En tránsito

Eduardo Jordá

La boutique

SI a alguno de mis dos abuelos le hubieran dicho, cuando era un niño que no podía ir colegio por falta de recursos, que algún día se les daría dinero a los estudiantes sólo por el hecho de estudiar, habría pensado que le estaban tomando el pelo. Pero la idea, por descabellada que pueda parecer, ya empieza a ser tomada en serio. Una de las componentes del comité de sabios de Zapatero la ha propuesto sin ningún rubor. Y lo peor de todo es que, tal como están las cosas, esta idea podría ser anunciada en cualquier momento por un candidato del PP. Con tal de ganar votos, los políticos están dispuestos a subvencionar hasta el simple acto de respirar. Dentro de poco, alguien estará dispuesto a subvencionarnos una romántica noche de amor.

Gore Vidal contaba en uno de sus ensayos, escrito en 1988, que un ministro japonés había anunciado que en el siglo XXI Japón seguiría siendo el número uno de la economía mundial, mientras que Estados Unidos sería su granja y Europa su boutique. Gore Vidal repitió la profecía en una conferencia que dio en Moscú. Un ruso, intrigado, se puso en pie y le preguntó: "¿Y qué dijo de nosotros?". Vidal le contestó que el ministro japonés ni siquiera había mencionado a los rusos, pero que si no espabilaban, terminarían de monitores de esquí.

Ahora, cuando estamos ya en el siglo XXI, podemos comprobar que el ministro japonés sólo acertó en su profecía sobre Europa, porque todo el mundo -menos los propios europeos- sabe ya que Europa no es nada más que una boutique. Pero ni Japón es el número uno de la economía mundial (ahora lo es China, y dentro de poco le seguirá la India), ni Estados Unidos es su granja (sino un cuartel general con un ejército cada vez más vulnerable y desorientado), ni tampoco los rusos han terminado de monitores de esquí. Lo único indiscutible es que Europa se ha convertido en una mezcla de boutique y parque temático (y estadio de fútbol), como podrá comprobar cualquier espectador imparcial de nuestros telediarios. Y nuestra función es la de aparecer como figurantes a los que nos subvencionan -de momento- por pasear por las calles y sonreír y actuar de europeos (es decir, de seres un poco anticuados, cínicos, decadentes, descreídos y algo inmorales), a la espera de que lleguen los nuevos dueños del mundo a imponernos a patadas sus nuevas reglas y sus nuevos horarios laborales (¡cinco días de vacaciones al año!).

Eso sí, hasta que llegue ese momento, todos nos lo pasaremos muy bien. Si los estudiantes no quieren aprender nada más que cotilleos y sólo quieren ver partidos de fútbol, no pasa nada. Al fin y al cabo, para el papel de maniquí de una gran boutique lo único que se necesita es saber estarse quieto. Pensar, lo que se dice pensar, no hace mucha falta.

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