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Cambio de sentido

'Generación Z'

A pesar de todo, la generación más joven resiste, aprende, cuestiona, goza, lucha. Que no es poco

Generación Z. Así han denominado a la gente más joven, la nacida entre 1995 y 2012. No son ni millennials, las criaturitas; Z, los llaman, como las pelis bizarras y la última letra del abecedario. No suena halagüeño, ni a buen agüero. Después de la Generación Z, pareciera que llega la extinción. (O quizá engendremos, después de ellos, a chaveas clase A como los coches, los huevos y los frigoríficos buenos).

Las gentes de la Generación Z -leo- son impacientes, individualistas, asociales, prefieren amistades virtuales, están enganchados a lo digital. Como sucede con los millennials, de sus rasgos a menudo se destaca lo peor. No es nada nuevo; desde antiguo -válgame Aristófanes- es propio de Estrepsiades poner a caldo a su Fidípides, que gasta melena y ruedas de un tiro de caballos. Los espíritus avinagrados siempre recelan de la chavalería -en especial de la que les desobedece- y destacan sus deméritos.

Durante una semana, he tenido la suerte de convivir, noche y día, con cerca de 40 jóvenes andaluces de entre 10 y 20 años. Ha sido en la Escuela de Escritores Noveles que cada verano organiza el Centro Andaluz de las Letras, y a la que fui para impartir las clases de poesía. He conocido a zagalas y mozuelos procedentes de ciudades, pueblos, clases y familias muy distintas, cada cual hijo de su madre, a quienes une la pasión por la escritura. Lo que mis ojos han visto son ganas, dudas, manos abiertas, miedo y osadía, disidencia, respeto, ternura, muchachas soberanas de su cuerpo, hombres nuevos que saben llorar, gentes tan jóvenes como conscientes de sus derechos -cosa que tanto molesta a algunos-, responsables de sus actos y que saben que la libertad ni se compra ni se hereda.

Podrán ustedes decirme que he tenido suerte, que es una minoría, que la juventud de hoy es adocenada, despótica, machista, infame. Está claro que hay de todo. Lo que no parece que tengamos tan claro es la parte de responsabilidad que tenemos sobre los problemas de los más jóvenes. La GeneraciónZ en España es pura y trémula resistencia. A pesar de los embates de la crisis, los constantes cambios en la educación, la videovida, las señales de Prohibido jugar, los horarios laborales de sus padres, las confusas instrucciones todo el rato, y los colmillos de cristal del mercado, que sólo ven en ellos consumidores netos; a pesar de todo ello, nuestra generación más joven resiste, goza, cuestiona, aprende, lucha. Que no es poco. Ánimo, primores.

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