Blas Infante, la lucha por devolver a los andaluces la conciencia de pueblo

  • María de los Ángeles Infante defiende en los Cursos de Verano de San Roque el mensaje al que su padre dedicó toda la vida. La ponente recorre su obra y destaca el legado que construyó para siempre

María de los Ángeles Infante participó ayer en el seminario de los Cursos de Verano de la Universidad de Cádiz en San Roque Que trata de España hablando del legado del andalucismo, que representó su padre, el reconocido como padre de la patria andaluza, Blas Infante.

La presidenta de la Fundación Blas Infante lamentó que, a veces, los escritos de su padre eran extraídos parcialmente para ser utilizados, por lo que reivindicó el auténtico mensaje del que fuera impulsor de la lucha por el autogobierno, destacando que, por encima de todo, trató de devolver a los andaluces su conciencia de pueblo.

Al inicio de su charla Infante hizo una cronología del líder del andalucismo desde su nacimiento en Casares hasta su asesinato al producirse el alzamiento militar que llevaría a la Guerra Civil. Pero antes de ello había desarrollado una gran lucha por la autonomía, que marcaría el movimiento del andalucismo.

La dictadura de Primo de Rivera cerró los Centros Andaluces. Corría el año 1923 y Blas Infante se desterraría voluntariamente en la localidad onubense de Isla Cristina. Allí inició la redacción sus Cartas Andalucistas y del libro Fundamentos de Andalucía. Es la época también de su peregrinación a la tumba de Mutamid, en Agmat, junto a Marrakesh.

La caída del dictador en 1930 traería un nuevo impulso a los nacionalismos. Infante transformó los Centros Andaluces en la Junta Liberalista de Andalucía pasando a ser un órgano político y de creación de conciencia.

Por otra parte y dentro del mismo seminario, el ex presidente de la Junta de Andalucía José Rodríguez de la Borbolla hizo una visión personal de su experiencia en relación con la comunidad autónoma.

A este respecto indicó que el derecho a la autonomía no existía antes de la Constitución. "No lo tenía nadie institucionalmente hablando. Se reconoce a partir de la Constitución, que lo hace para todos igual".

El reconocimiento de la autonomía fue calificado por el ponente como el "tercer pacto constitucional, que daba satisfacción a nacionalistas, federalistas y a los que apoyaban una mera descentralización"

Andalucía apostó desde el primer momento por conseguir el máximo techo posible. "Queríamos un Estado igualitario y solidario. No sólo por el agravio comparativo respecto de otras regiones", sostuvo. Y en ese sentido enmarcó la histórica fecha del 28 de febrero de 1980. "Ha sido la única batalla de los sectores populares contra los poderes establecidos que ha ganado el pueblo", dijo, añadiendo que a lo largo de la historia lo que había primado había sido la derrota del pueblo. Esta victoria se halla en la base de la legitimación de la autonomía, remarcó.

Ese largo camino se inició con el establecimiento de los regímenes preautonómicos en los inicios de la democracia y tuvo palabras de reconocimiento especial para el primer presidente de la preautonomía Plácido Fernández Viagas. "A diferencia de Cataluña y el País Vasco tuvimos que legitimar nuestra autonomía", afirmó Rodríguez de la Borbolla. Y cuando se accedió al primer gobierno autónomo con el presidente Rafael Escuredo, en el año 1982, del que el ponente fue consejero de Gobernación, "nos tuvimos que inventar las tareas de un gobierno regional. Empezamos con nada para ir creciendo. Nos endeudamos para hacer el primer plan de inversiones".

En este sentido, señaló que mientras autonomías basaban su discurso en la recuperación de la identidad, Andalucía procuraba "mejorar el entorno de la vida de la gente".

Este proyecto, según el ponente, se hizo desde "una perspectiva federalista", trabajando en la línea "de hacer política para vertebrar Andalucía".

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