Viernes de Pasión linense

  • Hasta el aguacero, las cuatro cofradías linenses dejan bellas estampas y devoción por toda la ciudad

Decir que la lluvia deslució hasta truncar el Viernes Santo linense sería una afirmación injusta para los cientos de personas de las cuatro hermandades que cumplieron su estación de penitencia. Porque hasta que las inesperadas precipitaciones aparecieron al filo de las diez de la noche, las hermandades habían dejado a su paso un reguero de bellas estampas cofrades, fervor y sentimientos por toda la ciudad.

La lluvia trastocó, porque a varios de los pasos les pilló sin refugio cercano, pero no lo suficiente como para minar a los hermanos que, tras el aguacero, supieron recomponerse y concluir sus recorridos con la excepción del Cristo del Amor y María Santísima de la Esperanza, que optó por volver a su casa hermandad.

La primera salida de la Santa Madre de Dios, Luz y Esperanza, novedad en La Atunara

A las cinco de la tarde, la plaza de la parroquia del Carmen en el barrio de La Atunara estaba abarrotada de gente para ver la salida del Cristo del Mar y este año, por primera vez, la talla de la Santa Madre de Dios, Luz y Esperanza Nuestra. Como es habitual, salió el Cristo entre vítores y aplausos y el paso fue situado frente al Mediterráneo para esperar a la Virgen. La talla mariana, sobre una parihuela de cedro sobre varales, fue portada por mujeres de la barriada y mandada por una capataz. Hizo su aparición igualmente entre aplausos y exornada con flores blancas y moradas (sólo moradas para el Cristo).

Un rato más tarde, en la calle Gaucín tampoco se cabía para ver salir desde la casa hermandad al Cristo del Amor y María Santísima de la Esperanza. Ambos tuvieron importantes estrenos: un puñal nuevo para la Virgen y el frontal del paso del Cristo (el resto está aún sin tratar). Los costaleros de la Virgen -a la que el viento apagó la candelería nada más salir- entonaron un rezo minutos después de empezar su estación de penitencia, buscando las calles del centro, mientras que por la avenida Menéndez Pelayo pasó la hermandad de La Atunara, con un caminar más rápido que en años anteriores.

Ya en el centro de La Línea, la solemnidad de Nuestra Señora de la Soledad y el Santo Entierro de Nuestro Señor Jesucristo invadieron la Plaza de la Iglesia, desbordante de olor a incienso y silencio. La Soledad lució por primera vez encajes valencianos mientras que el yacente procesionó de luto por dos policías locales que eran hermanos (una gorra de gala recordaba este hecho en una de las esquinas, bajo uno de los hachones).

A las nueve, la Plaza de la Iglesia -que no se había vaciado en ningún momento- quedó de nuevo cautivada con la salida del Santísimo Cristo de la Misericordia (sin paso) y María Santísima de la Amargura, para emprender su recorrido por Méndez Núñez y López de Ayala como, un rato antes, había hecho la Soledad y el Santo Entierro.

Recogida

El aguacero pilló a todas las hermandades linenses en la zona centro, sin un resguardo claro a la vista. La cofradía de La Atunara refugió a sus dos pasos bajo los arcos de la Plaza de la Iglesia y, tras la lluvia, retomó su caminar de vuelta a su templo aunque ya sin prisas porque el pronóstico no auguraba nuevas precipitaciones.

A los cofrades del Amor y Esperanza, el chaparrón les cogió en la calle La Paz, por lo que se dieron la vuelta hacia la casa hermandad. En las calles del centro, La Soledad y el Santo Entierro fueron cubiertos con plásticos y aceleraron hasta volver al santuario de La Inmaculada, mientras que la Misericordia y la Amargura aguantaron estoicamente a que amainase la lluvia antes de continuar con su recorrido. A las 22:40 había dejado de llover y, con ello, los cofrades concluyeron sus desfiles salvo La Esperanza, que ya se había recogido.

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