La ciudad y los días

Miguel Alberto Díaz

El otro cumpleaños

AHORA que se celebra el cumpleaños de célebres personajes y se conmemoran hechos históricos, permíteme, amigo lector que te hable de un hombre sencillo y coherente, de un obrero, que hizo de su vida un ejemplo para muchas generaciones.

Hablo de Marcelino Camacho Abad que, en pocos días, cumplirá sus 90 años y que nunca se ha limitado a ver los toros desde la barrera, sino que siempre estuvo en la arena, cerca, en primera fila, de los grandes acontecimientos que se han vivido en la historia reciente de este país.

Luchó en la Guerra Civil y fue condenado a trabajos forzados en Tánger. De allí escapó y se exilió en Orán (Argelia). Paradojas del destino, allí tuvo la suerte, la tremenda suerte, de conocer a la que sigue siendo su compañera del alma: Josefina Samper.

Tras el indulto, comenzó a trabajar en el sector del metal, fue fundador de las Comisiones Obreras y se infiltró, junto a otros, en el Sindicato Vertical para, desde dentro, provocar los cambios que la dictadura negaba.

Pasó, desde 1967, nueve años en Carabanchel y, el día que recuperó la libertad, pronunció esa famosa frase de "ni nos doblaron, ni nos doblegaron, ni nos van a domesticar".

También fue condenado en el Proceso 1.001 a 20 años de cárcel, siendo elegido en 1976, asimismo por 1.001 delegados y delegadas, secretario general de Comisiones Obreras. Consiguió un escaño en las Cortes Generales por el Partido Comunista, etapa esta parlamentaria que abandonó, haciendo gala de su coherencia, para garantizar la independencia de la organización sindical.

Encabezó grandes movilizaciones y huelgas generales en defensa de unas pensiones dignas, de planes de empleo, contra las reestructuraciones salvajes que pendían como la Espada de Damocles sobre los trabajadoresý

Entre otras distinciones, tiene en su haber la Gran Cruz del Mérito Civil, la Orden del Mérito Constitucional y la Medalla de Oro al Mérito en el Trabajo y fue nombrado Doctor Honoris Causa por la Complutense de Madrid.

Marcelino ha vivido como ha pensado y ha pensado como ha vivido y, en estos tiempos en los que todo el mundo se apunta los méritos de la Transición, sería bueno que hiciéramos examen de conciencia y viéramos en el compañero Marcelino y en muchos trabajadores el ejemplo de lo que es el compromiso con la justicia social y las libertades.

Hoy sigue comprometido con su tiempo, en un pisito de apenas 60 metros del barrio obrero de Carabanchel Bajo, pensando cómo seguir incomodando a todo aquel que le niega el pan y la sal a la clase humilde, a los necesitados.

Desde mi admiración a su trayectoria vital, desde el torpe intento de emular su lucha, este alumno siempre verá al metalúrgico, al obrero de la vida, al que, como el acero, lo podrán romper, pero nunca doblarlo.

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