La Borriquita

Las palmas doradas y el júbilo marcan la primera procesión

  • La hermandad dedica la 'levantá' a José Pérez Chico, fallecido recientemente

Cuando en el restaurado reloj de la aguja del campanario de San Francisco marcaban las cinco de la tarde, un blanquecino oloroso humo invadía la Plaza del Ángel donde la muchedumbre aguardaba a la que sin duda es la única procesión de júbilo que ilustra gráficamente la Pasión, Muerte y Resurrección de Dios hecho carne.

El ajetreo de madres y padres acompañando a los pequeños penitentes dio paso a la figura recostada de Jesús a lomos de la Pollina. Debajo de las aterciopeladas y encarnadas caídas del paso de misterio, las blancas zapatillas de esparto dejaban ver el sacrificio de las 24 costaleras que cargan desde hace años con este pesado paso dirigidas por las voces y el aliento de José Enrique Marín.

En la plaza del Ángel la primera levantá estuvo dedicada al hermano José Pérez Chico, recientemente fallecido, y a los sones de la Agrupación Musical Nuestro Padre Jesús Nazareno de Alcalá de los Gazules el paso de misterio que porta el grupo escultórico de Nuestro Padre Jesús en su entrada en Jerusalén, que fue ganando calle precedido por su corte de Benjamines, hebreos y los numerosos padres y madres que de la mano acompañaron el procesionar de esta cofradía fundada en 1955.

El grupo escultórico recrea la entrada triunfal del Mesías en Jerusalén a lomos de un borrico. A su paso, dos niños hebreos le alaban tendiéndole su manto y ofreciéndole flores. La escena se completa con la imagen del apóstol San Pedro, que porta en su mano una palma.

Con paso decidido y ordenadas por José Enrique Marín y Salvador Relinque, las mujeres costaleras fueron salvando los obtusos ángulos de las estrechas calles para media hora después de su salida del templo de San Francisco ganar la calle de la Luz, antesala de la carrera oficial que el paso alcanzó en la hora prevista.

Las ramas de olivos y las doradas palmas agitadas por el fuente viento de levante se convirtieron en el prólogo de la Semana de Pasión tarifeña que nos regalará mil miradas a través de un devenir de pasos que son iconos de fe y del patrimonio artístico y cultural de Tarifa.

A las ocho de la tarde, una hora antes de que la quietud del Medinaceli rasgara la noche, La Pollina entraba a su templo entre los aplausos de cuantos quisieron despedirla, el templo de San Francisco de Asís, que volverá a abrir sus puertas el próximo Miércoles Santo para iniciar la procesión del Santísimo Cristo del Consuelo y Nuestra Señora de Las Lágrimas.

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