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El 1 de Mayo y la crisis sindical

La voz de los sindicatos cada vez pesa menos en un mundo que ve con desconfianza o simple frialdad a estas instituciones

Los principales sindicatos celebran hoy un nuevo 1 de Mayo con dos ideas fuerza: la igualdad entre hombres y mujeres en el mundo laboral y la recuperación de los "derechos perdidos" durante la crisis económica. Las centrales sindicales no son ajenas a la marea violeta que, desde el pasado 8-M, tiñe el debate político-social y amenaza con dejar fuera del juego de la historia a cualquier colectivo que la ignore. Asimismo, CCOO, UGT y otros sindicatos de menor tamaño y entidad creen que ha llegado la hora de que se pague la deuda social y laboral generada durante los difíciles años de la crisis económica, un periodo que ha dejado un duro rastro de paro y precariedad. Ambas reivindicaciones podrán ser matizables y debatibles, pero entran dentro de la lógica sindical y, sobre todo, están presentes en la discusión pública. El problema es que la voz de los sindicatos cada vez cuenta menos en un mundo como el actual, que ve con desconfianza o simple frialdad unas corporaciones que antaño sirvieron para conquistar derechos fundamentales como la huelga, la prohibición del trabajo infantil, la jornada de ocho horas, los seguros médicos y un largo etcétera.

¿A qué se debe esta crisis de los sindicatos que les está llevando a una pérdida paulatina de influencia? En primer lugar habría que señalar que los sindicatos, al igual que la socialdemocracia, han muerto de éxito. Hoy en día, la sociedad, incluso los menos partidarios de este tipo de asociaciones, ve como naturales muchas de sus conquistas históricas, como las vacaciones pagadas. Pero hay mucho más. En España, por ejemplo, los principales sindicatos han seguido apegados a un modelo de clase que poco tiene que ver con la complejidad del mundo globalizado, donde la gran mayoría de los trabajadores pertenecen a la clase media -no al proletariado- o son autónomos o pequeños empresarios cuyos intereses están muy lejos de los de unos cuadros sindicales que no siempre han sabido interpretar el nuevo signo de los tiempos. En Andalucía, además, su excesiva identificación con el poder y ciertas formas de clientelismo no les han beneficiado. En general, hoy se ve a los sindicatos como estructuras ancladas en el pasado, con dirigentes poco cualificados y excesivamente burocratizados, incapaces de defender los intereses de los trabajadores, entre otras cosas porque éstos se han diversificado hasta el extremo de formar un caleidoscopio de difícil manejo.

Sin embargo, el mundo necesita más que nunca a agentes que defiendan a los trabajadores de unas corporaciones transnacionales cada vez más anónimas e irresponsables con su entorno social. El gran reto de los sindicatos es saber evolucionar y dar respuesta a unos tiempos que ya nada tienen que ver con los siglos XIX y XX que los vieron nacer.

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