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Una hermosa palabra

Anne Hidalgo nos dijo en Cádiz que "la educación es la primera etapa de la libertad"

El I premio Federico Joly ha tenido un acierto de dimensiones proféticas al recaer en Anne Hidalgo, alcaldesa de París, nacida en San Fernando. Méritos personales y circunstanciales (si me permiten el desdoblamiento orteguiano que explicaré después) tenía de sobra, pero es que, tras el firme apoyo de Francia a España durante estos últimos meses de crisis de Cataluña, que el jurado no pudo prever en su día, ha sido también un premio cargado de oportunidad política. Ahora se entregaba en el momento exacto, porque los premios pegan a toro pasado y todos teníamos la sensación de que el mayor peligro del secesionismo pasó.

Por eso, aunque hubo menciones al monotema, no fueron únicas. Anne Hidalgo habló de "los nacionalismos estrechos y sin sentido", que resultaban, en efecto, muy estrechos para ocupar una noche tan ancha y honda. Se destacó el mérito personal de esta inmigrante que se hizo francesa para terminar siendo una figura fundamental de la política de la República. Ese es su mérito suyo de su yo. Pero también se habló de su circunstancia, y Pedro Pérez-Llorca ponderó la importancia del sistema educativo de excelencia que cooperó al prodigio. Hidalgo recogió el guante con una definición perfecta: "La educación es la primera etapa de la libertad".

En un ambiente distendido y emocionado, por fin, podíamos dedicarnos a lo importante: el esfuerzo y la educación, la literatura, la Historia, la vocación política… Incluso hubo un instante para la intrahistoria, y la velada se puso íntima como una lágrima. Agradeciendo el premio, al dedicarlo, la alcaldesa de París habló de su marido, que tanto -dijo- la soporta; y precisó: "Soportar, esta bella palabra".

Bellísima, y yo no lo sabía. "Soportar" implica llevar con paciencia, que es una de las virtudes cardinales, nada menos, y es un ingrediente de todo amor de largo alcance, pero a la vez, a los oídos franceses de la alcaldesa, "soportar" debe de ser dar apoyo, sostener, elevar. Hay mucho amor vivido, real, en marcha, en ese "soportar" irónico, desdoblado, sincero, humilde y reversible.

Yo estaba preparado para el reconocimiento personal y para la resonancia política del acto. De regalo me encontré -dónde menos y, sobre todo, cómo menos me lo esperaba- con una vibración poética. Anne Hidalgo confesó que ser útil es una obsesión suya. ¡Y vaya si lo fue! Nos dio, como si nada, una inolvidable lección amorosa y conyugal.

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