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El Gobierno pagará dos veces por la estabilidad

No deja de ser paradójico que la estabilidad del país y los Presupuestos sigan dependiendo de un partido nacionalista

No deja de ser una preocupante paradoja que la estabilidad del país siga dependiendo de un partido nacionalista, cuyo objetivo final no coincide con el de la generalidad. A pesar del supuesto fin del bipartidismo, seguimos teniendo un Gobierno central cuyos Presupuestos dependen de los votos nacionalistas -hoy, los del PNV, y ayer, los de Convergència i Unió-. El PNV ha ligado la aprobación de las cuentas públicas al final de la intervención estatal de la Generalitat, pero esto es un asunto que no depende del PP -ni del PSOE ni de Ciudadanos-, sino de la voluntad de quienes se alzaron contra la Constitución. Si ERC y el PDeCAT no han elegido ya a un presidente se debe a que ambos partidos siguen actuando bajo el interés de Carles Puigdemont. Es posible que la extradición del ex president, que se decidirá en los próximos días, resuelva la investidura, pero mientras tanto el PNV sigue sacando rédito económico a esta circunstancias hasta un extremo que causa sonrojo. Casi sin pedírselo, el Gobierno acaba de doblar en el proyecto de Presupuesto la inversión que tenía prevista en el País Vasco: no serán 385,7 millones de euros, sino 509 millones. Mariano Rajoy trata así de seducir a sus aliados, de aflojar esa negativa de sus cinco diputados a votar las cuentas. Pero el Gobierno ya ha pagado este apoyo con anterioridad. Con motivo de la aprobación de los Presupuestos de 2017, que se produjo a mitad del ejercicio anterior, el Ejecutivo destinó bastante dinero para invertir en infraestructuras pendientes, pero además resolvió un nuevo concierto fiscal con un cálculo del Cupo (la cantidad que esta comunidad paga al Estado) claramente beneficioso. La inversión prevista en las cuentas de 2018 era una prolongación de ese primer compromiso de 2017, pero ahora se mejora con otros 120 millones de euros. Esta lluvia de inversiones y, sobre todo, el cálculo del Cupo no hacen más que agravar la asimetría de facto del país. La comunidad vasca está muy bien dotada de inversiones y, además, cuenta con dos instituciones autónomas -diputaciones forales y gobierno- con pulmón financiero suficiente porque disponen de toda la recaudación de los impuestos que se cobran en el territorio. Pero más allá del trato de favor de estos años, que pudiera considerarse coyuntural, a España le pesa que los dos grandes partidos constitucionales no sean capaces de pactar unas cuentas en una situación excepcional, que es la que vive el país a causa de la deslealtad mostrada por otro partido al que en su día también se le consideró como un aliado del Estado.

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