Dorantes, esa magia que identifica y distingue al festival de Jimena

  • El pianista sevillano lleva al Llano de la Victoria su conjunción de jazz y flamenco y se convierte en el primer plato fuerte del certamen de este año · Las peñas flamencas le dan un ambientazo al Paseo

Sopló viento, que sirvió para refrescar la noche y llevar la música de David Dorantes más allá del Llano de la Victoria, por aquella y esta cuesta de la Jimena de puertas abiertas y gente hospitalaria. De negro sobre la fachada blanca y los niños que se asomaban al balcón, el pianista sevillano se convirtió anoche en el primer plato fuerte del festival jimenato.

Dorantes fue un frasco en el que se guardaron las señas de distinción del certamen. La noche, un rincón con encanto que parece de película antigua, el flamenco y el jazz, o el jazz y el flamenco.

Acompañado de bajo, caja y Rafael al cante, el gitano del siglo XXI, como algunos lo llaman, desparramó y acarició las teclas allá donde una noche semejante y con menos viento volador de notas su tío, El Lebrijano, cantó como los buenos. Mereció verlo más gente, aunque al final algo se animó el público, que parecía que Dorantes iba a predicar su verbo musical y distinto en el desierto.

La noche siguió camino abajo, en el Paseo de siempre, entonces con el flamenco despojado de cualquier influencia. La escuela flamenca de Jimena y las peñas flamencas del pueblo, Lebrija y Estepona actuaron a la luz de la ortodoxia, la rumba, las cámaras de vídeo de los padres que grababan a sus crías bailando y las bombillas de las barras provisionales.

La plaza estuvo muy ambientada, entregada al cante y al taconeo. Un camarero amable contaba que el día anterior se habían alcanzado los 42 grados. Anoche hacía fresco con el viento que traía el piano de Dorantes desde arriba.

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