¡Oh, Fabio!

Luis Sánchez-Moliní

lmolini@grupojoly.com

¡Manda huevos!

Federico Trillo fue un funesto ministro de Defensa y un parlamentario muy por encima de la media, por lo menos de la actual. También un decoroso inquilino de la elegante Embajada de España en la Gran Bretaña, una de las joyas históricas de nuestro servicio exterior, de la que tuvo que salir después de que el Gobierno decidiese admitir toda la verdad sobre el ominoso asunto del Yak-42. Pero, sobre todo, el de Cartagena fue un generoso surtidor de esas anécdotas a las que nos agarramos los plumillas -traperos de la actualidad- para amenizar la lectura del respetable. Una de la más celebradas fue su "¡Viva Honduras!" frente a una formación de militares salvadoreños. Otra, la que hoy nos interesa, se produjo en su época de presidente del Parlamento, cuando exclamó un sonoro "¡Manda huevos!" ante la intrincada redacción de una enmienda que se sometía a la consideración de sus señorías.

La expresión -que nada tiene que ver con la hoy denostada anatomía varonil, como muchos creen, y sí, al parecer, con una peculiar evolución de la voz latina opus- se nos viene a la cabeza después de unos días en los que la clase política española ha vuelto a dejar claro que, lejos de haber iniciado su regeneración -como nos prometió a los españoles durante la crisis-, sigue en su empeño de convertirse en un auténtico lastre para el país. Para nuestro alivio, España se parece cada vez más a Italia, con una sociedad y una economía dinámica que está aprendiendo a vivir y a funcionar al margen de los maremotos políticos.

La regeneración política está siendo un burdo fraude. Manda huevos, por ejemplo, que Cifuentes siga actualmente en su sillón y que se permita la chulería de renunciar a un máster que ni ella ni la Universidad Rey Juan Carlos pueden demostrar que cursó; o que dos expresidentes de la Junta de Andalucía digan que no sabían absolutamente nada de cómo se gestionaba la manta de millones que nos llegaba de Europa. Manda huevos, también, que entre unos y otros se permita al PNV paralizar los Presupuestos Generales del Estado como forma de apoyar a los que intentaron derribar el ordenamiento constitucional durante aquellos aciagos días de octubre; o que el ministro Montoro, por un mero prurito de empollón, se niegue a reconocer la evidencia de que se ha dedicado dinero público al procés y dé alas así a la propaganda independentista... Por no hablar de Podemos y sus luchas de poder. Pero, sobre todo, manda huevos que sigamos votando a esta "tropa", como la definiría el difunto Romanones, probablemente un ejemplo a seguir para muchos de los políticos actuales.

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