Editorial

Las entrañas del terror

LA lucha institucional y judicial contra la organización terrorista ETA dio ayer un gran paso adelante con la sentencia de la Audiencia Nacional que condena a 47 acusados por pertenencia o colaboración con banda armada. Este macroproceso, en el que han estado sentadas en el banquillo 52 personas, tuvo también un récord de duración: se celebró desde noviembre de 2005 hasta marzo de 2007, lo que da una idea de la envergadura y complejidad de la cuestión juzgada. El macrosumario estaba contenido en doscientos mil folios. Lo que se dilucidaba en el juicio era si diversas organizaciones del radicalismo vasco pueden ser aceptadas como colectivos independientes de la banda terrorista ETA, aunque coincidan con sus planteamientos políticos, o si, por el contrario, constituyen meras ramas auxiliares de aquélla, subordinadas a la cúpula terrorista y fieles a sus órdenes. En este sentido, la Audiencia Nacional ha sido tajante: agrupaciones como Kas, Ekin o Xaki y medios de comunicación como Egin forman parte de las "entrañas" y el "corazón" de ETA -palabras textuales de la sentencia leída ayer entre altercados provocados por los reos- y, por tanto, no son distinguibles de las actividades armadas de la banda, a cuya realización y difusión contribuyen. Sus actividades estaban dirigidas, según los miembros del tribunal, a lograr una acumulación de fuerzas en apoyo de las actividades específicas de los etarras. Sus integrantes formaban parte de los aparatos político, internacional y mediático creados por la banda terrorista para activar su lucha en todos los frentes públicos a su alcance. La sentencia es importante por reveladora del funcionamiento de una organización terrorista que tiene ya tras de sí cuarenta años de trayectoria y muchos cientos de víctimas. No es la primera vez que la Justicia procede al levantamiento del velo sobre la parte oculta de esta banda criminal, es decir, aquellos sectores que, al amparo de una legalidad democrática muy generosa, disfrazan de actuación política o social legítima lo que no es más que el ejercicio de la obediencia a la estrategia marcada por quien ha mandado siempre en ETA: el aparato militar. Sí es la ocasión en que la verdad judicial sobre el entorno de ETA alcanza una dimensión tan vasta y detallista.

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