de Algeciras Carlos Fernández Cantero, jefe de la Brigada de Extranjería de la Comisaría de Policía Nacional de Algeciras

Carlos Fernández Cantero, jefe de la Brigada de Extranjería de la Comisaría de Policía Nacional de Algeciras / Jorge del Águila

Bajo ese paraguas legal trabaja la Policía Nacional para tratar de desarticular las redes que operan en el Campo de Gibraltar, que van cambiando, y liberar a las mujeres explotadas (también ha habido algún hombre, pero es la excepción). A principios de la década pasada había muchas víctimas de Europa del Este, traídas por organizaciones rumanas o búlgaras, las más violentas: les daban palizas, amenazaban a sus familias, había secuestros. “El caso más grave que tuvimos aquí fue precisamente de una red que explotaba a las chicas en clubes de alterne mientras los proxenetas, que también eran sus parejas, estaban en un chalé de alto standing en Marbella. Ellas trabajaban todos los días, solo libraban uno; ellos aprovechaban la noche para asaltar chalés. Mientras nosotros estábamos investigando la red, una de ellas escapó y como no contactaban con ella el jefe de la red decidió venir a España a buscarla. Nuestra prioridad era encontrarla antes que él”, explica Carlos Fernández. Lo consiguieron. La organización fue desarticulada, detenidos todos sus integrantes y la chica quedó libre.

Otro caso delicado fue el de una joven que apareció caminando por la carretera de Pelayo con signos de violencia. Fue encontrada por la Policía Local de Algeciras y derivada a la Nacional. A la chica le habían dado una paliza y la habían encerrado, pero consiguió escapar. Su aparición derivó en la desarticulación de una red búlgara que obligaba a las mujeres no solo a prostituirse, sino a emborrachar y drogar a los clientes para robarles las tarjetas de crédito. La red tenía toda una infraestructuras de pubs e incluso alguna persona en una entidad bancaria que facilitaban el fraude.

De Sudamérica

Las redes europeas del Este que destacaban entonces dieron paso a otras. Entre las víctimas hubo muchas mujeres africanas que entraban de forma irregular en España, pero con el cambio en las rutas migratorias ese flujo se redujo y desde entonces la mayoría de las víctimas de trata son sudamericanas. Se detecta otro cambio en su perfil: sigue habiendo mujeres que vienen engañadas y son forzadas a prostituirse, pero también aparecen otras que sí son conscientes de venir a ejercer la prostitución, con muchas necesidades en sus países de origen y a las que las organizaciones les plantean el viaje a España como una forma de ganar mucho dinero para sus familias, pero a las que no se les explican las condiciones reales en las que vivirán y se prostituirán. Ni se las imaginan.

“A principios de este año tuvimos el caso de una chica a la que habíamos hecho un seguimiento que cuando llegó aquí recibió las órdenes y la primera noche hizo un servicio de diez horas”, explica Fernández. Se les imponen deudas elevadísimas por el viaje y pagos por la habitación o la comida, porcentajes muy altos del dinero que cobran por cada servicio. Y también se usa la violencia y la coacción, incluso empleando supuesta magia negra.

En la operación Palomo, la última cerrada, entre Algeciras y Jerez se detectó a un grupo de mujeres obligadas a permanecer 24 horas en las residencias en las que estaban; tenían que estar disponibles todo el día. En el caso de otras, sí podían entrar y salir, pero pagaban una cantidad abusiva y servicios que no recibían para poder ejercer la prostitución, algo que también está tipificado como explotación sexual. En esta operación se liberó a nueve mujeres, cinco de las cuales fueron declaradas víctimas de trata. Hubo cinco detenidos.

“Abusan de la necesidad económica de las personas”, explica Fernández, “y las mujeres muchas veces no son conscientes de que están explotándolas hasta que no se lo explicas detenidamente”. Cómo van a estar abusando de mí si yo me prostituyo voluntariamente, se plantean, sin tener en cuenta que las condiciones en las que están haciéndolo sobrepasan todo lo admisible. Incluso cuando lo expone la Policía desconfían, porque en sus países de origen en muchas ocasiones hay corrupción en los cuerpos policiales.

La investigación

Esa desconfianza suma dificultad para investigar sobre la trata de personas. En muy pocas ocasiones hay una denuncia de una víctima; las investigaciones son muy proactivas, los propios agentes de la unidad se encargan de vigilar aquellos lugares en los que pueden darse la trata y explotación sexual, mientras que en otras ocasiones una denuncia vecinal puede poner en alerta a la Policía. “Una investigación puede durar entre seis meses y dos años, hay que tener mucha paciencia para ir recopilando información y tener en cuenta que aquí lo que está en juego es la vida de las personas”. Seguimientos, vigilancias y la recopilación de datos van sumando piezas a un puzle que es complicado de encajar por la movilidad de las mujeres, a las que las redes cambian de sitio, o por las dificultades para acceder a un piso, que es el lugar en el que ahora se ejerce mayoritariamente la prostitución. A veces, la declaración de una chica es el elemento que encaja todo, pero en muchas ocasiones no se cuenta con ella. Cuando el puzle está completo llega el momento de actuar, esperando hasta garantizar que pueda caer la red al completo para ayudar al máximo posible de víctimas. El siguiente paso es lograr una condena judicial, cuestión que también es complicada. A veces una víctima no declara, por miedo o porque han amenazado a su familia. Y ese testimonio es la clave.

Una víctima de trata liberada por la Policía Nacional Una víctima de trata liberada por la Policía Nacional

Una víctima de trata liberada por la Policía Nacional / Erasmo Fenoy

“Cuando hacemos una operación a todas las chicas se les ofrece la posibilidad de salir del circuito”, explica el jefe de la brigada de Extranjería. A priori, a todas las mujeres en una situación vulnerable se les considera víctimas potenciales, después quedarán las declaradas víctimas de trata. Al acercarse a estas mujeres, la Policía se marca como objetivo “ser muy respetuosos, no victimizarlas ni juzgarlas”. Se les ofrece el apoyo policial y de entidades especializadas, que dan una asistencia integral, porque “si no das una cobertura de necesidad básica es muy difícil que puedan salir de ese circuito. Necesitan ayuda psicológica, apoyo para la búsqueda de empleo”. Tras ser liberadas, hay mujeres que piden apoyo para el retorno voluntario, otras se quedan. Y hay chicas que deciden seguir en la prostitución, pero ya “sin nadie que las explote”.

El perfil de los explotadores es variado. La trata de personas puede ser desarrollada por grandes organizaciones internacionales o por un grupo pequeño. Incluso de una mujer que fue víctima en su día, logró pagar su deuda y se convierte en madame, estableciendo una pequeña red con un captador, alguien que haga el traslado y ella. “Tuvimos el caso de una madame que le decía a sus explotadas ‘si tú me traes una chica te doy la carta de libertad y así conseguía nuevas víctimas”.

También ha ido variando el marco de la explotación: de los clubes a los pisos, y en los últimos tiempos las fiestas blancas, fiestas privadas para clientes habituales cuyo lugar de celebración se comunica en el último momento y para las que se buscan un grupo de mujeres y cocaína. El uso de drogas se ha ido extendiendo para aumentar las cuentas, pero también “para que las chicas se desinhiban más y atraigan más clientes”. Porque hasta para la prostitución funciona la evaluación social, con valoraciones a través de las redes.

El trabajo realizado sobre la trata desde la Unidad Contra las Redes de Inmigración Ilegal y Falsedades Documentales la Comisaría de Algeciras fue reconocido en 2019 con un premio Menina del Ministerio de Presidencia, un galardón que reconoce la labor de entidades, asociaciones, instituciones y particulares andaluces en la erradicación de cualquier forma de violencia sobre la mujer. Un premio que sirve para dar visibilidad, el gran caballo de batalla de quienes trabajan contra la trata. “Al final el problema es que la prostitución no genera alarma social, hay mucha hipocresía”. Y sin esa alarma, sin tener en cuenta a las 160 víctimas de trata para explotación sexual y 415 explotadas sexualmente detectadas el pasado año en España, es muy difícil luchar contra ella.

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