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"La pobreza infantil en España sólo es superada en Europa por Rumanía"

  • La ONG internacional dibuja en Cádiz un estremecedor panorama para la infancia en España, donde el 29% de los niños se halla en riesgo de exclusión social y 1,4 millones son pobres

Hay 8,3 millones de españoles que tienen menos de 16 años. De ellos, 1,4 millones viven en situación de pobreza severa, es decir, viven dentro de núcleos familiares cuyos ingresos no superan los 250 euros mensuales por cabeza. De esos 1,4 millones, 370.000 niños son andaluces. "No es país para niños", concluye Andres Conde, director de Save The Children en España, parafraseando el 'no es país para viejos de la novela de Cormac McCarthy. Pero los viejos tienen en este país un marco regulado de protección, por lo que hemos logrado que un 13%, y es mucho, de los mayores de 65 años, estén en riesgo de exclusión social. Entre los niños, ese riesgo asciende hasta el 29%. Sólo Rumanía, en Europa, es un país peor para nacer para los niños.

El Foro de Cádiz que Cajasol, el Casino de Cádiz y Diario de Cádiz celebran periódicamente en la Casa Pemán abordó ayer tarde un problema de unas enormes dimensiones sobre el que pesa "un negacionismo", en palabras de Conde. Negacionismo porque es fruto de un fracaso social y político, porque se vive de puertas para adentro -"no estamos hablando de una pobreza profesionalizada, ni tampoco de niños famélicos"- o porque, según el director de Save the Children, cada vez se encuentra más sometido al guetto. Es una pobreza que se concentra por barrios por donde nunca pasan los que sufren ese problema, por tanto, nunca lo ven. Contó Conde en su conferencia que tuvo una charla con Javier Maroto, el responsable de políticas sociales del PP, y el político le dijo "cuando habláis de pobreza la gente piensa en otra cosa". Quizá Maroto se refería a los niños famélicos de la posguerra. "y no, esa no es la cara de la pobreza, quizá la cara de la pobreza sea esa mujer a la que ves y dices estás más delgada y ella no dice nada porque está más delgada porque si hay algo para cenar, esa cena es para los niños, y ella muchos días se queda sin cenar". Esto no es una abstracción, es una historia real vivida por él mismo.

Conde, que abandonó una prometedora carrera como economista para comprometerse con lo que era su pasión, no vino ayer a Cádiz para hablar de estadísticas, "sino para contar una experiencia que vivo en el día a día trabajando con esos niños. Y la recuperación económica no ha llegado a ellos. No es que estemos igual que hace cuatro o cinco años: es que estamos peor". Hablaba Conde después de haber visitado en el casco antiguo a los niños de uno de sus programas, con la colaboración de la Fundación Cajasol. "En la provincia de Cádiz el problema es más acusado si cabe que en el resto del país".

Esta situación sucede en un país cuyos habitantes, en todas las encuestas, ponen a la familia como su primera preocupación y quizá el problema esté ahí. "Ocurre con la pobreza pero también con la violencia que sufren lo niños. En España el niño está patrimonializado, es como una propiedad de los padres. En el resto de Europa, en los países que han solucionado con mayor índice de éxito los problemas de la infancia, el niño es poseedor de sus plenos derechos, es una responsabilidad de la sociedad en su conjunto".

Sin embargo, nada se hace, "ni en el marco legal ni en el económico", denunció Conde. La última prueba de esa desidia política la ha encontrado esta organización en los últimos Presupuestos. Pese a que existía un acuerdo con Ciudadanos de dedicar una consignación específica a la infancia, al final esta consignación no ha aparecido en ninguna parte. "Se puede pensar que no había recursos suficientes, pero sí los ha habido para cosas que, evidentemente, me parecen muy bien, como es el incremento de las pensiones más bajas, la equiparación salarial de las fuerzas de seguridad o un mayor esfuerzo económico para Defensa o infraestructuras".

Sin embargo, según el dirigente de esta importante ONG internacional, presente en 112 países, esta falta de actuaciones es de una enorme ceguera económica no ya desde un punto de vista meramente humano, sino ni siquiera desde una perspectiva de sostenibilidad de recursos. Porque es que, además, en nuestro país, donde la austeridad ha tocado en la línea de flotación el mejor instrumento del ascensor social, la educación, la pobreza es una cadena perpetua. El 80% de los niños españoles que sufren pobreza severa son hijos de padres pobres y tienen un 80% de posibilidades de ser pobres hasta su muerte y dependerán de los mecanismos de protección social.

"Nuestros sistemas de protección social no funcionan -analiza Conde-. Esto se puede medir en datos. Una vez aplicado esos sistemas en cualquiera de sus fórmulas se produce un cambio de escalón de los niños, es decir, salen de la pobreza, un 8%. En Irlanda lo hacen un 30%. Quizá sería bastante más inteligente invertir en educación y lograr que los niños pobres de hoy no sean adultos pobres de mañana, sino contribuyentes que aporten a los sistemas de protección de la generación más numerosa que va a integrar en los próximos años las clases pasivas"

Y éste no es un país para niños porque en cada aula de 30 niños hay tres que temen acudir al colegio porque cuando van "pasan cosas", sufren acoso escolar. Según Conde, no hemos dotado de instrumentos ni protocolos para evitar que esas situaciones se sigan produciendo. "Cuando nos hemos puesto, hemos articulado remedios. Lo hicimos en el Pacto de Toledo con los mayores, nos hemos volcado con el problema de violencia de género, pero los niños sigue siendo nuestra asignatura pendiente y ya vamos tarde. Cada vez que se produce una denuncia por violencia en el ámbito escolar o familiar, ya hemos llegado tarde".

Junto a la pobreza y la violencia, hay otros niños, que, si cabe, son los más olvidados entre los olvidados. Son aquellos que llegan solos a nuestra costa en pateras. 3.300 están en esa situación. No es un número pequeño y todas las previsiones apuntan a que aumentaran. Niños sin familia, que desconocen el idioma, sin el más mínimo recurso, que se pierden en las estadísticas de inmigración adulta. "Nadie está dándoles soluciones".

Ese fue el descorazonador panorama que mostró Andrés Conde en una sala con algo menos de público del habitual, mientras toda España estaba pendiente de un partido de fútbol.

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