Distinción a tres togas con decoro

Debajo de la toga que se ponen para representar al Ministerio público en los tribunales, hay personas que sienten, que se emocionan, que se indignan con las injusticias, que se crecen ante las adversidades y que intentan no perder el que debe ser su norte, salvaguardar los derechos de la mayoría. Esta humanidad afloró ayer sin complejos ni falsas modestias en el emotivo acto de imposición de la cruz distinguida de primera clase de San Raimundo de Peñafort a tres fiscales de Cádiz, la fiscal jefe Ángeles Ayuso Castillo, y los fiscales Florencio Espeso Ramos y Juan Bosco Anet, que se convirtió en un reconocimiento a todo un colectivo, conformado por 62 personas, sobrecargado de trabajo en Cádiz, una provincia compleja, ruta preferida de las mafias de la droga, frontera de desheredados, acostumbrada ya a estar considerada en el gremio como una Fiscalía de paso.

Desde el corazón hablaron todos y cada uno de los premiados. Tanto que el rondeño Bosco, tras confesar sus pecadillos de juventud ("no voy a decir que era de una banda, pero sí de una pandilla, la del Suso, que dábamos cuenta de todas las farolas"), acabaría mostrando su orgullo por pertenecer a una carrera "que me ha permitido ser mejor persona". Por eso estaba allí, no en el banquillo de los acusados, como bromearía, sino en el estrado de honor, junto a otros dos no menos emocionados fiscales que, como él, recibían al entender general un merecido premio. "Una justicia que hoy se perpetra", diría el fiscal jefe del Tribunal Superior de Justicia de Andalucía, Jesús García Calderón, gracias al anterior fiscal jefe de Cádiz, Isidoro Hidalgo (presente en la abarrotada sala de la Sección Primera de la Audiencia, donde discurrió la ceremonia) que los propuso para la distinción. Los tres, bien nacidos, se lo agradecieron.

Espeso, que echó raíces en Cádiz tras enamorarse de una gaditana, prometió que el reconocimiento "me espoleará para seguir trabajando en una fiscalía tan variada".

La fiscal jefe, por su parte, pasó de las confidencias a la reivindicación. Desde el plano personal, aseguró vivir el acto solemne como algo íntimo y recogido. Esta chicarrona del norte de Cádiz, como se definió, tuvo un emocionado recuerdo hacia su antecesor, a quien agradeció el apoyo dado una vez en un juicio, cuando sufrió una crisis de ansiedad. Isidoro Hidalgo le puso una mano en el hombro que ha significado para Ayuso "mucho más que las palabras". Y ya como jefa de los fiscales habló de la urgente necesidad de que se pongan en marcha las fiscalías de áreas en una provincia muy dispersa geográficamente, con muchos problemas de droga y fiscales de paso (ha llegado a estar el 34,7% de la plantilla compuesto pos fiscales sustitutos). Aunque en la memoria del 2007, confesó, "en vez de pedir más fiscales lo mismo pido que cobremos menos productividad. Será que tenemos menos trabajo".

El presidente de la Audiencia, Lorenzo del Río, afirmó que los tres se lo merecían. El fiscal jefe del TSJA alabó el trabajo de cada uno y recordando a Aristóteles, habló de la importancia del decoro en la profesión. Algo en lo que ahondó el representante enviado por el fiscal general del Estado, Rafael Valero, jefe de la Inspección Fiscal, quien dijo que "juez y fiscal deben tener una conducta irreprochable. Ese es el decoro, que han derrochado estos fiscales a lo largo de su carrera".

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