¿Sabe usted si los toros se cabrean?

  • De un muy noble encierro de Hijos de Celestino Cuadri, solo Vílchez fue capaz de echarle una buena rúbrica con la espada a esa faena sólida y maciza, lograda frente al sexto, el mejor toro del festejo

Ganadería: Se lidiaron seis toros de la ganadería de Hijos de Celestino Cuadri, de buena presentación y variado juego siendo aplaudidos casi todos ellos en el arrastre. Destacó en el conjunto de la tarde los lidiados en primer, quinto y sexto lugar, este ultimo el que más lució en toda su lidia. El cuarto fue devuelto por merma física y salió en su lugar un sobrero de la misma ganadería. TOREROS: Rafaelillo, de azul oscuro y oro. Saludos desde el tercio. En el cuarto, ovación; Fernando Robleño, de blanco y oro con remates en azabache. Saludos. En el quinto, saludos tras aviso,; Luis Vílchez, de frambuesa y oro. Silencio. En el sexto, dos orejas. Incidencias. Plaza de toros de Zalamea. Sábado 3 de Septiembre de 2011. Entrada cercana a los tres cuartos de plaza. Al final del festejo salió a hombros el matador de toros sevillano Luis Vílchez

Cuando una tarde hay que justificarla en torno a los toros, no es mala cosa. Cuando hay que justificarla en torno a los toros porque los toreros no se han puesto en ese sitio, relativamente fácil por la nobleza que tuvo la corrida, que ayer exigieron los toros de Cuadri, la cosa empieza a ser mas jodida para un a terna que anduvo a trompicones con un encierro que no se comió a nadie.

Y es que aparte de la hondura habitual que esos toros negros de Comeuñas lucen en la plaza, ni una mala intención se les vio tener ante seis momentos muleteros donde faltó lo que no debió faltar ayer tarde: temple y ligazón para llevar toreados a seis cuadris que metieron la cara abajo nada más salir a la plaza. Que ni en esos molestaron los animalitos.

Por eso cuesta mas trabajo entender que con una plaza metida en un buen ambiente, con una entrada aceptable e ilusionante, ninguno de los toreros se entendiera con los cinco primeros toros de una corrida a los que torearon a gorrazos mas que con la suavidad que exigió la infinita nobleza de unos toros sin agresividad pero con un son exquisito como para haberles dejado puesta una y otra vez la muleta y hacerles repetir hasta emocionar a un tendido que esperaba encontrarse algo mas en la tarde que esa fase de toreo con el que Vílchez encontró casi a oscuras la llave que le entregó la impecable embestida de un toro hondo y serio como el que cerró plaza.

Víchez tardó en acoplarse con él, pero se acopló y de ahí hasta conseguir la única estocada en condiciones del festejo, se pudo vivir los mejores momentos de toreo de una tarde donde las voluntades toreras de ponerse en el sitio, de cruzarse, de buscar la distancia, de confiarse... en definitiva de torear, escasearon con avaricia.

Por eso el utrerano, es a estas horas el triunfador absoluto de un festejo donde, si las espadas hubieran entrado certeras para Rafaelillo y Robleño, ahora mismo la impresión sobre la tarde seria distinta, no para los ganaderos, sino para toreros y publico. Por eso no se puede contar una corrida desde las orejas porque seria una tremenda injusticia en la que obviar tres toros buenos y valiosos para haber triunfado, y dos mas que se quedan en esa frontera donde para otro hierro hubieran sido toros potables, pero que a los Cuadri, no les sirve n para nada porque no es el toro que buscan.

Dicho, ya, que Vílchez se fue en triunfador con las dos orejas del sexto, falta por relatar que el murciano Rafaelillo tuvo un primer toro con mucha clase y buenas condiciones que le permitió confiarse por ambos pitones en ese torero comienzo por bajo al inicio de la tarde.

Después, sin tirar cohetes, lo cierto es que su labor muletera no desentonó tanto como para haber conseguido hilvanar por el pitón derecho del toro el meritorio toreo al que un buen refrendo con la espada hubiese llevado al menos una oreja hasta sus manos.

Pero el murciano se puso cabezón con los aceros, contagió a sus compañeros de terna, y si al final del camino se fue a pie por la puerta de cuadrillas no seria porque no le dieron facilidades los dos toros de su lote.

Pero en fin, lo de Rafaelillo no fue lo peor del destoreo que sufrió la corrida de Cuadri como por ejemplo en el quinto, donde un extraordinario pitón izquierdo de bicho dejó al descubierto las carencias del momento de Robleño que se empeñó en dosificar de uno en uno esos momentos estelares que el Cuadri prestaba cada vez que le llamaba a la muleta. Es verdad que hace falta poner de acuerdo a la cabeza y al corazón para quedarte quieto cada vez que uno ve venir una mole de seiscientos kilos, pero para eso es uno torero. No le había ido mejor al madrileño en el segundo de la tarde, un toro algo mas tardo que sus hermanos y que desde luego puede relegarle a la categoría de vulgar.

Ya saben, ni bueno , ni malo, ni frío ni calor. Un toro nini que diría hoy algún aspirante a pijo.

Rafaelillo tuvo el toro mas deslucido de la corrida en ese cuarto de la tarde, sobrero del el titular del festejo que pareció quedar descordinado en algún lance y fue devuelto por la presidencia.

Entre ese dialogo, a veces sordo, a veces decidido, el toro echó la persiana y se acostó sobre el albero a disfrutar de unas merecidas vacaciones. Cuando se levantó ya no le quedaban a él embestidas ni al torero faena en su cabeza, excepto un pequeño mitin espadachín, que el público, bendito el, no tuvo mucho en cuenta.

Y por cerrar esta crónica digamos que a la faena de Vílchez con el tercero le faltó ritmo, que no clase, que la tuvo tanto con el capote como con la muleta, pero no terminó de respirarse con pasión porque el torero tampoco ligó las series con la determinación necesaria ni metió la espada como después si haría en el que cerró plaza. El toro del triunfo para el torero. Para los ganaderos solo queda de ese festejo, que tanto han mimado en componer para volver con dignidad a Zalamea, de ese festejo, repito, solo queda para ellos la intima satisfacción de que hubo tres toros intensos, serios y bravos que se fueron con las orejas puestas porque nadie se atrevió a ponerse de verdad en el sitio. Una lástima, pero... ¡ que se le va a hacer!

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