Vaya limpieza

Una regeneración de lo más extraña e irresponsable que sólo produce cansancio

Yo me creía que estos últimos años iban a ser apasionantes. Que era una suerte tener una columna donde poder comentar y reflexionar sobre la salida de la crisis y la recuperación, soy optimista por necesidad, de todo aquello que creíamos temporalmente perdido. Intuía que las múltiples burbujas, inmobiliarias, económicas y políticas, nos habían hecho vivir en un espejismo hortera de bonanza, riqueza e inmoralidad pero que ahora venía lo bueno. Pensaba que estábamos de limpieza profunda, ese momento de depuración y ejercicios espirituales que debiera hacernos mejores. Todos hablaban de regenerar y yo, lo confieso, me dejé llevar por ese canto de sirenas y me creí el propósito de enmienda del que todos hacían gala.

Pasa el tiempo y nada cambia, o cambia al modo de "El Gatopardo" para que todo vuelva a ser lo mismo sólo que más vulgar. Cambia pero a peor. Tan a peor el desconcierto es unánime. Ahí está Trump, para enfervorizar el patriotismo más temerario de los americanos, el brexit tambaleando a la ya debilitada Europa, ahí la extrema derecha, para eliminar sin hipocresías a los refugiados y la extrema izquierda populista, para quitar la misa de domingo a los viejos y quitarse las novias entre ellos (vaya revolución) y los tres candidatos del PSOE, para descuartizar el partido. Y Rajoy, para que nada nos turbe ni nos espante, por más que Cataluña quiera romper esta España aletargada y harta de monsergas de unos y otros. Una regeneración de lo más extraña e irresponsable que sólo produce cansancio.

Cómo estará la cosa que han tenido que volver a recurrir a la bragueta del viejo rey para distraer al personal. Las amantes archiconocidas, los micrófonos ocultos y los múltiples chantajes a los que se ha visto sometido. A mí me llama mucho más la atención la evolución en la manera de expresarse del actual rey, moviendo las manos, expresándose como mandan los cánones comerciales actuales, sin solemnidad ni distancia alguna. Están consiguiendo lo peor para una monarquía, ser invisibles y grises en su quehacer diario como si les acomplejara la corona que les justifica. No son políticos, ni maniquíes, ni personas anónimas. Son reyes hoy, como El Quijote fue hidalgo caballero, en un tiempo que ya no es ni de reyes ni de novelas de caballería. Es tiempo de políticos peligrosos, de independentistas crecidos, de socialistas suicidas, de populares inertes. Menuda limpieza.

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