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RELOJ DE SOL

Joaquín Pérez Azaústre

11-S + 10

EL último fulgor de las dos torres, su crujido final sobre una arena gris. Hemos visto de nuevo las imágenes como un goteo continuo en la retina, desde todos los ángulos posibles, de esas planchas altas, verticales, metálicas de luz, bajo el cielo rotundo de su última mañana. Después, los impactos y la consternación, la llamada a los bomberos y a los policías neoyorquinos que no estuvieran en activo aquel 11 de septiembre, hace ahora diez años, para que se desplazaran hasta el World Trade Center, o lo que quedaba de él. Luego, las palabras de George W. Bush y el inicio de una nueva era en la política antiterrorista: Afganistán, con mandato de la ONU, y también Iraq, sin mandato, pasando por la ilegalidad continua de la cárcel de Guantánamo y esa conversión de cualquier aeropuerto en un principio de desconfianza. Asumieron el luto y el dolor, para después convertirlo en la prolongación de lo que siempre habían hecho.

Desde entonces, han sido muy pocas las voces autocríticas, en EEUU, con su política exterior, antes y después del atentado. Noam Chomsky deja a un lado la filología para adentrarse en la lógica semántica de los acontecimientos, en una nueva edición de su libro 11-09-2011 ¿Existía alguna alternativa? (Nueva versión ampliada y revisada tras el asesinato de Bin Laden), y acaba preguntándose, una vez cuestionadas todas las decisiones bélicas tras el atentado, si EEUU, hoy, es un país más seguro. Que la tragedia fue eso, una tragedia, y que la imagen dura de todos esos hombres saltando hacia el vacío tras el fuego -El hombre del salto, novela de Don DeLillo-, y también esa lista de víctimas dolientes, como una letanía, son aún una herida en cualquier conciencia, no es objeto de duda. Sin embargo, estos días, cuando se recuerda la catástrofe, nadie responde la pregunta de aquella neoyorquina, delante de las cámaras y entre lágrimas: "¿Por qué nos odian tanto?". Al parecer, exceptuando a algunos analistas como Chomsky, nadie se preocupó de responderle, cuando quizá sea la clave, o una de las claves, del 11-S, junto con el fanatismo medieval del extremismo terrorista islámico.

"Pero, ¿por qué nos odian tanto?". ¿Por qué les odian tanto? ¿Puede tener que ver con la política exterior de EEUU desde la Guerra Fría? ¿Con la intervención de la CIA en la desarticulación, vía golpe de estado militar, de varias democracias en Hispanoamérica? ¿Con su política en Oriente Medio? Existen varias formas de terrorismo, y con el 11-S EEUU sufrió, sangrante, el terrorismo pasivo. El activo, por medio de acciones militares injustificables, así como su apoyo a unos cuántos regímenes dictatoriales corruptos, pudo haber sido un germen. Guantánamo, con su limbo jurídico, sigue siendo otro monumento a las víctimas de la impunidad estadounidense. Diez años después, no parece que abunde el examen de conciencia.

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