¿Y a usted, le atienden?

Pedro / Caballero- / Infante / Caballeroinf@hotmail.com

¿Atleta?

DON José viene observando desde hace tiempo cómo Bollito, su amigo el bailaor, renquea cada vez más. Hoy, sin necesidad de entrometerse, la ocasión la han pintado calva.

Aurelio y su nieto, que arrastra un carricoche que le han traído los Reyes, han entrado en la farmacia. Bollito, al ir a saludarlo, se ha enredado con el cordel que tira del juguete y de la camballada ha tirado al suelo el expositor de potitos.

-Bollitoý, ca vé anda más malamente. ¡Le ha esgobernaoustéer carrito ar niño! ¡Paese un moro mojao en alquitrán!

-¿Entoavía me va echá las curpa?, ¡coño! ¡Yo creo quésargo!

Don José pone paz y aprovecha el paréntesis para preguntarle a Bollito por su creciente cojera y éste le contesta, con su irresponsable optimismo, que está muy bien:

-Lo que pasa es que hoy traigo los sapatoemprestao. Son der Mani.

-¿De Armani?..., ¡no te jóe! ¿Cuándo ha ío usté a Italia?

Aurelio se va por un momento y el viejo confiesa que su economía no es muy boyante y que un antiguo compañero de artisteo, al que las cosas le han ido bien en los últimos años, le regala, de vez en cuando, ropa y calzado.

-Entonces, ¿estos zapatos no los has comprado tú?

-¡Qué va! ¿No ve usté la categoría der sapato?

-¿Son de verdad de Armani, italianos?

-Son de mi amigo Germán, ar que llamamo erMani desde chico.

-¡Acabáramos!

El boticario pregunta, para comprobar si esta forma de andar va más allá de una simple rozadura, y las respuestas coinciden con su presunción patológica.

-Quítate los zapatos.

-¿Los ?

Aurelio, que ha entrado de nuevo, dice:

-¡Menos que te has quitao uno! ¡Qué barbariá!.... Te funguelan los pinrele hasta en un retrato.

El farmacéutico observa una infección interdigital con maceraciones y grietas.

-Pero hombre de Dios. ¿No te duele o al menos te pica?

-Muchas vese... pero... ¡qué le voy a jasé! Si con er barrigón que tengo no me pueo agachá y no tengo a nadie que me ayude.

Confesiones como éstas son las que llegan al alma del boticario y lo integran en los problemas sociales de sus vecinos. Él sabe que Bollito, desde que dejó de taconear por esos pueblos de Dios, sólo convivió con Teresita, que murió hace más de cinco años y desde entonces su habitual descuido en el aseo se ha ido agudizando al quedar en la más terrible de las soledades.

-Para empezar tienes que tirar estos zapatos, porque uno de los motivos de infección es el uso de calcetines o calzados de otras personas.

El boticario, camino de la estantería, recuerda que hace poco le han presentado una pomada para esta dolencia con la novedad de que se aplica una sola vez y los efectos perduran en la piel hasta 13 días. Feliz con el hallazgo, que evita tantas flexiones innecesarias al anciano, le explica cómo ha de ponérsela.

-¿Y cómo se llama lo que tengo?

-¡Pie de atleta!

La carcajada de Bollito le tembletea la papada.

-¿Asleta, dise usté? ¡Si yo no ha corrío ni pá cogé monea de sincoduro!

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