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Tribuna

josé antonio gonzález alcantud

Catedrático de Antropología Social

México, en la encrucijada

En México se dan por supuestas dos cosas: primero, que López Obrador ganará las elecciones; y segundo, que no lo dejarán gobernar

México, en la encrucijada México, en la encrucijada

México, en la encrucijada / rosell

A la entrada de la catedral de México, frente al muy venerado Señor del Veneno, hay una capilla consagrada a la Virgen de las Angustias. El culto de la patrona de Granada fue llevado allí, mediado el siglo XVIII, por un deán granadino. Por ubicación está al lado mismo del templo mayor, allá donde los aztecas de Tenochtitlán hacían sus sacrificios humanos.

Me señala un politólogo mexicano que siempre ha predominado el aztequismo en las estructuras del país en alusión directa a la violencia. John Reed cuando acudió a cubrir periodísticamente el periodo insurgente de Zapata y Villa se hizo consciente de la omnipotencia de la violencia ambiental. Angustias y violencia en bajo continuo.

La imagen más amable de México es la del país hospitalario. Lázaro Cárdenas le dio acogida al líder bolchevique Trotsky, en huida sin fin, con la sola condición de no mezclarse en la política mexicana. La casa de Coyoacán, donde fue asesinado por agentes españoles de Stalin -los Mercader, madre e hijo-, alberga una fundación que promueve la acogida a aquellos que huyen de sus países por razones políticas y de opinión.

Un amigo de origen escocés cuya familia fue ahorcada por los ingleses en tiempos no muy lejanos, por el simple hecho de haber apoyado la independencia de Escocia, me relata cómo su madre, la única superviviente de la masacre, huyó a México donde sobrevivió, aún sin saber español. Otra amiga, judía, cuenta que su familia escapó de Ucrania, patria de la universal canción hebrea hava nagila, durante la II Guerra Mundial para encontrar en México su hogar. No hace falta añadir lo que significó para los republicados españoles la hospitalidad mexicana. Una exposición en el Zócalo recuerda estos días hasta qué punto este país ha sido tierra de asilo de comunidades tan diversas como armenios, judíos, maronitas, españoles, coreanos, chilenos, argentinos, etc., de tiempos y lugares diferentes. Allí pudieron prosperar y disfrutar de unas libertades, amparadas por una retórica revolucionaria, encapsulada en el Partido Revolucionario Institucional, que, oh paradojas, a la vez heredaba el caciquismo hispano-azteca.

Al iniciarse el siglo parecía que el inmovilismo del caciquil PRI iba a ser removido, por los otros partidos en liza, el PDR, a la izquierda, y el PAN, a la derecha. Ganó Fox por el PAN en el 2000. Seis años después, cuando todo indicaba que López Obrador, por la izquierda, iba a triunfar, el PAN tramó un pucherazo que le dio el poder a Felipe Calderón. Yo estaba en México la noche del "golpe", y recordé las palabras de Carlos Fuentes: "En México no hay tragedia: todo se vuelve afrenta". Tras varios días de batallas campales, de almohadas y puños, entre diputados en el interior del Parlamento, Calderón fue investido de la mano de su correligionario Fox.

En la siguiente elección del 2012, se abrigaron esperanzas con la vuelta otra vez del PRI, porque muchos creían que los dirigentes priístas encarnaban la añorada élite bien formada en gobernanza en EEUU. El elegido, Peña Nieto, arrastra ahora un descrédito absoluto. Existe la convicción de que el influjo de los narcos llega a la antesala presidencial. En una fuga hacia adelante se ha otorgado excepcionalmente todo el poder al Ejército en lucha contra la violencia y la corrupción. Sin salir del Zócalo veo desfilar a cientos de soldados que arrían a la caída de la tarde una enorme bandera. Cuando se retiran marcando el paso hacia el palacio nacional se me hiela la sangre, al superponerse esa imagen a aquella del chileno Allende que fuera depuesto ante los ojos atónitos del mundo en aquel lejano septiembre de 1973. Un mal ensueño.

En medio de esta atmósfera, en México se dan por supuestas dos cosas: primero, que López Obrador ganará las elecciones; y segundo, que no lo dejarán gobernar. Me aseguran sus partidarios que Obrador se parece más a Pepe Mujica que a Chaves o a Morales. Bien. Pero hace doce años alguien de su entorno me comentó que le había dado "un golpe de calor" en alusión a un previsible caudillismo de su parte. En cualquier caso, parece que a la vista de la situación de podredumbre que vive México, no hay otra alternativa posible ni mejor. Que gane.

Me da que pensar esa virgen sufriente de las Angustias al lado mismo del templo mayor. Hay algo de telúrico. Confiemos que México, tierra de asilo ejemplar, supere gracias a sus mimbres democráticas la tendencia caciquil, ahora que hace cincuenta años de la matanza de la plaza de Tlatelolco, donde murieron masacrados tantísimos estudiantes, sin que nunca haya aflorado la verdad ni la justicia.

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