Gafas de cerca

José Ignacio Rufino

jirufino@grupojoly.com

Y Torra fue Adán

Entre intelectual y apóstol, Quim Torra promete todo parabién y hasta milagros con su República

Es normal que estemos agotados con los sucesivos capítulos de la serie que, in pectore, lidera el ranking de audiencia en toda España, El procés, VI Temporada: va para seis años que el independentismo catalán se lió la manta parlamentaria a la cabeza bullente de patriotismo, de ladrones españoles y de la necesidad de echar tierra sobre una corrupción institucional crónica que hace de Cataluña un sitio muy español. En septiembre de 2012, el Parlamento de Cataluña aprobó la realización de un referéndum por el "derecho a decidir", un eufemismo hábil y astuto que dulcifica su esencia de ruptura de un territorio español con el resto del Estado y consigo mismo, creando dos Cataluñas. Durante este largo y tortuoso camino, una actitud bastante generalizada entre políticos y analistas ha sido la de asegurar una y otra vez el fracaso del embarque independentista, cuyos supuestos y sucesivos naufragios eran la otra cara de la victoria del Estado de derecho y la legalidad. Repetir esto una y otra vez es equivocado: el procés está vivito y coleando. La apuesta rupturista y unilateral está tan viva o más que hace seis años. Anunciar la derrota una y otra vez es un soniquete que muchos nunca acabamos de creer.

El nuevo proyecto de president, Quim Torra, lejos de abrir espacios al diálogo y a la negociación, ha dejado claro desde el principio que él va a lo que va: a seguir el mandato de su pueblo, a declarar la República más pronto que tarde, y no para repetir la táctica de declararla y anularla simultáneamente del último 10 de octubre. Quim es un apóstol, un soldado: su encomienda es histórica, no dará marcha atrás. No parece más moderado ni respetuoso con la ley que el catalán errante que lo precedió. Y como buen nacionalista, en su discurso de ayer reinventó la historia, o mejor dicho declaró que iba a hacer un montón de cosas nuevas, como si no se hubieran hecho, avanzado o intentado hacer nunca antes. Prometió, punto por punto, convertir a Cataluña en la arcadia mediterránea tocada por la unidad catalana de destino. Todo, anunció, va a ser logrado con la nueva República Catalana: inmigrantes, acogida de refugiados, economía, sostenibilidad, género, LGTBI, desigualdad, ecología, educación, sanidad, infraestructuras, cultura, defensa del consumidor… y todo lo que haga falta. Adanismo en estado puro: lo viejo queda atrás, lo nuevo está por delante. Adelante, a por la libertad, con Torra guiando al pueblo. Esperemos que no se saque un pecho como la Libertad del cuadro de Delacroix. Eso ya sería demasiado.

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