Bajezas

Me pregunto por qué Belén Esteban tiene ese altavoz tan grande

Sólo Rafa Nadal nos salva. Otros dirán que Contador o el equipo de baloncesto, que también arrasan. Pero, a ganar con esfuerzo, a perder con grandeza, a ser el número uno sin dejar de ser normal, a ser mítico de verdad, sólo nos enseña Nadal. No sé cuántos niños habrán cogido una raqueta después de verle, cuántos no nos hemos venido abajo ante un contratiempo de la vida porque lo hemos aprendido de él, a cuántos la gloria de un triunfo se ha vuelto antes que nada un reconocimiento al contrincante, cuántos lo sentimos ya de la familia, aquel pariente que nunca deja mal y del que poder presumir por generaciones y generaciones.

Lo demás en España es bochornoso. Este fin de semana se han disputado la notoriedad, Belén Esteban por contar lo que le había dicho una enferma en una conversación telefónica y los políticos independentistas que dicen hablar en nombre de una Cataluña también enferma y manipulada. En la tele y en los periódicos no se habla de otra cosa. Hasta el terremoto de Méjico y el huracán más devastador que se recuerda han perdido fuerza ante esas dos bajezas morales.

Me pregunto por qué Belén Esteban tiene ese altavoz tan grande y una cámara siempre a su disposición para no decir nada o dar lecciones de ordinariez hasta que se rompa el juguete televisivo en que se ha convertido. Por qué los independentistas tienen todo el espacio necesario para difundir sus despropósitos y alardear de saltarse la ley. Por qué la gente normal, la que quiere vivir en paz, la que de verdad sostiene a la nación española, hoy por hoy la única que existe, por qué, digo, tiene que soportar esta invasión de basura. Muchos dirán que Belén Esteban es un negocio muy rentable y que vivimos en una sociedad democrática en la que tenemos cabida todos, incluidos los que se saltan la ley. Con ser verdad esos motivos, no son excusa suficiente para regalarle todo el espacio de los medios de comunicación a cambio de sus intervenciones. También el tráfico de drogas es rentable y no se promociona de esa manera. Lo cierto es que le hemos regalado nuestro espacio gratuitamente. Pero quiero creer que España no es tan soez como Belén ni tan independentista.

Recurrir a la justicia ha sido una solución tardía porque el daño, como casi siempre que actúa la justicia, ya está hecho. Tendremos que tragarnos un estado federal publicitado como mal menor para reconciliar una vez más a los españoles. Al tiempo.

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