Pepín Liria, herido en la boca, corta una oreja en su despedida de Pamplona

  • El Fandi consigue otro trofeo y El Cid, que falla con la espada reiteradamente, se marcha de vacío

Los matadores de toros Pepín Liria, que se despedía de la plaza de toros de Pamplona, y su compañero David Fandila El Fandi cortaron una oreja cada uno en el séptimo festejo de la feria de San Fermín, en la que Manuel Jesús El Cid perdió una oreja tras haber fallado reiteradamente con la espada en el quinto toro.

Pepín Liria recibió un caluroso homenaje nada más romperse el paseíllo por parte de las peñas, reconociéndole su trayectoria y los triunfos que ha conseguido en esta plaza, donde lleva toreando de forma consecutiva desde el año 1995. El torero de Cehegín estuvo muy entregado desde los lances de recibo. En la faena de muleta, que comenzó de rodillas sacó buenos muletazos por el pitón derecho, pero el toro se vino abajo pronto. Tras un primer pinchazo, dejó una estocada que hizo rodar al toro, que le golpeó con el pitón en la boca, provocándole una hemorragia teniendo que pasar a la enfermería, donde le dieron varios puntos de sutura en el labio superior. Los médicos le han anestesiado la boca y ha recibido ocho puntos de sutura, cinco en la en la parte externa y tres en la interna del labio.

El cuarto, el animal de su despedida de Pamplona, fue un toro manso y con genio que no dio muchas opciones al murciano, que volvió a justificarse y recibió una cariñosa ovación.

El Fandi, ante el tercero, cosechó grandes ovaciones en el tercio de banderillas. La faena la comenzó sentado en el estribo, en el tendido de sol. El granadino estuvo firme con un animal que protestaba y se quedaba corto por el pitón izquierdo y al que toreó en redondo por el derecho. Mató de una media estocada en todo lo alto y cortó una oreja.

El granadino volvió a meterse al público en el bolsillo en el que cerraba plaza, luciéndose nuevamente con los palos. Sin embargo, el toro se rajó nada más comenzar la faena de muleta y no duró apenas una tanda.

Manuel Jesús El Cid apenas si tuvo oponente para lucirse con un primer toro de escaso poder y genio. Debido a ello faltó ligazón. En un desplante, perdió la cara al toro, que estuvo a punto de arrollarlo, aunque todo quedó en un susto. En el quinto estuvo a punto de conseguir un trofeo, consiguiendo muletazos muy templados por el pitón izquierdo. Pero el diestro sevillano falló reiteradamente con la espada.

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