Libro de Reglas

manuel gil

El Domingo de Pregón

Los dedos índices del Santísimo Cristo de la Buena Muerte apuntan hacia el camino de la redención con una luz de tiniebla. Pecado que se hace oración una semana al año. Una verdad tan infinita que sólo se aprecia en los hondos ojos de la Virgen de la Amargura, con su gente del mar en la eslora del costero, y coronada por el campanario más palmero de la Bahía. Balcón de palomas guardianas que custodian la Soledad más torera que yace tendida en el albero, siempre al regazo del hijo.

¡Qué bonito sería ser capellán de la hornacina de la Esperanza! Catarsis de Bravo Nogales, dulzura y belleza francesa, de la cuna más humilde nació la más alta nobleza. La del Dios interminable, el de la mirada perdida y el yugo de terciopelo bordado. ¡Qué noches de revuelo, una Virgen que mira al cielo, un romano y un sayón, en un cambio de costero! La Capillita de Europa rompe las puertas del tiempo y un blanco palio de maya arregla los azotes del pueblo.

Porque en Algeciras, las cofradías no suben a la gloria, bajan. Así somos de especiales. Como descienden al corazón de la ciudad un Cristo caído tres veces y un Mesías presentado por Pilatos. Así de especiales somos. Como la herencia que nos dejó María Cristina. Un olivar en el centro del caminar, en el que orar a la medianoche. Un lugar de ensueño y calma en el que hasta Santiago, Pedro y Juan, son capaces de echar la siesta más perdonada. ¡Tranquilos, no pasa nada! Santa Bárbara y sus tambores los levantan el Viernes Santo de recogida.

Que el final de la historia se dibuja en los cercos del agua, con 18 ciriales que hasta la pena se embarga; Cristo pasea muerto y amortajada por la Piedad de su causa. Y búsquenlo en salesiano de Domingo a Domingo, dónde todo empieza y acaba. Que el compás de ese pollino, con el izquierdo por delante, sólo lo puede calmar, el Apóstol Tomás, cuando toque las llagas, con sus manos al resucitar. Toda una vida a lo largo de sólo siete días que dijo el poeta y que envuelve el sentir y el clamor popular de toda una ciudad.

Perdonen la voltereta,

y la subida al ambón,

pero es Domingo de Pregón,

y hasta Dios se hace poeta.

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