Aquel verano que pasamos con Coppola

  • La orquesta Falla interpreta las bandas sonoras del director de El Padrino como un prólogo a un ciclo de sus películas

Tras diez años de silencio, está rodando Tetro, con la española Carmen Maura en el reparto, tras desechar a Javier Bardem. Igual son cosas de genio no contar con el actor de moda. Se dedica más a sus viñedos que a un cine que no lo ha tratado muy bien, pero Francis Coppola, que hace tiempo quitó el "Ford" de su firma, sigue siendo uno de los grandes de la cosa de las imágenes del movimiento. Pertenece a la estirpe de los Welles, Stroheim y un etcétera de directores que jugaron con el sistema de los estudios y acabaron devorados por él. Megalómano, manirroto, pesadilla de productores, Coppola tiene en su haber una serie de indiscutibles obras maestras que este verano recupera Diputación en su ya habitual ciclo proyectado en el patio del Palacio Provincial.

De hecho las siete películas que lo componen pertenecen todas a su momento de gloria en los 70 y 80. Sólo escapa a esta circunstancia su Drácula de 1992, su obra más popular de la segunda etapa de su carrera, lujuriosa versión de la novela de Bram Stoker. Por lo demás, figuran en el ciclo, que se inicia mañana martes con un concierto de sus bandas sonoras, su imprescindible trilogía de El padrino. Sólo la magistral serie Los Soprano ha sido capaz de amenazar a la saga de los Corleone como paradigma de la mafia en el cine. Apocalypse Now ha resultado polémica por el reciente nuevo montaje que añadía más metraje a la cinta, algo que dividió a los admiradores de esta versión de Conrad ambientada en Vietnam entre los que lo apoyaban y lo criticaban. Pero con más planos o con menos sigue siendo una obra maestra que eleva la guerra al plano de la metafísica. El ciclo recupera también una de sus películas menos conocidas y más arriesgadas, La conversación, rodada entre los dos primeros padrinos. Una magistral y triste película que mezcla la paranoia conspirativa postwatergate con la soledad urbana. Corazonada es el film que inició las cuitas de Coppola en Hollywood. Musical que pese a su vocación modesta gastó una fortuna que no se recuperó, iniciando el peregrinaje del director por el lado oscuro. Sin embargo, en este período fue capaz de hacer una gran película como La ley de la calle, sobre la mítica juvenil. Pero por desgracia abundaron a partir de entonces más las películas alimenticias que las creativas.

Pero este ciclo recupera al mejor Coppola, el que pudo dar una alternativa al cine americano en los 70 que no se cumplió. Un gran cineasta que aún puede dar sorpresas a sus casi setenta años. Confiemos en Tetro.

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