El mástil

Pepe Marín / Josemarindiaz@sms.com

Plácido himno

PUES a mí tampoco. Desde que saltó a los medios la letra del himno nacional, no he podido resistirme. Más allá de la información o las reacciones de políticos -ya andan tirándose a la cara peperos y sociatas que si te gusta por facha, que si a ti no porque no eres patriota-, donde está la salsa es en las opiniones de los lectores de los periódicos digitales, donde el español de verdad deja sin edulcorantes ni colorantes sus valoraciones.Y hay auténticas perlas. La mayoría ve una patochada que nos compliquemos la vida acoplándole letra a algo que no se concibió con ella. La Marcha Real que desde hace dos siglos se utilizó para recibir con pompa al jefe del Estado, empieza con un chunda chunda que repele palabras, y aunque Pemán se atrevió, a la mayoría nos parece que nunca tuvo sentido, y si en décadas no tuvo aceptación, por algo sería. El pueblo es sabio, y acepta o rechaza imposiciones, desde leyes antitabaco a dictaduras, con extraordinaria eficacia, aunque tarde 40 años. Por eso aunque el COE nos venda a Plácido Domingo para darle carácter y oficialidad, la letra tiene un tufo a Torrente que no pasa los controles, y menos en unos días donde todo se mira con lupa. El momento no es el adecuado, pero la cosa va mucho más allá. Hasta las feministas lo han tildado de machista y sobrado, por no hablar de los progres enquistados, que no aceptarían nada que no fuera del estilo "Pluraaal Espaaaña, talante de culturas, país acooogedor, laico y conciliadooor.." . Y así, cada uno tendría su versión, a cual más hortera, reivindicativa o patriota. Así que cuando la Roja, Rafa Nadal o los Gasol se cuadren en un estadio, tendrán que tatarear en vez de abrir la boca. Alternativas: seguir a Manolo el del Bombo cuando grite "¡España, pum, pum, pum!", o el "¡A por ellos, oeeeee!", que ya es bastante. Para letras, la hipoteca.

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