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Crónica Levantisca

Juan Manuel Marqués Perales

jmmarques@diariodecadiz.com

Facha muerto

La bandera española en sus ridículos tirantes fue la pena de Víctor Láinez. Como Mariana Pineda. ¿O no?

Hace cuatro años el festival de cine de mi ciudad entregó un premio al documental Ciutat Morta, el jurado popular de Alcances así lo decidió. La película impacta, lo admito, su relato trata de averiguar por qué se suicidó una chica durante un permiso penitenciario: Patricia Heras, una de las dos condenadas por la agresión a un guarda urbano de Barcelona en el año 2003 durante la desokupación de una casa en Sant Pere Mes Baix. La cinta señalaba una doble conspiración: la de los agentes y jueces para culpar a dos chavales comprometidos por una causa social y la de un elenco de empresarios y políticos para quedarse con el pastel inmobiliario de Barcelona. La alcaldesa Ada Colau llevó la cinta al Tribunal Superior de Justicia de Cataluña en 2015 para que considerase la condena de prisión al único de los encarcelados, Rodrigo Lanza. Y el Ayuntamiento le dio otro premio, aunque los cineastas fueron a la entrega pero no lo recogieron: dejaron a Xavier Trías colgado con una B escultural.

Lanza, el joven okupa, pasó algo más de cuatro años en prisión por haber dejado lisiado a un guardia de Barcelona. Según la condena, le dio dos pedradas. Pero el citado documental quiere demostrar que nadie se queda parapléjico de ese modo, así que el tal Rodrigo Lanza se convirtió en un icono de los antisistemas; por su caso se interesó Pablo Iglesias y la Alcaldía podemita de Zaragoza lo acogió en su ciudad porque, al salir de prisión, le convenía quitarse de en medio de Barcelona.

Pero con quien se encontró el tal Lanza fue el fin de semana pasado con Víctor Laínez, un motero de 55 años, al que le gustaba la Legión, el relato sacromilitarote de los templarios y, al parecer, la Falange; escribo al parecer porque la organización lo ha dado por militante aunque no figura en sus listados. Laínez salió con un amigo y dos amigas más por Zaragoza con un par de tirantes con la bandera de España. Sus amigos se habían reído con él por la ocurrencia, más por la ridiculez de unos tirantes que por la bandera. Pero se cruzó con el tal Lanza, el okupa, el chico supuestamente represaliado y torturado. ¡Facha! Menos los seguidores del huido de Bruselas y de lady Procés, en España todos somos fachas, aunque éste quizás lo era. ¿Y? El pobre hombre, el de los tirantes, se marchó del local de copas, optó por lo razonable, pero Lanzas le persiguió y, según recoge la autopsia, le dio dos fuertes golpes por detrás. A traición. Después lo remató en el suelo y le dejó varias vértebras rotas. La bandera fue su pena, como Mariana Pineda. ¿O no?

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