Tarifa-Medinaceli

El Medinaceli resplandece acompañado de la Esperanza

  • Los últimos rayos de sol acarician la salida ante una tarde teñida de oscuridad

El tiempo también quiso dar tregua a la Hermandad de Nuestro Padre Jesús Cautivo y rescatado (Vulgo de Medinaceli) y Nuestra Señora de la Esperanza para que pudieran sacar los pasos de sus titulares a la calle. Cuando los últimos rayos de sol acariciaban el campanario de San Mateo y el reloj marcaban las 20:30 horas, el bullicio de la mañana se tornó en silencio para el desfile del Cristo de Medinaceli, el que congrega cada año a cientos de fieles tras él en muda penitencia. Pies descalzos de promesa tras el Cristo prendido enfundado este año en su túnica de terciopelo azul. Serena y sobrecogedora estampa de este Cristo que realizó su primera salida procesional en la noche del Viernes Santo de 1964 a las doce de la noche y tras la finalización de la del Santo Entierro.

Tras la interminable fila de túnicas azules con abotonaduras y bocamangas color burdeos, antifaz burdeos con el escudo trinitario y cíngulo de fajín burdeos, el precioso paso de misterio de dos niveles del Cristo salía a los sones del himno nacional interpretado por la Agrupación Musical Virgen de los Remedios de Estepona y con los miembros de la Guardia Civil rindiendo honores a la imagen ya que la Comandancia de la Benemérita ostenta en título de hermana de honor. La primera levantá se dedicó a la recordada Carmen Gómez Mora.

Detrás del Cristo resplandeciente en su lecho de rosas y lirios morados, que poco a poco fue alcanzando la Carrera Oficial, conducido por su capataz Francisco Salvatierra, un mar de gente encomendándose bajo su protección. Doloridos pies en silenciosa penitencia quebrada por golpes de baquetas y el canto de una apenada corneta. Realmente extraño el Cristo ataviado en más ocasiones de granate o morado. También de blanco aunque según la leyenda que en torno a la imagen gira, se apunta a que cada vez que el Cristo luce una túnica blanca, la Hermandad se queda sin procesionar debido a la lluvia. Algo que no es cierto. También la memoria y fantasía popular cuenta que la melena de pelo natural que tiene la imagen debe de ser cortada todos los años antes de que procesione porque no para de crecer. Cuando el Cristo comenzaba a ganar la cuesta de la Calle de la Luz, dejando la estela de su santo paso por la Calzada, el paso de Palio de la Virgen de la Esperanza que este año ha estrenado la restauración íntegra del techo de palio, las bambalinas, los faldones y los respiraderos, decorado con rosas, lirios y claveles blancos, era recibido por el himno nacional interpretado por la Banda Municipal de Música de la Agrupación Musical, Pintor Manuel Reiné. La Madre de la Esperanza, bella entre todas las imágenes, con el rostro marchitado de dolor, vestida con su precioso manto verde, como la tela de su paso. Una Dolorosa realizada por el escultor sevillano Vicente Rodríguez-Caso en 1954, restaurada igualmente por Pedro Manzano en 2003 y que eleva sus manos al cielo pidiendo clemencia a Dios para que no le maten a su hijo.

Y salvados el empedrado de la Calzada ambos pasos en su lento desfilar se adentraron por la calle Virgen de la Luz y en la semioscuridad de la trágica noche del Domingo de Ramos una saeta se elevó en forma de oración a los cielos. Una oración por el Cristo cautivo.

El Cristo que las manos Miguel Laínez Capote tallaran en 1964 cuando fraguó la iniciativa del recordado Padre Mainé de traerlo hasta la ciudad, secundado por don Emilio Boto y don Antonio Villanueva. La actual cofradía fue fundada en el año 1971.

La procesión tenía previsto cuatro horas de procesión hasta alcanzar de nuevo el templo. Concluyendo así, el recorrido del misterio y pasión del Hijo de Dios, del que anoche tenían previsto ser testigos las calles, Sancho IV, Nuestra Señora de la Luz, Jerez, Colón, Peso, Santísima Trinidad, Guzmán el Bueno, Hermanos Costaleros, General Copons, Plaza de San Julián, Reyes Católicos para regresar a San Mateo que durante estos días piedra angular y portal de la imaginería tarifeña. Al cierre de esta edición la procesión continuaba su marcha aunque el cielo amenazaba el desfile.

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