El Sepulcro

El silencio trágico llena las calles ante el paso del yacente

  • El lúgubre cortejo recorre las calles con rapidez inusual ante la amenaza de lluvia

Silencios decorados en humos de incensarios que huelen a muerte y esperanza. Muerte en la expresiva y hermosa talla en madera que datada entre los siglos XVII o principios del XIX y que tiene como fecha de constitución de hermandad el 9 de noviembre de 1752 en la que se creó el Patronato para la procesión y cultos del Cristo. Esperanza en la fe cristiana en la Resurrección hoy domingo del hijo de Dios.

La procesión del Viernes Santo volvió a otorgar sobriedad y majestuosidad a la Semana Santa de Tarifa. A las nueve de la noche la Cruz de Guía anunciaba el inicio de la lúgubre procesión que recorrería con rapidez inusual, debido a la probabilidad de lluvia-que apareció tras la recogida de las imágenes-, las calles General Moscardó, Hermanos Costaleros, Guzmán el Bueno, Sancho IV y a su templo en poco más de una hora.

Tarifa se hizo luto y enmudeció la cal de sus paredes al paso del paso del Cristo. Del Santo Entierro, titular de la Cofradía de Penitencia del Santo Sepulcro, Nuestra Señora de las Angustias y el Santísimo Cristo de la Caridad. Procesión Magna en la que tuvieron representación todas y cada una del resto de hermandades tarifeñas.

Conducido hasta el monte Calvario Jesús fue crucificado y muerto. El Viernes Santo, las calles del municipio se hacen luto y enmudece la cal de las paredes. El Cristo muerto procesiona en silencio. Se ha consumado la Pasión de Cristo. El Viernes Santo ya no quedaba sitio para la aclamación. Hay luto -el más alto y hondo luto-, en la tierra. El cuerpo de Dios descansa con sus muertas manos mustias en el divino regazo de María de las Angustias. Cantaba el poeta como premonición a la bella talla obra de Jaime Babío que desde hace dos años ha venido sustituyendo a la antigua imagen de las Angustias en el procesionar silencioso del Cristo.

Cesan las galas exornativas. Los pies de Jesús se ha quedado huérfanos de caminos y las manos abiertas, dormidas, desfallecidas han perdido la bendición, la caricia, el milagro. Nadie puede decir más. Silencio trágico de Viernes Santo. Jesús muerto con infinidad dulzura, es bajado de la Cruz. Jesús yacente y trasladado al sepulcro. Jesús amor y redención que descansó inerte en los brazos de las Angustias. En suma, Jesús del Santo Sepulcro en el catafalco más soberbio que se pueda imaginar, meciéndose a los sones de una romántica y suave marcha fúnebre orquestada por la Banda Municipal de Música de Tarifa.

El Cristo procesiona en un sobrio paso portado por hombros de seis costaleros. A pesar de que su posición tumbada impide admirarlo en todo su esplendor, no utilizar la urna de madera y cristal que otros años envuelve a la talla contribuye en gran medida a resaltar las facciones y detalles del Santo Entierro que descansando encima de un jergón y sobre un lecho de claveles rojos deja explorar cada pliegue de la talla y junto a ella, varias decenas de mujeres ataviadas de peineta y mantilla, las autoridades civiles y militares, y acompañaron durante todo el trayecto al Cristo yacente. Más de medio centenar de negros capirotes y cíngulos de espartos penitenciaron dolorosos.

La elipsis colectiva contrastaba con el jolgorio festivo del puente que hizo que anoche hubiera numerosas personas en las calles. Una hora después de su salida los pasos se recogieron en su templo de San Mateo Apostol dando así por finalizada su estación penitencial y concluyendo la Pasión y Muerte de Jesucristo.

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