Sabores del caño de Sancti Petri

  • para un final digestivo, licores cózar

el mar de la isla

El caño de Sancti Petri rodea a la vez que delimita y abraza San Fernando. Este auténtico y retorcido brazo de mar es el que hace que la Isla sea realmente una isla. En su curso pasa junto a esteros, piscifactorías y antiguas salinas. De hecho, la única salina artesanal de la Bahía de Cádiz, la de San Vicente, es deudora de sus aguas. Este sendero acuático es también un reguero de sabores.

En los dos extremos del término municipal de San Fernando que cierra este río salado, como dispuestos estratégicamente, se sitúan dos enclaves gastronómicos vitales para comprobar a qué sabe la Bahía: La Casería y Gallineras, los dos barrios en los que la Isla es más marinera y pescadora. En cada uno de estos lugares hay dos restaurantes a los que en verano se debe acudir de noche. En La Casería, que se baña en las aguas reposadas del saco de la Bahía, son más modestos, ni siquiera se han atrevido a ponerles el título de restaurantes: ahí están la histórica Cantina del Titi, más conocida como El Bartolo, en pie y dando de beber y comer desde los años 30. Desde su terraza en la playa o su azoteíta se pueden degustar atardeceres gloriosos a la vez que se come pescado. Y justo al lado, un negocio más nuevo, pero no menos sabroso, el merendero La Corchuela (también conocido como El Muriel por el apellido de los dueños). En este, la cocina es más extensa y se puede tener la suerte de que haya guiso del día. En ambos establecimientos, el pescado es el rey, y la fritura o la plancha la máxima expresión de sus preparaciones. El colmo de la buena fortuna es coincidir con la llegada de una barca de pesca y que Muriel o Bartolo se hayan hecho con algunos ejemplares recién capturados.

Al otro extremo del caño, en el barrio de Gallineras, junto al muelle renovado y ampliado, otros dos clásicos: La Titi y El 15, que ya han renovado sus instalaciones, lo que les ha dado un aire de categoría superior y les hace capaces de acoger algunas celebraciones colectivas. Todo ello sin olvidar las sabrosas raíces, desde la humilde caballa que hizo de Gallineras el centro de atracción de todos los isleños en las tardes de verano de otros tiempos más frugales por fuerza, hasta los mariscos más exquisitos y caros, pasando por la preciada boca de la Isla y la autóctona coquina de fango, una delicia si se consume al vapor con un chorro de limón, y al alcance de todos los bolsillos.

En la carretera hasta Gallineras, por si nos encontramos La Titi o El 15 llenos en verano(como suele ocurrir), podemos buscar la alternativa en varios establecimientos, del mismo nivel y calidad. Esta vía, antes la única para llegar al muelle, es un auténtico paseo gastronómico y marinero, que incluye nombres como La Marisma o Casa Miguel.

La marca está funcionando desde 1850 y conserva los aromas y sabores de la histórica marca de Los Barrios. Aparte de los clásicos anises, tiene los nuevos licores de hierbas, bellota, avellana y la peculiar chantarela, una sorpresa con un agradable paladar a setas.

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