Campo chico

Alberto Pérez de vargas

Adoptados con honor

Hijo Predilecto o Adoptivo, los títulos más importantes que otorga una Corporación

El día de mañana, más que una expresión recurrida para referirse al futuro, es una esplendorosa alusión al Pleno del Ayuntamiento de Algeciras. Porque mañana, el orden del día del Pleno, es tan grato que podrían dedicársele, a ritmo de loa, unas cuantas páginas del periódico. Puesto a quedarme con alguno de sus puntos, lo hago con la propuesta de nombramiento de Hijo Adoptivo de la ciudad a dos figuras de extraordinaria relevancia, lástima que una de ellas, José Ojeda Luque, haya fallecido y no pueda recoger un título que tanta ilusión le haría. José Luis Pavón Manso, señalado para la distinción junto al maestro Pepe Ojeda, es como éste, una de las figuras más sobresalientes de nuestra historia próxima. Apenas si hay espacio para referirse a sus trayectorias personales y profesionales, sobresalientes y hondamente ligadas a Algeciras.

De los dos he escrito en no pocas ocasiones. Con Pepe Ojeda accedí a la radio en un tiempo mágico, cuando tuvimos la fortuna de que llegara a la dirección de Radio Algeciras, Sergio González Otal, que también es Hijo Adoptivo de la ciudad. En cuanto a José Luis Pavón está en mi infancia y adolescencia. Su padre, Maese Pavón, al que el mío llamaba "Relojito", se detenía en el bar Los Rosales, entre Fillol y La Africana, después de tocarse con su boina y subir la cuesta de mi calle, la calle Real desde su puesto de relojería en la plaza. Como Pepe Saavedra, Pepe Mateos, los hermanos Ortega, Antonio y Reyes Benítez, Julio Alonso, Luis Silvestre, Luis Gutiérrez, Ángel Silva, Ofelio Custodio, Máximo Soto, Pepe Mera, Ramón Méndez y otros tantos hacedores de la Algeciras de la posguerra, se integraba unos instantes en aquella clientela irrepetible.

Hijo Predilecto e Hijo Adoptivo son distinciones equivalentes, las más importantes y entrañables que puede otorgar una Corporación Municipal. La primera se otorga a un vecino nacido en la ciudad y la segunda a quien sin haber nacido en el lugar, se quiere distinguir como si fuera uno de aquellos, incorporándolo con honor al paisanaje "a nativitate". Han de ser personas excepcionales, que no se han limitado a trabajar cumpliendo con su deber, sino que han entregado generosamente su tiempo, sus dones, sus habilidades y sus destrezas a la ciudad que los reconoce, contribuyendo al bienestar de sus gentes y a su buena imagen colectiva. No hay duda de que estamos ante ese tipo de personas de las que nos podemos sentir orgullosos. Y agradecer a Dios que las haya creado y dejado a nuestro lado.

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