"Mis hijos lo mejorarán; sólo espero que no le hagan daño"

  • Juan Pérez estanco nº3 de conil

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¿Puede un negocio de un siglo y medio tener vida propia? Desde luego... y si las paredes hablaran serían las mejores cronistas de la historia de Conil. Será por eso que Juan Pérez, con 62 años y a un paso de la jubilación, afirma algo así cuando se le pregunta por el próximo relevo generacional: "Mis hijos mejorarán el comercio con una reforma... sólo espero que no le hagan daño".

Juan es el celoso heredero de una saga de comerciantes que nació cuando su bisabuelo, Ramón Pérez García, desembarcó en Conil procedente de Santander. Otro más y como tantos se estableció con un negocio propio donde "lo mismo vendía un tornillo que tocino, una alpargata, una chamarreta, una toalla o un velo para ir a misa...todo menos carbón y picón (sonríe)". La incorporación del tabaco llegaría, como también era común por aquel entonces, a través de la unión con otra familia comerciante del pueblo. Ramón se casó con Carmen Vázquez y el estanco que regentaba su familia pasó a la actual ubicación. El primer salto generacional se dio en 1902 ó 1903, cuando el hijo del fundador, también de nombre Ramón, se quedó con el establecimiento, pero fue su viuda, Joaquina Moreno de Alba, la que daría el mayor esplendor a la actividad y al patrimonio familiar con la compra de fincas rústicas y, según recuerda con cariño Juan, hasta con el pago de una clase en el colegio San Felipe Neri de Cádiz a la que se le dio el nombre de un hijo suyo: Ignacio Pérez Moreno. "Era una mujer luchadora, caritativa y muy lista que supo sacar adelante sola cinco hijos y tirar con todo".

El cuarto de ellos, y tercer Ramón de esta dinastía de comerciantes, tomó el relevo de su madre ya en el siglo XX. Entró con 16 años y logró mantener abierto el comercio durante la Guerra Civil, la postguerra, el franquismo... y a partir de 1960 ya con la ayuda del actual propietario, Juan Pérez -el tercero de cinco hermanos-.

Cinco generaciones, que se dice pronto; 169 años que arrancaron con un petate y una emigración de norte a sur; y un relato de la sucesión que sorprende por lo vívido y fresco que ha llegado hasta nuestros días. El éxito del legado trasmitido, conservado, y la conciencia de un pasado sobre el que construir el futuro. La ventaja, y es aquí donde reside el secreto de La Tienda de Ramón -como se la ha conocido popularmente-, es que el legado no llega sólo gracias a la inmensa memoria del estanquero. Lo más bello es que Juan no hace sino poner voz a un negocio que habla solo a través de sus muros, sus estanterías infinitas, su caja, de madera, que registra pero no cuenta ni hace balances de final del día... Y esa trastienda, caótica y confusa para el visitante, coherente sólo en la cabeza del estanquero. Una colección de reliquias... o "tiestos" como los llama Juan, que reconoce que se equivocó de profesión. "Yo tenía que haber sido anticuario". Su hija, en cambio, "lo lleva dentro".

El pasado de los Pérez está vivo. Ésa es la clave. Está literalmente intacto, deseoso de contar modos y modas pasadas por boca de Juan. Hablan los tacos anudados de facturas, los bellos quinqués de cristal soplado, los aperos herrumbrosos, el peso de cruz, las especias que sigue elaborando para la matanza, las hileras de cajas de calcetines por un lado (en la esquina de la mercería), las de clavos por otro (en la de la ferretería)... "Lo he dejado todo como estaba porque soy un dejado", dice Juan.

Tres siglos de historia y testigo privilegiado de Conil a la vera de la Puerta de la Villa, "donde empezaba el Camino de Vejer". Ahora "la ciudad ha cambiado mucho, sobre todo en los últimos ocho o diez años". Antes, recuerda, "Conil era muy pobre y la ciudad acababa en las esquinas de las calles que hay alrededor de aquí". A Juan le gusta que todo esté asfaltado e iluminado. Es la metamorfosis llegada con el desarrollo urbano y el boom turístico. Pero ésta no le convence del todo: "El turismo te da cosas, pero también nos ha quitado otras; antes nos conocíamos todos y te fijabas en quién pasaba por la calle, ahora no". Respecto al futuro del negocio, Juan está tranquilo. No hay más que escuchar a Rosalía, y ver su ilusión por abrir nuevas líneas de negocio, para saber que el relevo está garantizado. Sólo falta saber quién encarnará la sexta generación.

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